Por María Isabel Studer*

Ya en la recta final de la campaña electoral puede afirmarse que los candidatos han perdido una oportunidad de oro para posicionar la conservación de la riqueza natural de México en el centro de la agenda. Como ya lo reconoce la comunidad internacional y el sector privado en la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, aprobada en 2015, la conservación del capital natural está directamente vinculada con nuestro bienestar social y desarrollo económico.

Por ejemplo, no podemos tomar seriamente la lucha contra la pobreza, en particular la alimentaria, si no logramos una gestión sostenible del agua o impedimos que avance la degradación de las tierras o detenemos la contaminación y la sobreexplotación de los mares. Tampoco podemos atender la desigualdad si no desarrollamos una agenda de gestión integral de los territorios que permita a las comunidades indígenas y rurales hacer un uso efectivo y para su bienestar de los recursos naturales, a través de sistemas agrícolas de conservación, sistemas silvo-pastoriles, sistemas agroforestales o proyectos de ecoturismo.

En este sentido, durante la campaña, la conservación de la riqueza natural ha quedado relegada a un plano de invisibilidad. En el tercer debate presidencial, si bien se abordaron algunos temas de medio ambiente, se hizo de manera muy superficial y sin el alto nivel de compromiso que requieren estos temas por parte de los aspirantes presidenciales. La única referencia fue a la aplicación de políticas de reducción de emisiones contaminantes o la promoción de las energías renovables. No hubo una sola palabra acerca de los beneficios que se derivan de la potenciación de soluciones basadas en la naturaleza, que de tantos bienes nos provee, empezando por el agua que usamos todos los días. Cabía pensar que, siendo que al menos tres de las candidaturas se habían dado a la tarea de preparar y publicar los documentos con propuestas específicas en esta materia con antelación al debate, estaríamos asistiendo a una discusión con propuestas más formadas y sólidas.

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No fue así y la agenda de conservación del patrimonio natural de los mexicanos perdió el debate. Quedó en evidencia que estos asuntos tan centrales para el futuro de México siguen sin abordarse de manera integral y transversal. Continúan confinados en un cajón, minimizados. Se perdió la oportunidad de hacer de esta agenda una prioridad y de presentar los vínculos transversales e ineludibles de la misma con la agenda económica y de lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Es urgente que los candidatos dejen de ignorar al elefante en la sala. Desde la sociedad civil organizada hemos impulsado la iniciativa de las “10 Propuestas para Proteger la Riqueza Natural de México”. Junto con otras organizaciones, que impulsan otras propuestas medioambientales, hoy buscamos encontrar convergencias para generar un diálogo constructivo con cada una de las candidaturas y obtener su compromiso de que, en caso de ganar, formarían parte de las prioridades del futuro Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2024. Hasta el momento, todos los aspirantes han desoído este llamado. Aún así, seguiremos insistiendo, por el bien de México y sus generaciones presentes y futuras.

Esperemos que, a partir del 1 de julio, el presidente electo tenga presente la riqueza natural de México y le otorgue a la agenda de desarrollo sostenible el nivel que merece.

*Directora Ejecutiva de TNC México y Norte de Centroamérica.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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