DW.- Peter Demetz es un académico estadounidense de origen checo, nacido en Praga en 1922, y especializado en filología alemana. DW lo contactó en su residencia de New Brunswick, New Jersey, para hablar con él sobre su nuevo libro “Dictadores en el cine: Lenin, Mussolini, Hitler, Goebbels y Stalin”, donde analiza la forma en que tiranos fascistas, comunistas y sus allegados se relacionaron con el séptimo arte. “Ese es un tópico que me interesa desde mi juventud”, señala el autor de 96 años, destacando la frecuencia con que solía ir al cine en la ciudad checa de Brno durante la ocupación nazi (1939-1945).

Deutsche Welle: Adolfo Hitler, quien no siempre fue un aficionado del séptimo arte, terminó viendo varias películas al día entre 1933 y 1939. ¿Qué lo hizo convertirse en un cinéfilo?

Peter Demetz: Una de sus primeras experiencias en una sala de cine fue particularmente impactante. En la ciudad austríaca de Linz, cuando tenía dieciséis o diecisiete años de edad, él vio una película educativa que incluía imágenes alusivas a la prostitución y a las infecciones de transmisión sexual. Él seguía hablando sobre esa película muchos años después, en plena Segunda Guerra Mundial. El interés de Hitler en el cine se lo debió, en parte, a la influencia de Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945; pero Hitler desarrolló ese interés por su cuenta.

En la década de los veinte, cuando salía con sus colaboradores en Múnich, ellos no sólo tomaban cerveza o visitaban los cabarets; también iban al cine. En un momento dado, Eva Braun apareció en su vida…

…Eva Braun, quien posteriormente sería pareja de Hitler, trabajaba como asistente y modelo de Heinrich Hoffmann, quien a su vez se convertiría en el fotógrafo oficial de Hitler más adelante…

...Hoffmann siempre le pedía a Eva Braun que se sentara junto a Hitler. Fue así como el interés de Hitler en el cine se acentuó, pero sólo hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Después de eso, él sólo veía las cintas de noticias para contemplarse a sí mismo.

Ya en 1933, Goebbels transformó por completo la industria del cine alemán. ¿Descubrió él más rápidamente el poder que el cine podía tener como herramienta de propaganda?

De hecho, Goebbles descubrió el cine bastante tarde. Sus primeras notas sobre el cine fueron encontradas en un diario de 1924. Él escribió sobre el cine mudo escandinavo, subrayando como el estilo de los actores difería del de los alemanes. Él tenía apenas 27 años en ese momento. Sin embargo, Goebbels conservó su interés por el cine por mucho tiempo.

Varios historiadores señalan que Goebbels y Hitler eran aficionados al cine británico y al que se hacía en Hollywood. A primera vista, eso luce contradictorio, considerando lo que planteaba el cine de propaganda nazi…

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Eso se debe a varias razones. Goebbels quería reproducir el éxito de las producciones estadounidenses y rodar las películas de guerra alemanas desde una perspectiva civil, como la película “Mrs. Miniver”, de 1943, que giraba en torno a la vida de una familia en tiempos de guerra. Sin embargo, Goebbels nunca logró un producto similar. El cine bélico alemán siempre fue demasiado solemne, comparado con el producido en Estados Unidos y Gran Bretaña. Hitler, por su parte, tenía sus propias motivaciones: él estaba buscándose a sí mismo en las películas; a él le urgía desarrollar su propia autopercepción biográfica.

Una de sus películas favoritas era la producción hollywoodense “¡Viva Villa!”, sobre la vida del revolucionario mexicano Pancho Villa. Hitler se veía a sí mismo como un revolucionario del pueblo. No obstante, Goebbels no quería que “¡Viva Villa!” fuera exhibida en los cines alemanes; le parecía que su contenido podía servir como factor de agitación… Hitler también estaba buscando la representación de conflictos padre-hijo en el cine, probablemente debido a su propio trasfondo familiar. Y él encontró ese tipo de dramas en el cine colonial británico, donde un padre conservador se enfrentaba a un hijo menos conservador.

Otros dictadores deseaban verse reflejados como héroes en la pantalla gigante…

Los dictadores se relacionaron con el cine de formas muy diferentes. En Italia no había películas que presentaran a Benito Mussolini. Él aparecía en noticieros hechos para el cine, incluyendo uno titulado “Il Duce” y rodado en una playa de Riccione, pero no en películas dramáticas. Eso sí, todos los espectadores daban por sentado que los héroes hercúleos como Maciste eran representaciones metafóricas de Mussolini, aun cuando Mussolini nunca era nombrado.

¿Cómo era la situación en la Unión Soviética?

Originalmente, Lenin prohibió todas las películas que lo presentaran como un personaje; él no autorizó ni una representación biográfica. Pero, una vez que murió, fue convertido en una figura cinematográfica, casi siempre por encargo de José Stalin, a quien le gustaba aparecer en el cine como el líder que completó la obra de Lenin. Stalin fomentó su representación en las películas. Por ejemplo, en el clásico de 1950 “La caída de Berlín”, se le ve volando a Alemania para liberarla cuando, en realidad, él evitaba los vuelos y prefería viajar por tren. Stalin se hizo convertir en una figura cinematográfica; eso es algo que no muchos otros dictadores hicieron.

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