Por Fernanda Ballesteros*

Petróleos Mexicanos cumplió 80 años en marzo, pero hoy más que nunca existe incertidumbre en el devenir de la empresa. La entrada de nuevos jugadores a diferentes mercados del sector de hidrocarburos obliga a Pemex – que hasta hace poco era un monopolio- a competir y captar clientes. En respuesta, su estrategia de publicidad llama al sentimentalismo nacional para escoger a “nuestra empresa”, pero ¿cómo pedir que los mexicanos, consumidores y también accionistas, tengamos una buena imagen de esta empresa enfrascada en constantes escándalos de corrupción?

Después de poco más de cuatro años de haberse constituido como una Empresa Productiva del Estado, los escándalos de corrupción en Pemex siguen siendo el pan de cada día. Sólo en el 2017 se dio a conocer información sobre pagos irregulares mayores a 953 mdp que la empresa pudo haber dado a Odebrecht, la adquisición de empresas sobrevaluadas, el robo de combustibles facilitado por sus trabajadores y un largo etcétera. Por si fuera poco, Pemex, haciendo valer su nueva figura jurídica, ha optado por reducir sus estándares de transparencia y difundir menos información que permita rendir cuentas al público del manejo de la empresa.

En algunos casos recientes de información solicitada respecto de la actuación de Pemex, sus subsidiarias y filiales, el INAI determinó que lo requerido respecto del manejo de estas empresas es información clasificada y no existe obligación de difundirla bajo el argumento de que son “entes privados” y que difundir información las pondría en una desventaja para competir con las demás empresas.

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La transparencia no sólo es un importante mecanismo de rendición de cuentas con la sociedad -quienes somos accionistas o dueños de la empresa-, sino que además es una herramienta fundamental de un buen gobierno dentro de una empresa que ayuda a una mejor gestión de recursos, manejo de riesgos y por tanto una mayor eficiencia en su actuar y mejores resultados. De acuerdo con los principios de gobierno corporativo de empresas propiedad del Estado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la transparencia es uno de los ejes rectores de su buen gobierno. Desde los órganos creados dentro de la empresa que forman su estructura de gobierno se debe de generar, administrar y verificar una política de transparencia integral que articule las obligaciones que por ley Pemex está obligada a cumplir en materia de transparencia, y una política interna construida conforme a las mejores prácticas de gobierno corporativo que emulen a las que siguen las mejores empresas del mundo.

Por ello, es una falsa disyuntiva la que se plantea entre transparentar su actuar y ser una empresa eficiente sin desventaja para competir con las demás empresas privadas.

Las historias que los mexicanos queremos contar de Pemex, y de cualquier otra empresa propiedad del Estado, son historias de claridad en el uso de nuestros recursos y de buen desempeño; de una empresa que genere valor y que forme a nuevas generaciones de profesionales mexicanos; una empresa a la cual se sientan atraídos tanto los jóvenes talentosos como las inversiones por sus rendimientos y buen desempeño.

Para poder contar y evidenciar estas historias necesitamos información: ¿Por qué se contrató a tal empresa en lugar de otra?; ¿por qué se buscó entrar a un negocio que parecía poco rentable?; ¿por qué ocurrió un accidente dentro de una planta?; ¿cómo se transformaron los protocolos de seguridad para evitar futuros incidentes? El buen gobierno de la empresa sustentado en una buena política de transparencia permitiría contar esas historias brindando a los ciudadanos la oportunidad de saber por qué ocurrieron, qué se está haciendo al respecto, cómo se está ajustando la dirección cuando se está fallando.

Pemex debe entender que la transparencia es fuente de legitimidad. No solo frente a los ciudadanos, sino frente a potenciales socios comerciales e inversionistas. Generar una cultura de la transparencia y mecanismos de cumplimiento de estas políticas es indispensable en estos momentos. Este es el reto para qué #MiHistoriaPemex sea una historia de éxito y no un escándalo de corrupción.

*Coordinadora de Competencia y Regulación de México Evalúa.

 

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