Por Javier Arreola y José Luis Rodríguez Aquino*

El frente comercial es uno de los más promisorios de la relación Brasil-México. Diferentes factores justifican cierto grado de optimismo, como ingreso de la población, tamaño de mercado y apertura económica. Ante esta situación es pertinente preguntarse cuál es el contexto comercial de ambos países, qué fuerzas influyen sobre esta actividad y qué oportunidades se pueden cosechar.

Actualidad comercial

En las últimas décadas, tanto México como Brasil, a intervalos y en diferentes niveles, han contado con gobiernos pro libre mercado, en cuya agenda se encuentran temas como apertura comercial y mayor integración regional. La similitud en proyectos comerciales en los últimos años ha promovido un mayor acercamiento entre las dos economías más grandes de América Latina. México ha buscado un mayor acercamiento con sus vecinos del sur, especialmente por medios ministeriales. Recientemente, Michel Temer, presidente brasileño, elevó la importancia de la necesidad de un acercamiento entre México y Brasil al argumentar que México debería integrarse más con América del Sur.

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Los intentos de acercamiento comercial entre Brasil y México no son nuevos. En 2002 los países firmaron el Acuerdo de Complementación Económica (ACE) No. 53. El Acuerdo busca regular la relación comercial México-Brasil; actualmente contempla alrededor de 800 productos y ha tenido siete rondas de negociaciones de cara a su actualización. Los dos países decidieron buscar un Acuerdo de esta naturaleza dado que Brasil, al ser miembro del Mercosur, no puede firmar tratados comerciales de forma bilateral. Para complementar el ACE 53, México negoció ese mismo año el ACE No. 55 con los países del Mercosur de entonces -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- con el fin principal de liberalizar el sector automotriz.

El acercamiento comercial entre Brasil y México mejoró en 2015, cuando la entonces presidenta brasileña Dilma Rousseff y el mexicano Enrique Peña Nieto firmaron acuerdos en materia de turismo, comercio y medio ambiente. Los nuevos compromisos reflejaron la alineación de dos de las grandes economías continentales; la meta principal era lograr que el intercambio comercial entre los dos países aumentase a 18 mil millones de dólares en una década. Además, ese mismo año Rousseff y Peña Nieto reabrieron las negociaciones del ACE 53 con el fin de poner a día el Acuerdo, a 13 años de su instauración.

Durante 2017 se llevaron a cambio varios reajustes en la relación bilateral. En marzo, los países del Mercosur y México empezaron un proceso de modificación del ACE 55. En el marco de este cambio, Brasil y México firmaron un acuerdo de eliminación de aranceles para una proporción importante de productos automotrices. En junio y noviembre se llevaron a cabo la sexta y séptima rondas de negociaciones del ACE 53 con el objetivo de diseñar un marco para el intercambio de 6 mil productos, así como incorporar temas como propiedad intelectual, comercio electrónico y servicios en la agenda bilateral.

Después de tantos años de buscar un acercamiento, ¿por qué Brasil y México deberían seguir intentando mejorar la relación bilateral, especialmente en términos comerciales? La respuesta se encuentra en el potencial comercial de la relación: Brasil es el octavo socio comercial mundial de México y el primero en Latinoamérica, con un intercambio de alrededor de 7.7 mil millones de dólares. Más aún, de acuerdo con el Atlas de Datos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Brasil importó de México 3 mil 528 millones de dólares en 2016 -en sectores como transporte, máquinas, productos, químicos, metales, instrumentos, plásticos y cauchos, entre otros, mientras que México importó del país sudamericano 4 mil,733 millones de dólares en el mismo año, donde destacaron máquinas, transporte, metales, productos químicos, plásticos y cauchos, productos minerales y de madera, entre otros.

