La fiebre por las energías renovables gana terreno, pero el precio de los hidrocarburos y la falta de claridad entre las metas y compromisos gubernamentales cierran el camino para las energías limpias.

 

En 2014,  la inversión en energías renovables llegó a 270,000 millones de dólares, un crecimiento de 17% en los últimos dos años. Esto sugiere que las energías limpias seguirán ganando terreno sobre las fósiles, como el petróleo y el gas.

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Pero no todo es favorable para su crecimiento. Existen por lo menos tres motivos por los que los hidrocarburos seguirán en el podio de la producción energética en todo el mundo: el bajo precio del petróleo, la falta de sanciones para los países que no cumplen acuerdos para reducir el efecto invernadero y la incongruencia política entre las metas y los compromisos de los gobiernos.

El valor de la industria de hidrocarburos equivale al Producto Interno Bruto (PIB) de países como México. La inversión en energía ronda 1.6 billones de dólares al año y 70% de estas inversiones se destinan, principalmente, a la extracción y transporte de hidrocarburos, refinamiento de petróleo y construcción de plantas, según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).

Si piensas que el combate al cambio climático detendrá a la industria petrolera, continúa leyendo. Te presentamos tres razones por las cuales el panorama no le favorece a las energías limpias.

 

1. Bajos precio del crudo

La caída de más de 50% de los precios de crudo en el último año hace más barato producir electricidad a través de gas y otros hidrocarburos, desde el petróleo hasta el diésel. En  julio de 2015, los precios pasaron de 55 a 46 dólares por barril, pero llegaron a estar arriba de los 120 dólares por barril en julio de 2008.

“Es una tendencia que se está frenando a tasas muy aceleradas porque la caída del precio internacional del petróleo hace más baratos los insumos fósiles. Es muy difícil para las energías renovables competir con ese insumo”, advierte Luis Serra, integrante del Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC).

Las instituciones financieras mantienen un pronóstico a la baja. Goldman Sachs estima que el precio del barril  llegará a los 40 dólares en octubre. Asimismo, el banco inglés dijo a medios que los precios podrían seguir en 50 dólares durante 2020.

 

2. Ausencia de sanciones ambientales

La falta de voluntad política limita el combate al cambio climático. No hay acuerdos vinculantes ni sanciones para los países que incumplan con las metas de reducción de gases de efecto invernadero, dentro del Protocolo de Kioto, argumenta el analista del CIDAC.

Existen antecedentes que le dan la razón a Serra. En 2011, Canadá, el tercer país con mayores reservas de petróleo, abandonó el pacto para evitar sanciones.

China, con altos índices de contaminación industrial, ha hecho esfuerzos significativos por diversificar sus fuentes de energía: cuenta con 25 reactores nucleares en construcción y 27 en operación. Sin embargo, su proceso de industrialización tiene un largo historial de secuelas.

La ciudad de Harbin en el noreste del país asiático, con 11 millones de habitantes, se detuvo casi por completo en 2013, cuando la contaminación del aire llegó a cerca de 50 veces los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pekín tuvo su propia emergencia en enero de ese año, cuando la polución del aire superó en 45 veces el nivel recomendado.

 

3. Falta de claridad entre metas y acuerdos

Los países presentan caminos a seguir, pero no hay congruencia entre las metas ambientales y los compromisos políticos. En el caso de México, con la reforma energética en vigor, la única ley que se ha quedado sin aprobar es, precisamente, la que impulsa la inversión en energías renovables.

La Ley de Transición Energética marca un objetivo muy específico: 35% de la generación de energía eléctrica para 2024 debe provenir de fuentes limpias. Sin embargo, en la primera sesión del Congreso, que terminó en abril de 2015, no hubo ningún avance.

“La sustitución no se va a dar del todo, va a haber una diversificación”, reconoce en entrevista Luis Aguirre, CEO y fundador de GreenMomentum, consultora de tecnología sustentable.

 

La pregunta de los 1,000 millones

Pese a estas razones en contra, los expertos consultados confían en una disminución del porcentaje de inversión en energéticos fósiles y, en consecuencia, en que se aprovechará el potencial de las energías limpias.

La apuesta por el cambio de energéticos fósiles por limpios ya se fragua en países desarrollados: la importación de hidrocarburos en la Unión Europea se reducirá más de la mitad en comparación con el nivel actual hacia 2050, gracias a las energías renovables. Durante este periodo, el promedio de costos caerá entre 175,000 millones de euros (mde) y 320,000 mde anuales, según estimaciones de la Comisión Europea.

Las estimaciones en el muy largo plazo tampoco favorecen a la industria. Para 2050, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) estima que 300,000 millones de dólares (mdd) en activos de energía fósil podrían devaluarse si se cumple el escenario de no aumentar dos grados Celsius (C°) la temperatura mundial, según el estudio “World Investment Outlook 2014” de la AIE.

Para que la transición se vuelva una realidad en México, se necesita un plan gubernamental de generación distribuida, es decir,  mejorar el sistema eléctrico nacional, la interconexión, la transmisión y distribución de electricidad, sugiere Serra.

Además, los gigantes petroleros piensan dos veces antes de invertir en energías fósiles. Basta con mirar la primera fase de licitaciones de Pemex casi desierta, con sólo dos contratos de 14 bloques ofertados en el Golfo de México.

Para Aguirre, el deseo del gobierno de sacar la Ley con todas sus especificaciones fue una de las principales razones por las que se pospuso su debate en el Congreso. Esta ley de Transición Energética va a definir los objetivos por región sobre la generación, división y distribución de energías limpias y, aunque en éstas se incluye al gas natural, hidroeléctricas y nucleares, el impulso de las energías que también sean renovables serán las que realmente beneficiarán la transición.

En materia de energías limpias en México, dice Luis Aguirre, todo está por verse: “Lo interesante (de la Ley) es cuánto de esas energías renovables se generará a partir de la solar, eólica y geotérmica. Esa es la pregunta de los 1,000 millones.”

 

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