El maestro estaba en casa

Por Eduardo Tricio Haro / presidente del consejo de Grupo Lala

En casa tuve a mi principal maestro para la vida: Eduardo Tricio Gómez, mi papá. Su ejemplo y actitud fueron mi inspiración desde que era pequeño. A los 13 años, comencé con mi primer negocio, que consistía en la crianza y venta de pollos. Yo mismo me encargaba de ir casa por casa a venderlos. Dos consejos de mi papá eran mi motivación permanente y él los demostraba con el ejemplo: “Cuiden siempre a la familia” y “Trabajen duro todos los días”.

Años después, como estudiante de agronomía en el Tec de Monterrey, me inicié en la compra y venta de ganado lechero para rastro y también incursioné en la compra de ganado por consigna para otros ganaderos. Durante los fines de semana, aprovechaba para comprar ganado en La Laguna o en Estados Unidos y Canadá. Todo esto me permitió crear un pequeño capital antes de concluir mis estudios universitarios. En 1985, con el dinero ahorrado en los tiempos de estudiante y el apoyo y consejo de mi papá, inicié mi primer establo lechero, siguiendo con la tradición familiar que comenzó mi abuelo en España, a principios del siglo pasado.

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A los 25 años, me invitaron a participar en el Consejo de Administración de Lala, lo que significó para mí una segunda universidad, pues pude aprender de gente valiosa, comprometida y con gran experiencia y conocimiento de la industria.

Entre los valores que encontré, y que daban sentido a lo que yo buscaba como joven, estaban trabajo duro, austeridad, innovación y un propósito común de cuidar a las familias mexicanas con alimentos saludables, nutritivos y de la mayor calidad.

En 2000 fui nombrado presidente del Consejo de Lala. En esta responsabilidad me ha tocado continuar la tradición de esfuerzo de los ganaderos que han dedicado su vida a esta labor.

Siempre he creído que es muy importante apoyarse en gente con mucho más talento que uno mismo, y precisamente esto nos permitió, en Lala, seguir creciendo. Con los años, nuestra gente ha hecho de Lala una empresa impulsora del desarrollo de la industria en América y nuestra marca es hoy la preferida y reconocida por millones de familias en México, Estados Unidos, Centroamérica y, espero que próximamente también, en Brasil.

Como me enseñaron en casa, seguimos trabajando duro todos los días. Y lo hacemos cuidando nuestro origen, a nuestra gente, a las familias y a nuestro entorno. Estamos comprometidos con México, con cada lugar en donde operamos y con la salud y nutrición de las familias.

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