Desde 1967, cada 8 de septiembre se llama a las naciones del mundo a tomar conciencia y acción en favor de la alfabetización. Este día se dedica a la lucha diaria que se realiza o se debe realizar para no dejar a nadie atrás.

 En México, hay casi 4 millones de personas adultas que no saben ni leer ni escribir, que tienen pocas oportunidades de acceso tecnológico y que han sido excluídos de la digitalización educativa. Estos ciudadanos, pertenecen a sectores altamente vulnerables de la población como adultos mayores, personas con discapacidad, jornaleros agrícolas, indígenas y madres solteras (o jefas de familia).

De acuerdo a los estándares internacionales, México ya es un país libre de analfabetismo, pues el porcentaje de personas en esa condición está por debajo del 4% que establece UNESCO desde diciembre de 2018 (tarea que tiene el mérito único de la Campaña Nacional de Alfabetización y Abatimiento al Rezago Educativo emprendida de 2012 a 2018). Sin embargo, México, al igual que muchos otros países del mundo sigue teniendo un reto importante, atender a la población indígena que sigue siendo altamente susceptible al abandono y la  marginación. Situación que se ha profundizado gravemente por las condiciones actuales de emergencia sanitaria.

Del total de personas adultas en situación de analfabetismo en México, 1.3 de millones hablan una lengua indígena y viven aún bajo los usos y costumbres de sus comunidades de origen.

La comunidad internacional ha decidido poner a la alfabetización como una de la metas de desarrollo sostenible que además de garantizar un derecho humano, habilita a la persona para alcanzar las metas de equidad, igualdad y dignidad.

No obstante, los esfuerzos alrededor del mundo deberían estar encaminados para fortalecer los proyectos de sociedades inclusivas, solidarias, en las que los desafíos que impone el mundo globalizado, digitalizado y polarizado, se superen de forma más efectiva con ciudadanos libres de rezago educativo y preparados para desarrollarse en contextos multiculturales, multilingües y cada vez más complejos. La forma en la que las y los ciudadanos transiten por la nueva normalidad, dependerá en gran medida de los recursos, pero también de las oportunidades que se generen para garantizar condiciones de dignidad en la vida cotidiana.

La UNESCO, sigue en pie de lucha por un mundo en el que los proyectos de educación a lo largo de toda la vida sean el centro de las políticas públicas educativas. A través de sus iniciativas, países como México, han desarrollado a lo largo de los años programas de alfabetización que si bien no son contundentes en los resultados, habían mostrado al menos, la intención de realmente habilitar al ciudadano para la vida y el trabajo.

Está más que probado que los proyectos educativos que buscan propiciar momentos de aprendizaje a lo largo de la vida, son más efectivos que los programas paternalistas que entregan dinero a jóvenes y adultos; al desarrollar planes y programas educativos con un sentido de inclusión y largo plazo se fomenta el espíritu emprendedor que contribuye al desarrollo económico y fortalece los vínculos entre sectores industriales.

El Día de la Alfabetización en este 2020, debe servir también como detonante de la reflexión a nivel político y de gestión, al integrar de manera coherente los paquetes económicos con las políticas públicas que privilegien la educación y no el clientelismo ni las dádivas. Pues la disrupción generada por el Covid-19, ha alejado a millones de estudiantes lejos de las aulas, y los ha insertado en un modelo educativo para el cual están habilitados pero no están preparados por la falta de recursos.

Tareas titánicas como las que conlleva abatir el rezago educativo y combatir el analfabetismo digital, deben ocupar un lugar prioritario en la planeación presupuestal para poder desarrollar planes de continuidad sin sesgos políticos y genuinos en el compromiso de empoderar y dignificar a través de la educación a quienes más lo necesitan pues el analfabetismo es una deuda histórica que se requiere con urgencia saldar.

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