La misma fuente ofrece el siguiente desglose de la relación comercial en materia de importaciones:

El Atlas de Datos del MIT muestra cómo el ACE 53 mejoró el flujo de importaciones de ambos países. Brasil aumentó la importación de productos mexicanos como resultado de la firma del ACE53, como puede observarse en la figura de las importaciones. Esta misma imagen señala la fuerte incidencia del desempeño económico nacional, tanto negativo como positivo, sobre el comportamiento de las importaciones, principalmente para el periodo 2012-2015:

Además de la importancia comercial en la relación bilateral, Brasil y México son importantes socios en términos de inversión extranjera directa (IED). Los dos países latinoamericanos son dos de los grandes acaparadores de la IED en la región; pero, en lugar de competir, los países dirigen varias de sus inversiones hacia el otro. Brasil es el primer destino de la inversión extranjera directa mexicana en América Latina.

China y EU: Fuerzas sobre Brasil y México

La historia comercial de Brasil y México tiene como antecedente directo el ingreso de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) durante la primera mitad de la década de 1990. En ese entonces, “los observadores brasileños concluyeron que México se había vendido al Norte, esencialmente renunciando a su identidad latinoamericana”.

El TLCAN ha derivado en una desmedida dependencia mexicana del comercio estadounidense: a pesar de tener 12 tratados comerciales con 46 países del mundo, México concentra más del 80% de su comercio en un solo país, Estados Unidos. Por ejemplo, las exportaciones mexicanas hacia Brasil son casi cien veces menores que a EU.

En contraste, Brasil ha buscado diversificar su matriz económica lejos de Estados Unidos, anclando su relación especialmente con China. Brasil es el principal receptor en la región de IED china. Diversos factores hicieron que Brasil fuese uno de los países más atractivos para la inversión china durante la primera década de este siglo, desde factores geoestratégicos hasta compatibilidades en matrices económicas. Este factor se sumó a los efectos que la crisis financiera tuvieron en Brasil, pues facilitó la adquisición de activos a bajo costo. Los esfuerzos brasileños le ayudaron al país a reducir su dependencia de Estados Unidos, pero terminó creando una matriz comercial donde dos países, China y Estados Unidos, dominan y coexisten con socios más pequeños, entre los que destacan México.

La llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense cambió el tablero de juego comercial tanto Brasil como para México, pero en direcciones diferentes. Los efectos de la llegada de Trump a la Casa Blanca fueron relativamente positivos para Brasil. El presidente brasileño enfatizó que Brasil tiene un alto interés en recibir más inversión estadounidense, especialmente en un contexto donde la debilidad del real brasileño podría beneficiar a empresarios estadounidenses. Además, Brasil compra a Estados Unidos más de lo que le vende, por lo que la obsesión de Trump sobre el déficit comercial no está presente en la relación bilateral.

Trump llegó a la presidencia con la idea de modificar sustancialmente la relación comercial con México, buscando principalmente renegociar las reglas del juego institucionalizadas en el TLCAN. México recibió la notificación de la inminente renegociación del Tratado, la cual comenzó en agosto pasado y se extenderá hasta 2018. El proceso ha derivado en exigencias asimétricas por parte de EU, que ha considerado intransigentes a sus contrapartes, y donde se transmite la sensación de que el tratado podría terminar eventualmente.

Los factores están alineados para emprender la tan comentada diversificación comercial mexicana -no solamente por la potencial renegociación del TLCAN- especialmente con el sector agrícola como punta de lanza. México podría reducir su sobredependencia en materia agrícola de Estados Unidos mejorando su relación con Brasil y Argentina: México tiene un alto grado de desarrollo industrial y manufacturero que, con las debidas calibraciones, podría complementar el mercado brasileño y dar pie al establecimiento de cadenas complementarias de valor.

Mayor acercamiento con Brasil también podría ayudar a que México mejor su relación con China, aunque solamente sea en un intercambio de cómo negociar con el gigante asiático. China se ha ido alejando de Venezuela y de Ecuador para “inclinarse más hacia países con una base financiera más sólida y con mayores posibilidades estratégicas, principalmente Brasil.” Prueba de ello es la creación del Fondo China-Brasil por 20 mil millones de dólares, establecido en mayo pasado. Además, le ha recordado continuamente a Brasil de su poder manufacturero e industrial, en contraposición con sus necesidades de materias primas y alimentos.

