En el día a día, encarna y lucha por hacer valer un activo que no siempre se respeta en México: la justicia. Además, es una de las principales impulsoras de las libertades y la equidad. Y en sus ratos libres, se vence ante sus nietos.

 

El 23 de enero de 2013, Olga María del Carmen Sánchez Cordero de García Villegas desató los demonios. Su nombre fue uno de los que figuró en las noticias porque se pronunció a favor de otorgar la libertad a Florence Cassez.

Fue así que esta decisión puso a la ministra de la Corte en el ojo de la crítica. Ella lo sabía y, ahora, después de lo ocu­rrido, reafirma que lo hecho fue lo correcto: “Un juez constitucional no dicta sentencia con base en la opinión pública”.

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Incluso, sostiene que la liberación de Florence Cassez implica algo mucho más de fondo: la defensa de los derechos funda­mentales de un ser humano. Así, conven­cida, y sin alzar el tono de su voz, dice en entrevista con Forbes México: “Este caso ha sido el más difícil en los últimos años, pero también el más satisfactorio”.

Olga Sánchez Cordero tiene el poder de la decisión. Desde el 1 de febrero de 1995, cuando ocupó un asiento en el Tribunal Supremo, y hasta la fecha, se ha enfrentado al reto de dar la última palabra en casos delicados y a la vez polémicos, como el aborto y la homo­sexualidad. Su defensa la convierte en una ministra liberal. Su bandera: la defensa de los derechos fundamentales. Bajo esta óptica, Olga Sánchez Cordero fue la pri­mera ministra que habló en la Corte por la defensa de los menores, sobre adecuar la jurisprudencia para proteger a la niñez. Este tema nutre parte de su lucha.

También ha sido una voz para pregonar las necesidades de su género y, eso, la hace sentir orgullosa: “Yo rompí un tabú cuando dije que sí existe la violación sexual entre cónyuges, y defendí así la libertad sexual de las mujeres”.

Algo más: el nombre de Olga Sánchez Cordero es una huella en expedientes archivados sobre la defensa del aborto y del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Conclusión: a pesar de las polémicas que han generado sus fallos, la señora Ministra es la mujer más poderosa de México porque su voz, que bien podría resultar incómoda en las altas esferas del poder político del país, pretende impulsar la equidad y el Estado de Derecho en un país que tanto lo necesita.

Misión: forjar más mujeres poderosas

En la SCJN, además de ella, sólo está Margarita Beatriz Luna Ramos, quien pertenece a la Segunda Sala. Sólo dos mujeres en una Corte con 11 ministros es una baja representación, sobre todo porque en el fondo, ésta es una tendencia que atrapa a los empresarios, a los políticos, a muchas conciencias mexicanas.

“El problema son los estereotipos, ya que éstos definen a los hombres como racionales y objetivos, mientras que a las mujeres como emocionales y subjetivas. Además, recurrentemente se dice que el éxito para el hombre está en el trabajo y que las mujeres lo alcanzan en la familia. En mi opinión, esto es sólo un estereotipo con el que debemos terminar. Son condiciones humanas, no de género”, asegura la ministra.

En agosto pasado, Olga Sánchez Cor­dero presentó un protocolo para que en el sistema de justicia nacional se revisen, con perspectiva de género, los casos en los que hay mujeres involucradas. Lograrlo, es una de las batallas a las que mayor atención le ha dado Olga.

Y, para eso, hace sentir su poder: “Fui la primera notaria en el Distrito Federal, luego magistrada en el Tribunal Superior de Justicia y ahora ministra de la Corte, la posición más alta a la que puede aspirar un abogado. Esta posición me da la oportuni­dad de pelear porque lleguen más mujeres y que las que sean procesadas sean juzga­das con equidad”.

Está en el año 18 de los 21 para los que fue designada para ejercer como ministra. Pero sus objetivos no terminan ahí. “Tengo licencia como notaria. Posiblemente vuelva. Me encantaría seguir en la lucha por los derechos. Soy una apasionada de la búsqueda de la igualdad y de la equidad. Esa lucha no termina aún para mí”.

La influencia de la Ministra no sólo se manifiesta en el Poder Judicial. También se siente en su círculo más íntimo. Casada, con 45 años de matrimonio, tiene tres hijos que hoy empiezan a escribir su propia his­toria en las arenas en las que se mueve con bastante naturalidad su mamá.

“Mi hija es Jueza de Distrito y siempre ha estado a favor de la causa de los discapa­citados, armando sentencias innovadoras en pro de clases vulnerables de la sociedad. Mi segundo hijo es notario público y es un prestigiado joven abogado. Mi otra hija también quiere ser notaria, ha trabajado en tribunales colegiados y siempre ha sido solidaria con la población mije”.

Finalmente, ya lejos de las arenas de la Corte, cuando no porta su toga de ministra, Olga es una abuela feliz. “Me encantan mis nietos, son el postre de la vida”.

 

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