Habitantes de Hong Kong se manifestaron, debido a que han pedido al gobierno de China mayor democracia y libertad. Los mercados tomaron con calma el conflicto, esto es muestra del importante lugar que ocupa el comercio en esta zona del mundo.

 

Reuters

Manifestantes pro democracia de Hong Kong desafiaron el lunes los gases lacrimógenos y los golpes de los bastones de la policía para permanecer firmes en el corazón de este centro financiero global, en uno de los mayores desafíos políticos para Pekín desde la represión de la Plaza Tiananmen hace 25 años.

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El Gobierno comunista central dejó claro que no tolerará la disidencia y advirtió en contra de cualquier interferencia extranjera, mientras miles de manifestantes se preparaban para desafiar juntos una cuarta noche en esta ciudad de corte liberal y capitalista de más de 7 millones de habitantes.

“Hong Kong es el Hong Kong de China”, dijo de forma desafiante la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, en una conferencia de prensa en Pekín.

Los disturbios, los peores desde que China recuperó el control de la ex colonia británica en 1997, dejaron nubes blancas de gas flotando entre algunas de las torres de oficinas y centros comerciales más caros del mundo, antes de que la policía antidisturbios se retirara de forma repentina alrededor de la hora del almuerzo del lunes.

Decenas de miles de personas, en su mayoría estudiantes, están pidiendo una democracia plena y exigieron la dimisión del líder de la ciudad, Leung Chun-ying.

China gobierna a Hong Kong bajo una fórmula conocida como “un país, dos sistemas” que ofrece al territorio una democracia limitada.

Tras la retirada de la policía, los manifestantes cansados ​​dormían junto a las calles o protegiéndose del sol bajo paraguas, que se han convertido en un símbolo de lo que algunos llaman ya la “Revolución de los Paraguas”.

Además de ofrecer protección contra los elementos, los paraguas han sido empleados como escudos endebles contra el espray de pimienta usado por la policía.

Nicola Cheung, una estudiante de 18 años de la Baptist University, dijo que los manifestantes en el distrito central del Almirantazgo están evaluando la situación y planeando los pasos a seguir.

“Sí, se va a poner violento de nuevo porque el Gobierno de Hong Kong no va a tolerar que ocupemos este área”, dijo. “Estamos luchando por nuestros valores fundamentales de la democracia y la libertad”, agregó.

Los organizadores dijeron que hasta 80,000 personas abarrotaron las calles cuando las protestas comenzaron la noche del viernes. No había estimación independiente de las cifras.

Las protestas, que no tienen un líder único identificable, reúnen un movimiento masivo formado principalmente por estudiantes hábiles con la tecnología que han crecido con libertades no disfrutadas en China continental.

El movimiento representa una de las mayores amenazas para el liderazgo del Partido Comunista de Pekín desde su sangrienta represión en 1989 de las protestas pro democracia en los alrededores y el interior de la Plaza Tiananmen.

Una represión demasiado severa podría sacudir la confianza de los inversores en Hong Kong, mientras que no responder con firmeza podría envalentonar a los disidentes en el continente.

Se espera que las protestas suban de tono el 1 de octubre, Día Nacional de China, cuando los residentes de Macao, una vecina ex colonia portuguesa planean manifestarse también. Asimismo, fueron convocadas protestas pro democracia en otros países, lo que complicará aún más a Pekín.

Estos actos no serían jamás tolerados en el continente, donde la frase “Ocupen el Centro” fue bloqueada el domingo en Weibo, la versión china de Twitter. La protesta recibió poca cobertura en el continente, aparte de la condena del Gobierno.

Los manifestantes exigen candidaturas abiertas para la elección del líder de Hong Kong en 2017. El sumiso Parlamento chino aprobó el 31 de agosto un marco que asegura que haya solo candidatos pro Pekín.

 

Preocupación internacional 

Las escenas televisadas del caos en Hong Kong durante el fin de semana causaron una fuerte impresión en muchos espectadores fuera de Hong Kong.

Las imágenes tuvieron especial impacto en Taiwán, una democracia que es considerada una provincia renegada por China.

Su presidente, Ma Ying-jeou, pidió a Pekín que “escuche con cuidado las demandas del pueblo de Hong Kong”, al tiempo que respaldó las peticiones de sufragio universal de los manifestantes.

Gran Bretaña aseguró estar preocupada por la situación y pidió que se proteja la libertad de expresión.

El Consulado General de Estados Unidos en Hong Kong pidió en un comunicado público a todas las partes que “eviten acciones que podrían escalar aún más las tensiones”. La portavoz china Hua respondió diciendo que “esperamos que este relevante país sea cauto en este asunto y no envíe la señal incorrecta”.

“Estamos absolutamente opuestos a que cualquier país extranjero use métodos para interferir en los asuntos internos de China”, afirmó.

Algunos bancos en Hong Kong, como HSBC, Citigroup, Bank of China, Standard Chartered y DBS, cerraron sucursales y pidieron a sus empleados que trabajen desde casa o acudan a entidades secundarias.

En general, los mercados se tomaron con calma el conflicto, una nueva prueba del lugar predominante que ocupa el comercio en Hong Kong. Las acciones en su Bolsa cayeron un 1.9%.

 

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