Se anticipa que China aumentará su influencia en Brasil en el marco de las recientes privatizaciones de activos gubernamentales, que incluyen ferrocarriles, puertos, aeropuertos y autopistas. Y, aunque el país sudamericano esté encantado con el flujo de yuanes renminbis, tendrá que tener cuidado de que China sea un financiador solvente y no un gran acaparador de activos. Además, los funcionarios privatizadores tendrán que lidiar con los políticos que cuestionan la influencia china de cara a las elecciones de 2018.

China no solamente ha aumentado su interés en Brasil, también ha manifestado sus intenciones por mejorar la relación con México. El gobierno chino busca financiar proyectos de infraestructura, expandir sus empresas tecnológicas, impulsar el turismo y exportar al mercado latinoamericano. La relación comercial entre México y China ha tenido sus momentos dulces y agrios, desde el anuncio del Fondo China-México hasta la cancelación de un tren bala, así como la incursión en infraestructura de telecomunicaciones, y cada momento ha venido acompañado de su respectiva reacción estadounidense. Con estos factores en la mesa, es razonable pensar que cualquier acercamiento entre Brasil y México, mediático o no, será examinado con lupa por parte de China y Estados Unidos.

Oportunidades comerciales en la relación

Desde 2015, México y Brasil han incluido en sus negociaciones comerciales el intercambio de automóviles mexicanos, mientras que el país norteamericano ha mostrado su entusiasmo por la importación libre de impuestos del maíz y la soya brasileños. La agenda comercial mexicana-brasileña puede cimentar el intercambio de estos productos como consecuencia de cambios en el escenario político regional e internacional, e inclusive podría abrirse hacia nuevos productos e industrias, notablemente la militar y aeronáutica.

La renegociación del TLCAN ha puesto en jaque a los productores de maíz amarillo de estados como Dakota del Norte, Missouri y Nebraska. Estos estados votaron por Donald Trump durante la elección presidencial, a pesar de que su principal cliente es México y de que han perdido mercado por el avance agrícola de Brasil, Argentina, Rusia, Ucrania y Australia. Cada año, México paga a EU 2.3 mil millones de dólares en maíz amarillo, en lo que es el producto de mayor importación mexicana desde EU, después de gasolinas, gas natural y diésel.

Es complicado que México sustituya a Estados Unidos por Brasil o Argentina como proveedores de maíz amarillo. Sin embargo, los avances comerciales en materias primas entre México y Brasil sientan las bases para un mayor acercamiento, el cual México podría aprovechar si fuese necesario. En septiembre pasado México importó 100 mil 760 toneladas de maíz amarillo de Brasil, un incremento de 85 por ciento (en un solo mes) sobre todo el año anterior. Este tipo de transacción también ayuda a Brasil que, como productor de granos, ha tenido que competir agresivamente y tener pérdidas al almacenar granos para solventar cosechas comprometidas anteriormente.

La coyuntura invita a acelerar el paso de este acercamiento, especialmente por la confirmada mejora económica brasileña y las elecciones de 2018. En cuanto al tema económico, Brasil tuvo en este año su primer trimestre con crecimiento del PIB después de 12 trimestres con pérdidas. Además, su superávit comercial con Argentina está alcanzando niveles históricos, el acuerdo Mercosur-Unión Europea ha tenido avances relevantes, el optimismo en los mercados es creciente y el equipo gubernamental goza de prestigio en el sector financiero.

En términos de las elecciones, Brasil y México celebrarán contiendas presidenciales en 2018 y son calificadas, hasta cierto punto, como las más impredecibles en décadas, con sus respectivos efectos de volatilidad. En ambos casos, el margen de maniobra de los gobiernos es menor al deseado, no solo por el tiempo que les queda en el poder, sino por su diezmado apoyo popular.

A pesar de la incertidumbre política, el contexto económico y comercial sienta las bases para mantener un grado de optimismo y recomendar que los puntales del Mercosur y la Alianza del Pacífico aprovechen esta coyuntura para facilitar los flujos comerciales, de inversiones y de personas entre los dos bloques.

*Luis Rodríguez es internacionalista y candidato a doctor en la Universidad Johns Hopkins. Estudia las aportaciones de países en desarrollo.

 

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