Cuando el fundador ya desarrolló su empresa debe planificar la sucesión, ya que es un proceso que implica tomar decisiones muy difíciles porque podrían no sólo dañar la empresa si no también afectar la relación familiar.

Esto es sin duda un tema trascendental en la vida de la empresa familiar: un cambio generacional y la decisión y preparación del fundador para entregar el mando empresarial a algún miembro de la familia o, dadas las circunstancias, a un tercero.

Entre los miedos más comunes que enfrentan quienes han creado una empresa están ceder el control, dejar el poder, la incertidumbre del retiro y los problemas que se provocarán en el núcleo familiar.

Si el fundador no se quiere retirar y los hijos no quieren estar juntos en la empresa, por muy crudo que suene es mejor que cada uno de los hijos continúe con su camino y una vez que el jefe de familia muera se venda la empresa. Si el escenario es diferente y a los hijos les interesa trabajar juntos en la empresa familiar, pueden acordar manejarla de alguna manera que sea del agrado de todos.

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Es importante que las personas comprendan que, en cierto momento, las cosas se tienen que dejar y continuar con otras metas del proyecto de vida.

La sucesión no se planea en el hospital

Se pueden prever varios conflictos, por supuesto, si la sucesión no se planea en un hospital, cuando el fundador está a punto de morir. Si lo que le preocupa al fundador es que su legado desaparezca si no está él, no planear y hacerlo hasta los últimos días, provocará inevitablemente que haya conflictos, desgarraduras y pérdidas. Por eso es muy recomendable que se reciba ayuda externa para planear el proceso y así eliminar los conflictos de intereses que se pudieran dar.

Otro camino que puede seguir un fundador que se abstiene a dejar su empresa en manos de los sucesores, es comenzar a delegar actividades poco a poco dejando a otros miembros hacerse responsables de cosas importantes. Esta es una forma muy funcional de actuar, porque se tienen todavía dos mundos: las nuevas generaciones dentro de la empresa y el conocimiento y experiencia del fundador.

Trabajar en los planes de sucesión empresarial y familiar es necesario para poder garantizar la armonía familiar y que el negocio continúe, porque según las estadísticas de nuestro país solo el 20% de las empresas familiares llegan a la tercera generación.

Finalmente es necesario tomar en cuenta que la actitud del fundador es lo más importante: cuando el dueño de una empresa se retira necesita ser optimista y entusiasta para poder apreciar la gama de opciones que se le presentan en el futuro. Dejar la empresa no es dejar la vida, pero si se deja de una manera inteligente, aumentarán la posibilidad de supervivencia del negocio que con tanto trabajo logró construir.

 

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