Por Muqsit Ashraf*

La demanda de energía seguirá incrementándose, principalmente impulsada por el aumento en la demanda de electricidad derivada de una creciente clase media a nivel global. El mix de esta demanda también cambiará. En primer lugar, la demanda de carbón irá en declive en los próximos años; por otro lado, la demanda de petróleo seguirá creciendo, aunque, de acuerdo con la mayoría de las proyecciones, incluida la de Accenture, el “pico” de esta demanda se estima que llegará en un par de décadas. Este “pico” será impulsado por la revolución en el transporte de pasajeros, proveniente de la convergencia de vehículos eléctricos, vehículos autónomos y aplicaciones que fomenten el transporte compartido. Por último, el gas parece actualmente estar en una muy buena posición como fuente de combustible limpia, pero enfrentará cada vez mayor competencia de la energía eólica y solar en específico, cuyos costos se han reducido significativamente en los últimos años.

En cuanto a la oferta, el reto está más bien vinculado a un tema de abundancia, la cantidad de hidrocarburos disponibles a nivel global es más que suficiente para los escenarios de demanda. Las compañías petroleras se han fortalecido internamente y el precio de equilibrio se está robusteciendo con velocidad. El día de hoy, 60 dólares por barril podrían representar el mismo nivel de competitividad que los 100 dólares por barril hace algunos años. Por otro lado, la competitividad de otras fuentes energéticas sigue fortaleciéndose, lo que pone a la industria energética en un escenario de supervivencia del “más fuerte”. La curva de oferta energética es hoy extremadamente dinámica y con un portafolio de recursos mucho más diverso de lo que se había visto hasta ahora.

Algunos expertos plantean que el momento en el que se llevó a cabo la reforma no fue fortuito, dado que los precios de hidrocarburos cayeron poco tiempo después. Sin embargo, yo insisto en que la reforma se dio en el momento adecuado por tres motivos principales. El primero es que los hidrocarburos corren el riesgo de no ser explotados considerando la competencia que tiene México global y regionalmente (Colombia, Venezuela, Brasil y Argentina). En segundo lugar, para que los hidrocarburos de México sean competitivos en la curva de oferta energética, es necesario asegurar las mejores capacidades técnicas y operativas, para lo cual la inclusión de nuevos jugadores es crucial. Finalmente, la demanda eléctrica está incrementando, tanto en México como en otros lugares del mundo, por lo que esquemas agresivos de importación de gas del norte de la frontera aunado a nuevos esquemas de generación, distribución y venta de electricidad son mandatorios.

PUBLICIDAD

En una perspectiva de alto nivel, la reforma ha establecido unos cimientos sólidos impulsados por tres factores principales.

  • El primero es la apertura al desarrollo de la vasta cantidad de recursos que tiene México, incluyendo hidrocarburos y no hidrocarburos como viento, energía solar y geotérmica; los volúmenes y rentabilidad potencial de estos recursos ponen a México en una posición fuerte.
  • El segundo es el fortalecimiento de la transparencia, que era una preocupación importante previo a la reforma energética. Actualmente se ha hecho un excelente trabajo al establecer las condiciones para llevar a cabo procesos transparentes durante las rondas.
  • El tercero es el trabajo y dedicación para implementar un marco eficiente y efectivo de desarrollo de recursos tanto en hidrocarburos como en electricidad. Los elementos de políticas y regulaciones han sido bien diseñados y son competitivos con muchas otras geografías, en particular con las de América Latina.

Con algunos de estos requisitos fundamentales resueltos, México no puede relajarse en absoluto si quiere alcanzar las metas establecidas, que requieren alineación con el panorama energético del futuro. La industria y sus jugadores necesitarán ser ágiles, adaptables, hiper-efectivos, conectados, colaborativos, centrados en el consumidor y transparentes. Para habilitar estos aspectos, México tendrá que lograr el siguiente paso en el contexto de la reforma y formular micro regulaciones y requisitos que permitan que tanto el país como los jugadores externos puedan ser ágiles y adaptarse al contexto global cambiante con mayor velocidad.

Se deberá también facilitar el desarrollo de un ecosistema más amplio de proveedores, académicos y startups que colaboren para acelerar avances técnicos e impulsar a la frontera económica energética del país a una zona favorable a través de modelos operativos hiper-efectivos hechos para los recursos nacionales. Será necesario reinvertir en la capacitación de la fuerza laboral, en particular al talento técnico, y en hubs de innovación para tener una posición de liderazgo en la transición energética. Finalmente, México deberá tomar un rol de liderazgo en la transformación digital de la industria. En resumen, los cimientos y el terreno ya están construidos, pero el viaje apenas está comenzando.

*Director Global de Accenture Strategy Energy

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Marketing con causa, una visión empresarial
Por

El marketing con causa beneficia la actividad empresarial porque reconoce a una marca como participante activo en la com...