El gobierno de Andrés Manuel López Obrador debería estar elaborando un plan de estrategia de reactivación económica para atender no sólo los impactos financieros de la expansión mundial del coronavirus Covid-19, sino la recesión de la actividad industrial y el bajo crecimiento, señaló José Luis de la Cruz Gallegos, director del instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

Aunque el gobierno federal no ha aplicado medidas extraordinarias para contener el contagio en el país, como cancelar eventos masivos, actividades escolares, solicitar el cierre de negocios o limitar la movilidad de los ciudadanos; será inevitable resentir las restricciones de otros países que si lo están haciendo.

Por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos declaro una emergencia nacional para enfrentar la pandemia y en algún momento México tendrá que revisar protocolos de entrada y salida en su frontera, la movilidad de personas e incluso el intercambio comercial.

Además del impacto en las cadenas de suministro global por la disminución en la producción de países como China e India.

“Las afectaciones ya existen en la economía mexicana, caída del peso de petróleo que ya inciden en las finanzas públicas y que el propio secretario de Hacienda ha señalado que en abril se hacen ajustes porque al final del día se tienen que ver como se modifican sus ingresos y a partir de eso se tienen que hacer ajustes en su inversión. En segundo nivel afecta en lo que ocurre en los mercados financieros, lo que vimos con la caída del peso, básicamente es la salida de capitales que ya se ha observado”, señaló el experto.

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Este plan de reactivación debe estar enfocado de la industria nacional.

“En el exterior las restricciones van a aumentar y debería fortalecerse el mercado interno para poder tener una sólida reactivación de lo hecho en México y generar un programa de infraestructura que promueva la utilización de insumos nacionales porque lo importante aquí es que se preserve el empleo y para eso necesitamos que se preserve la inversión”, señaló De la Cruz Gallegos.

El impacto de la pandemia de influenza AH1N1 en México por número de personas fallecidas y afectadas fue relativamente bajo, pero el económico si fue más significativo porque implico una reducción en actividades importantes para la economía.

El gobierno federal, apegado a las medidas establecidas en el Reglamento Sanitario Internacional, declaró un Estado de Contingencia Sanitaria que implicó medidas para el “distanciamiento social” con especial enfoque en la Ciudad de México.

Las medidas incluían el cierre temporal de escuelas, estadios deportivos, teatros, cines, restaurantes, bares, centros nocturnos, cancelación de eventos masivos y vigilancia sanitaria en los aeropuertos del país.

En aquel momento la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) calculó que el impacto económico en México ascendió a 127,360 millones de pesos, de los cuales 96% de ellos se enfocaron en la menor producción y venta de bienes y servicios y el restante a gastos para atender la emergencia sanitaria.

 

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