Por Luis Foncerrada Pascal*

En México y en el mundo ha habido muchas experiencias para comunicar de mejor manera a las comunidades rurales con la red vial del país. En el caso de México, además de la larga historia de creación de caminos durante la colonia y durante el siglo XIX, a partir de mediados del siglo pasado, de los años sesenta, se iniciaron en forma de política pública programas específicos de creación y mejora de caminos rurales para comunicar pequeñas poblaciones a la red vial. Estos programas, bajo diferentes denominaciones, se continuaron sexenalmente hasta la fecha, prácticamente sin interrupción.

Hoy en día, la actual administración está considerando mantenerlo, aunque con cambios al programa anterior y a través de una modalidad diferente. En algunos sexenios se consideró que la creación de estos caminos, construidos fundamentalmente con mano de obra, serían adicionalmente creadores de empleo. Durante la década de los setentas se establecieron como caminos de mano de obra y se llevaron a cabo estudios para conocer su impacto socioeconómico. Otros se iniciaron específicamente como programas para generar empleo, como el Programa de Empleo de Emergencia en los años 90, y otros programas de empleo temporal durante la primera y casi toda la segunda década de este siglo, desde el año 2000.

La evaluación en términos tanto del impacto económico como social, además de la generación temporal de empleo, ha mostrado muchos efectos positivos, tanto para México como para muchos otros países. Por nombrar algunos ejemplos:

  • En Perú, después de la labor realizada en 20 mil kilómetros de creación y mejora de caminos rurales -apenas una quinta parte de los que habría que mejorar y mantener-, entre 2006 y 2015, contribuyó de manera sustantiva, como lo describe Richard Webb, a la reducción de la pobreza clasificada como “situación de pobreza monetaria”, al pasar de 49.2% a 21.8%.
  • En la India, los estudios de evaluación concluyeron que gastar en caminos era el factor que mejor incidía en la reducción de la pobreza rural en comparación con otros tipos de gastos públicos. El cálculo fue que por cada millón de rupias (22 mil dólares) en caminos rurales, 163 personas pudieron salir de la pobreza.
  • En Vietnam, se encontró una clara relación entre el nivel de actividad económica y la extensión de la red de caminos rurales. Se calcula que, por cada dong de inversión en éstos, el valor de la producción agrícola aumentaba en tres dong.
  • En Bangladesh, de acuerdo con las investigaciones, fue que la mejoría en los caminos incrementó en 27% los sueldos agrícolas y 11% el consumo per cápita. Se calcula que la pobreza extrema cayó entre 5% y 7% y hubo un aumento en la escolaridad de niños y niñas.

Todos los programas mencionados contaron con la cooperación financiera del BID y del Banco Mundial, a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF). Habría que explorar la disponibilidad de fondos para los programas de caminos rurales de estas instituciones para nuestro país.

Sin duda, los caminos rurales contribuyen a reducir el aislamiento de las comunidades, comunican a su población con centros de consumo y producción y favorecen el acceso a servicios básicos como salud y educación. Y por supuesto, son un factor importante en la reducción de la pobreza, en particular en los estados del sureste de la República.

Para el 2019 hay un cambio importante en la forma de asignar recursos para este programa en nuestro país. Un mayor presupuesto ha sido asignado al Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS) -en 2019 la asignación presupuestaria de este Fondo creció en 8,500 millones de pesos-, y se modificaron los lineamientos de su Ramo 33 “Aportaciones Federales para Entidades Federativas y Municipios”, para que hasta el 60% de los recursos de este fondo puedan utilizarse en obras de urbanización, pavimentación, caminos rurales, puentes, obras de reconstrucción y carreteras.

Hasta el 2018, la Secretaria de Comunicaciones y Transportes (SCT) construyó este tipo de vialidades a través del programa K031 “Proyectos de Construcción de Carreteras Alimentadoras y Caminos Rurales”. De acuerdo con los datos históricos disponibles, este programa estuvo vigente, al menos, desde 1996. El programa K031 era operado por 31 Centros SCT, mismos que dependen de esta Secretaría pero que se encuentran localizados físicamente en cada una de las entidades federativas, con la excepción de la Ciudad de México, la cual debido a su estatus jurídico no era considerada una entidad federativa.

Los cambios descritos sugieren que de ahora en adelante la función de “construir caminos rurales” será realizada a través del FAIS, con lo que los proyectos ya no serían ejecutados por la Federación, sino por las Entidades Federativas y los Municipios. Para que ello suceda, es necesario que la Secretaría del Bienestar, como encargada del FAIS, reforme sus lineamientos para hacer explícita la posibilidad de construir caminos rurales con estos recursos. Es fundamental, en la lucha para reducir la pobreza, que la nueva Secretaría del Bienestar reforme los lineamientos aceleradamente, y vea que los recursos sean asignados sin demora ni corrupción. De otra forma, el futuro de los caminos rurales será incierto.

*Asesor Económico de American Chamber/Mexico

 

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