Por José Manuel Saiz Álvarez*

Tras acordar en el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea (UE) y México (TLCUEM) no cambiar los términos generales del futuro TLCUEM, México tiene una oportunidad para bajar su dependencia comercial de los Estados Unidos. De hecho, el futuro TLCUEM abre el mercado europeo a productos mexicanos, como el jarabe de agave, el plátano, la fresa y el jugo de naranja que se podrán exportar sin aranceles desde México a la UE a partir del año 2020, futura entrada en vigor. Lo más complicado viene ahora por parte europea y es la ratificación por cada congreso de los 27 países, tras el Brexit, de la UE.

Aunque es positivo para México la eliminación de aranceles, no hay que lanzar las campanas al vuelo en el caso del plátano por la protección de los plataneros canarios en el mercado español, al estar las plataneras situadas en una región ultraperiférica europea. Pese a ello, la producción europea es deficitaria, por lo que el plátano tiene una buena entrada en el mercado, a través de los más de tres millones de empresas que configuran el subsector de la distribución con base alimentaria en la UE, destacando las grandes cadenas comerciales europeas.

La fresa mexicana es otro producto sin aranceles en su exportación hacia la UE. Según José Luis García-Palacios, presidente de Interfresa, que agrupa a más de 400 empresas, lo que representa al 95% de los productores españoles, “la fresa tiene el transporte como elemento limitante”, por lo que idealmente ha de madurar en la planta para maximizar la calidad. España el primer productor europeo por delante de Polonia y Alemania, y el primer exportador del mundo con más de 7,000 hectáreas de cultivo, y el éxito ha venido por la constante innovación con la mejora genética del producto con la introducción de variedades de ciclos más largos con maduración en la planta, lo que da una mayor calidad, mediante mejoras en los análisis por cromatografía para estudiar el contenido en azúcares y ácidos, componentes esenciales de la calidad organoléptica y nutricional del producto. El consumidor europeo se mueve por la calidad y no tanto por el precio, por lo que prefiere que la fresa madure en la planta y está dispuesto a pagar un sobreprecio por ello.

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Otro producto beneficiado es la miel. Aunque existen más de 17 millones de colmenas en la UE, lo que la convierte tras China en el segundo productor del mundo con 237,549 toneladas anuales, siendo España el primer productor, Europa es deficitaria en la producción de miel por la alta mortalidad de las abejas por el gran uso de pesticidas en la agricultura y a la pérdida de su hábitat por el cambio climático. Esto abre una oportunidad para la miel mexicana, siendo deseable que se diferencie por su denominación de origen y, sobre todo, por su calidad. La UE con más de 200,000 toneladas es el principal importador de miel del mundo, de las que 20,000 toneladas son de México.

El atún es otra oportunidad para México al estar muy esquilmados los caladeros de atún del Atlántico Norte que son explotados por portugueses, irlandeses y españoles. También el queso constituye otra gran oportunidad al haberse solucionado las denominaciones de origen en la industria quesera. Sin embargo, sugiero a los productores mexicanos que tengan denominaciones propias para diferenciarse de las europeas y que las protejan con sellos de calidad y de origen, lo que también vale para otros productos. De esta manera, podrán conquistar a un consumidor europeo guiado por la novedad y la calidad del producto, más que por el precio. Los queseros españoles, franceses e italianos lo saben bien. De ahí que la innovación sea constante en sus productos, teniendo muchas veces el monopolio de los mismos.

*EGADE Business School, Tecnológico de Monterrey.

 

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Página web: itesm.academia.edu/JoseManuelSaizAlvarez

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