Cuando se habló de abrir el mercado de combustibles al capital extranjero, permitir la libre importación de petrolíferos y liberar el precio de esos productos no se pensó en los problemas que acarrearía la decisión.

En repetidas ocasiones Petróleos Mexicanos (Pemex) ha insistido en que tiene capacidad para atender la demanda nacional de combustibles y la realidad es que si la tuviera no se estarían presentando los problemas de desabasto de gasolina y diésel, como los de los últimos días en el Valle de México.

Por casi cuatro décadas Pemex decidió no invertir en nuevas refinerías (sólo tiene seis) y le ha apostado a la compra de los petrolíferos en el extranjero. En esta ocasión, la falta de combustibles en gasolineras del centro del país se debió a que el mal clima en el puerto de Tuxpan impidió la descarga de los buques con el producto.

Además de la demanda de productos extranjeros, no satisfecha por el mal tiempo, están los boquetes que hacen las bandas organizadas en los ductos de Pemex Logística, la filial encargada del transporte y distribución de combustibles en México. Las tomas clandestinas provocan que la petrolera del Estado deje de enviar producto y que realice reparaciones en los tubos. Mientras eso sucede, no hay combustibles que trasladar.

En temporada vacacional como la actual, la demanda de combustibles aumenta porque la gente aprovecha para realizar viajes  y aumentan las necesidades de sistemas de calefacción.

Así que, todo indica que los problemas de abasto continuarán porque las tomas clandestinas aumentan en lugar de disminuir y la sustitución de contratos a las casi 12 mil gasolineras que operan en el país podría derivar en suspensión de suministro de combustibles a partir del 1 de enero de 2017.

Pemex Transformación Industrial está sustituyendo los actuales contratos de venta de primera mano que vencen el 31 de diciembre de 2016, por contratos para la venta de primera mano y comercialización de combustibles por tres, cinco o siete años.

Para concluir el trámite, Pemex Transformación Industrial impuso un plazo de 10 días hábiles, pero los empresarios gasolineros aseguran que la medida es incongruente porque la liberación de los precios de combustibles será para el 1 de febrero de 2017 y sólo en los estados de Baja California y Sonora, donde existen condiciones de competencia.

Los tres factores: problemas para la importación de combustibles, tomas clandestinas en ductos y terminales de almacenamiento  y la renovación contractual representan fenómenos de riesgo para el abasto, que no estarían ocurriendo si a Pemex se le hubiera preparado bien antes de promover la apertura del mercado.

Pemex ha empezado a competir con problemas estructurales que le representan pérdidas económicas (por las tomas clandestinas), sobre costos (porque tiene que realizar faenas nocturnas para abastecer los combustibles) y diferencias administrativas y comerciales en detrimento de su imagen y de los consumidores. Por lo tanto, es de esperarse que la insuficiencia en el abasto persista en el corto y mediano plazos.

 

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