Lorenzo Córdova, cabeza del Instituto Nacional Electoral (INE), está por enfrentar el reto más importante de su vida profesional hasta el momento: la elección presidencial de este 2018.

Desde finales de 2011 ha sido parte del órgano electoral –en ese momento era Instituto Federal Electoral (IFE)–, aunque desde antes tuvo una gran cercanía al sistema rector de los comicios desde la academia, pues su especialidad es el derecho electoral.

Sin embargo, la política estuvo presente en su casa desde la infancia. Es hijo del politólogo Arnaldo Córdova y la filóloga italiana Anna Paola Vianello. Su padre fue la primera persona en obtener un doctorado en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, casa de estudios de la cual fue investigador emérito; además, fue un autor de referencia para la izquierda en el país y participó en diversos partidos, desde el Comunista Mexicano (PCM) hasta el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Nacido en 1972 –tiene 46 años de edad–, Córdova Vianello es licenciado en Derecho por la UNAM y doctor de Investigación en Teoría Política por la Universidad de Turín, Italia, y antes de ser nombrado consejero electoral era investigador de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, “hogar” de José Woldenberg, el célebre presidente del IFE que dirigió la elección presidencial del 2000: la de la transición, la de la derrota del PRI, la del triunfo del panista Vicente Fox. 

Justo por su cercanía al expresidente del IFE, Córdova junto con el consejero Ciro Murayama, emanado del mismo centro académico, han sido llamados “woldenboys”. En 2006, Córdova y Murayama publicaron el libro “Elecciones, dinero y corrupción. Pemexgate y Amigos de Fox”.

Antes de ser consejero electoral, el hoy presidente del INE cobró notoriedad por sus apariciones en los medios de comunicación, donde se erigió como un analista crítico. Gracias a su juventud y elocuencia, construyó un perfil altamente mediático.

En la negociación para llenar tres vacantes en el Consejo General del IFE en 2007, fue considerado por primera vez por los partidos políticos. El PRD lo propuso como una de sus cartas –en parte gracias a su procedencia del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM– y recibió el aval del PRI y del PAN; sin embargo, en las últimas horas del jaloneo político en la Cámara de Diputados, quedó fuera.

Cuatro años después, en diciembre de 2011, Córdova llegó por fin al IFE. En esa ocasión, su nombre de nuevo fue puesto sobre la mesa por el PRD y las negociaciones tuvieron al órgano electoral incompleto por 14 meses.

Llegó en la terna compuesta también por María Marván y Sergio García Ramírez; todos elegidos para un periodo que llegaría hasta el 2020.

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Tras la elección presidencial de 2012, en la que ganó el priista Enrique Peña Nieto, los legisladores federales decidieron renovar a fondo el órgano electoral; con ello, el IFE se transformaría en el actual INE.

La metamorfosis no fue tersa por la falta de acuerdos de los diputados, lo que ocasionó que desde el 31 de octubre de 2013, el Consejo General se quedara sin cinco integrantes, incluido su presidente. Los cuatro consejeros restantes –Córdova, María Marván, Marco Antonio Baños y Benito Nacif– acordaron una presidencia rotatoria; de esa forma, Córdova ocupó por primera vez la dirigencia del instituto.

Durante el proceso legislativo para dar vida al INE, los diputados dieron luz verde para que los consejeros en funciones pudieran entrar en la convocatoria para el nuevo Consejo General. Todos, salvo Marván, fueron reelegidos y Córdova, a propuesta del PRI, recibió el consenso partidista para ser el presidente del nuevo organismo.

Su desempeño como consejero y presidente ha sido criticado y calificado de tibio en más de una vez, ya que se le ha acusado de permisivo con conductas de partidos que han rayado en la violación a la ley o, de plano, la han violado.

Además, el seno del Consejo General a cargo de Córdova vive la división –algunas veces más marcada que otras– de dos bloques, uno comandado por él y otro por Marco Baños, identificado como supuesto alfil del PRI.

El actual proceso electoral, el más grande en la historia de México por el número de cargos que hay en juego, ha transcurrido sin mayores sobresaltos y en meses pasados, el presidente del INE logró sortear una dificultad, la ausencia de un elemento clave para la noche de la jornada electoral: el conteo rápido para anunciar un virtual ganador de los comicios presidenciales.

Tras una primera negativa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, frecuentemente contrario a las decisiones del INE, Córdova –de la mano de Murayama– halló la vía para hacer posible el conteo rápido y con ello, un anuncio de los resultados cercano a las 11 de la noche. 

Con los ojos puestos en la elección del próximo mandatario del país y con base en las encuestas, si el INE lleva una buena conducción de la jornada del 1 de julio, Córdova podría emular a su mentor Woldenberg y anunciar una nueva transición en el poder.

 

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