Por Gustavo Almaraz Petrie*

En este momento histórico que vivimos como país, gobierno, empresarios y ciudadanos debemos ser, a partir de la cooperación, la unidad y el diálogo, agentes de cambio positivo en México.

El 1 de diciembre los mexicanos asistimos a la tercera alternancia en la Presidencia de la República. Con un considerable respaldo popular de 53.19% de votantes que optaron por Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, inicia un nuevo Gobierno en un país donde sólo 16% de los ciudadanos se encuentra satisfecho con la democracia (informe de Latinobarómetro 2018).

Como todo proceso de transición, el gobierno que asumió Andrés Manuel López Obrador viene acompañado de retos, amplias expectativas y avidez de nuevas oportunidades. De manera paralela, todo cambio genera incertidumbre, es un espacio de dudas y por tanto, de inestabilidad.

Después de cinco meses de transición, el mayor desafío para el gobierno que comienza será garantizar la gobernanza del país, a partir de dimensionar el lugar que México ocupa en el mundo, su posición como la economía número quince a nivel global (FMI).

El primer ejercicio democrático que anticipará las prioridades del nuevo Gobierno será la presentación del Paquete Económico 2019 y el reto será dar señales de estabilidad adecuadas a las inversiones y los mercados que sostienen la economía del país.

Hoy, más que en otro momento, la ciudadanía, los mercados nacionales e internacionales aspiran a que toda decisión política sea adoptada con responsabilidad y revestida de principios de legalidad. La consolidación del Estado de Derecho y el futuro del desarrollo económico dependen de ello.

Reconocer y profundizar en el análisis de las propuestas del nuevo gobierno será una tarea cotidiana de todos, y el sector privado en ese contexto deberemos buscar sinergias para acompañar a la administración entrante en los programas y proyectos que busquen alcanzar el más alto interés de crecimiento y desarrollo de la Nación.

Pensar en que la labor del gobierno es individual y aislada es una idea errónea que forma parte del pasado, hoy la premisa que debe prevalecer es que si el sector privado ayuda al gobierno, dentro de sus capacidades, entonces estará ayudando a México.

De ahí que dimensionar las decisiones políticas desde un justo ángulo y no exacerbarlas, permitirá renovar la confianza, abrir la interlocución, fortalecer la imagen del sector empresarial frente a la sociedad y contribuir a optimizar las oportunidades de vida de muchos mexicanos. Las alianzas que genere el sector privado con el gobierno deben partir del diálogo y el reconocimiento mutuos, del respaldo a aquellas medidas que generen certeza para la inversión, contribuyan a la competitividad y el desarrollo social y económico nacional.

Es el momento de construir sobre los cimientos de la cooperación, la unidad y el diálogo para contribuir y sentar las bases del proyecto que se busca a partir de esta tercera alternancia de gobierno. Bajo este escenario, tanto empresarios como ciudadanos debemos ser agentes de cambio para trabajar por el bien de México.

*Presidente del Comité de Legalidad y Estado de Derecho de American Chamber/Mexico.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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