Salió humo blanco de la sede de negociación del TLCAN donde la delegación mexicana y su contraparte estadounidense trabajaron un acuerdo bilateral como corolario al tortuoso camino para la renegociación del TLCAN iniciado el año pasado.

Como quien quiere evitar lo inevitable, Trump se muestra satisfecho por el resultado que, sin Canadá, deja abiertas muchas preguntas respecto a lo alcanzado, a los temas de coyuntura y a los temas que siguen en el tintero.

El anuncio parece prematuro y llega como ultimátum para dos fechas fatales, las elecciones intermedias en los Estados Unidos y el cambio de Gobierno en México.

Durante más de un año, Donald Trump ha culpado al TLCAN de la balanza comercial deficitaria y ha señalado en repetidas ocasiones que el acuerdo puso en desventaja a los empresarios estadounidenses.

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Desde 1994, el TLCAN ha sido por mucho el acuerdo comercial más controvertido y debatido de la historia económica de México y a lo largo de las rondas de renegociación que se llevaron a cabo para lograr una versión más moderna y dinámica, es innegable que se lograron avances importantes en la actualización, más no en la modificación del texto del TLCAN, lo que llevó a la retirada de Canadá de la mesa de negociación.

No obstante la voluntad mostrada por México para dirimir las diferencias operativas y de reglamentación, los avances de forma pero poco de fondo entraron en un aletargo cuando ante la rotunda postura proteccionista de EU, llegó la imposición de aranceles al acero y el inicio de una guerra comercial.

Hoy, con un documento que tiene noventa días para ser aprobado y ratificado por el Congreso, pareciera que el tema de las manufacturas estará resuelto al menos por los próximos dieciséis años y aunque la postura del gobierno actual y del electo coinciden en la confianza y la certidumbre que se debe guardar respecto al acuerdo,

En uno de los peores escenarios políticos de la presidencia de Trump y ante su postura crítica y amenazante hacia los procesos de integración regional, este acuerdo se alcanza como preámbulo de la definitiva renegociación del TLCAN que con la inclusión de Canadá puede ser promisorio.

El escenario es desconocido a pesar de que se anuncie en el marco de un clima de optimismo y amplia expectativa, al momento poco se puede saber acerca del documento final que se someterá a la aprobación de los Congresos de ambas naciones, pero lo que si sabemos es que este acuerdo no cancela el TLCAN ni el compromiso trilateral que sigue vigente.

Aunque Trump quiera vender a los próximos electores estadounidenses un triunfo comercial sobre México, no hay los elementos que de momento confirmen tal victoria. Por el contrario, es importante reconocer que en este momento, la victoria comercial de Trump  sobre los mercados internacionales, no depende únicamente de un acuerdo bilateral.

La dinámica actual de comercial requiere con amplitud la participación de bloques regionales que sigan permitiendo el vasto flujo de mercancías entre bloques regionales.

Las reglas del comercio internacional vigentes exigen el fortalecimiento de los procesos de integración y mirar hacia el proteccionismo o el bilateralismo no sólo es un desacierto, es el día de hoy un error grave.

 

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