Los componentes, envases, productos y materiales plásticos son versátiles, livianos, flexibles, resistentes a la humedad, fuertes y relativamente económicos. Estas “virtudes económicas” generalizaron su uso desde hace más de 60 años y durante casi todo este tiempo, muy poco se había investigado sobre los efectos negativos de su lenta degradación, consumo globalizado y terrible contaminación que alcanza ya niveles alarmantes.

Se calcula que actualmente el consumo mundial de plástico rebasa los 700 millones de toneladas anuales y llegará a mil millones para el 2021. Según estimaciones del Grupo Mixto de Expertos de las Naciones Unidas sobre los Aspectos Científicos de la Contaminación Marina (GESAMP), entre el 70 y el 95% de estos residuos se unirá a millones de toneladas ya presentes en mares, lagos, aire, ríos, aguas subterráneas, campos de cultivos, vertederos, ciudades y organismos vivos y, por supuesto, seres humanos.

La situación en los mares y las costas es terrible; desde hace 20 años, se han reportado evidencias de que ballenas, delfines, tiburones, tortugas, peces y aves marinas ingerían residuos plásticos. Los estudios recientes calculan que millones de animales de 267 especies perecen anualmente en los mares y costas por sus efectos contaminantes.

Enormes masas flotantes de plásticos siguen creciendo en todos los mares y lagos del mundo integrándose a corrientes, mareas, remolinos y vórtices, lo que hace todavía más complejo el problema.

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Sin embargo, los hallazgos impactantes son los que se refieren a la omnipresencia abrumadora, indetectable, desconcertante, expansiva y tóxica de micro-plásticos (partículas, perlas y fragmentos de apenas unas micras o milímetros de tamaño).

Estos materiales están en todas partes, incluyendo los polos y aguas profundas (más de 5kms bajo la superficie) y ya fueron encontrados como parte del fitoplancton, zooplancton, mariscos, aire, vida silvestre, agua para consumo, vegetales, carne, alimentos y hasta en la sal.

Una investigación realizada por la Universidad Médica de Viena y la Agencia de Medio Ambiente de Austria detectó nueve diferentes tipos de plásticos en muestras de orina y heces humanas de todo el mundo y ha demostrado que las partículas micro-plásticas pueden ingresar al torrente sanguíneo, al sistema linfático, riñones, intestinos e incluso al hígado; apuntando que los mayores riesgos son los que se derivan de uso de envoltorios y envases fabricados con plásticos.

Algunos investigadores reportaron ingestión de plásticos por las microfibras de la ropa, aire contaminado, consumo de peces, carne y hasta en algunos vegetales empacados. Otros han alzado la voz respecto de la polución plástica de las tierras agrícolas, ya que junto con los fertilizantes químicos están afectando irreversiblemente los suministros de agua, cultivos, productos y el medio ambiente.

Las nocivas consecuencias son más graves en niños, adultos y mujeres embarazadas; y han establecido relación con enfermedades cardiacas, respiratorias, diabetes, diferentes tipos de cáncer, disfunción eréctil e infertilidad.

Tanto la ONU como la Comisión Ambiental Europea, extendieron las advertencias pues menos del 30% de los materiales son biodegradables y ni siquiera en 10% del plástico se recolecta para uso final, mientras que el resto se descarga en vertederos, se deja en suelos y aguas o se quema, lo que agrava sus efectos dañinos.

El panorama es -al igual que muchos otros problemas globales- muy desalentador y hasta dramático: basta con observar el tiempo que se requiere para degradar:

  • Vasos de plástico unicel: 75 años
  • Cepillo de dientes: 100 años
  • Cajas de plástico: 400 años
  • Pañales desechables: 450 años
  • Botella de plástico: 450 años
  • Redes y líneas de pesca: 600 años

Las soluciones propuestas van desde el cambio tecnológico, nano-materiales, sistemas de reciclado, biodegradación, reutilización, pero igualmente dependen sobre todo de un cambio radical de cultura y comportamiento humano. Acciones contundentes se requieren en todos los niveles, individual, asociativo, gubernamental, legislativo, industrial, tecnológico, educativo, filosófico, nacional, regional e internacional.

Enormes tareas se requieren para organizar y activar una nueva mentalidad de consumo; procesos de adaptación y sanciones claras en temas ambientales.  La tarea es enorme, pero de ello depende la supervivencia y sustentabilidad del mundo.

Quizá no lo notes en tu salud diaria por el momento, pero los efectos son de largo plazo y se manifestarán tarde o temprano, la epidemia plástica nos invade, lentamente está llegando al límite soportable.

 

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