Aunque el secretario de Hacienda aseguró que uno de los retos del gobierno es crecer en el corto plazo, la verdad es que poco se puede hacer. Al parecer habrá que esperar  el efecto de las reformas estructurales en el crecimiento de la economía para el mediano y largo plazos.

 

Crecer en el corto plazo y no esperar a que las reformas estructurales den sus frutos en el Producto Interno Bruto (PIB) es uno de los cuatro grandes retos del gobierno, según la Secretaría de Hacienda. Pero, ¿hay algo que pueda hacer para crecer más y más rápido? ¿Qué herramientas tiene para lograrlo? ¿Cuál es su margen de maniobra? ¿Lo logrará?

En el Foro Forbes 2014, que se realizó el 30 de septiembre,  el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso,  puntualizó durante su discurso que uno de los principales retos de México es el crecimiento en el corto plazo:

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“Las reformas no tienen efectos en el corto plazo, pero el gobierno de la República está implementando mecanismos para acelerar el crecimiento en el corto plazo de forma temporal, por lo que este año propusimos una reducción del déficit.”

¿De qué estaba hablando el secretario de Hacienda? ¿A qué mecanismo para acelerar el crecimiento se refería? Para averiguarlo, Forbes México se dio a la tarea de investigar cuáles son las herramientas o caminos que pueden dar a la economía mexicana una aceleración en el corto plazo. Los tres principales son:

1. Gasto de inversión pública.
2. Reducción de impuestos.
3. Política monetaria.

1. ¿Y dónde quedó el gasto?

La principal herramienta con que cuenta el gobierno federal para acelerar el crecimiento en el corto plazo es el gasto público, debido a que con éste se pueden generar más empleos formales y hay una mayor productividad, lo cual es benéfico para la economía.

Entre enero y agosto, el gasto programable creció 10.8% respecto al mismo periodo de 2013, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Esto da a entender que durante los primeros ocho meses del año el gasto programable del sector público se ejerció de forma oportuna y no hubo subejercicios.

Dentro del gasto total, la inversión física aumentó 26.5% durante el periodo enero-septiembre respecto al mismo periodo de 2013. No obstante, datos recolectados por el observatorio económico México ¿Cómo Vamos? muestran que la inversión del gobierno cayó 8.3% en el segundo trimestre de 2014 y, peor aún, que  ha sido negativa en cinco de los últimos seis trimestres.

Hay una discrepancia entre las cifras que dan a conocer la SHCP y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), debido a que la dependencia federal argumenta que ya ha erogado 100% de los recursos que están destinados a obra pública en los estados, pero cuando este dato es medido con las cifras de inversión pública que da el INEGI se encuentra que se ha gastado menos, explica Viridiana Ríos, directora general de México ¿Cómo Vamos?

¿Por qué el gasto y la inversión del gobierno no se han convertido en instrumentos de impulso económico? Hay varias razones:

El principal problema, puntualiza Ríos, es que los recursos están detenidos en las arcas de los estados y los municipios, que ya tienen los recursos pero no los han ejercido.

Otra de las razones, según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), es la ineficiencia que prevalece en el ejercicio del gasto público. “Lo que pasa con los proyectos y programas es que muchas veces se autoriza el presupuesto, pero no existe un plan para la ejecución”, explica Sunny Villa, del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).

Una explicación más, agrega la investigadora del CIEP, es la forma como está estructurado el gasto público en México. En el país existen 23 programas que son los que concentran 50% del gasto total, lo que significa que el grueso del gasto se va para pagar pensiones, deuda y otras actividades cotidianas del gobierno, como el pago de nómina de la burocracia. Esto, dice Villa, no le permite al gasto ser una herramienta para el crecimiento en el corto plazo.

A final de cuentas, opina José Isaac Velazco, economista de la institución bancaria Ve por Más,  el gasto como herramienta de crecimiento puede ser limitado, ya que su efecto se ve en el mediano plazo, debido a  que la implementación de los proyectos de infraestructura tardan entre tres y seis meses.

 

2. ¿Bajar impuestos?

La reducción de impuestos es una medida que pudiera ayudar al crecimiento en el corto plazo, por ejemplo deducir la inversión de las empresas al 100%, opina el economista Jonathan Heat. Además, dice, esta medida podría reactivar el consumo privado, que es el mayor componente del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, aclara, se trata de una opción que no será tomada por el gobierno, ya que no se propuso ninguna reducción de impuestos en el proyecto de Presupuesto 2015 y el presidente Enrique Peña Nieto ya ha dicho que no habrá más medidas fiscales el resto de su sexenio.

La reducción de impuestos puede incentivar el crecimiento económico, dice la directora general del observatorio México ¿Cómo Vamos?, pero aclara que en una economía globalizada, el hecho de que un país reduzca los gravámenes no significa de facto que los inversionistas depositarán su capital en México.

La disminución de gravámenes, asegura,  sólo servirá en el caso de que ésta venga aparejada de incentivos para la inversión privada.

 

3. ¿Y en dónde queda la política monetaria?

Otra herramienta que ha impulsado el crecimiento ha sido la política monetaria, dice Gabriel Lozano, director de Investigación Económica de JPMorgan. Recuerda que en los últimos dos años el Banco de México (Banxico) ha hecho varios ajustes a su tasa de referencia, que actualmente se encuentra en 3%.

El economista de JPMorgan puntualiza que el impacto de corto plazo de una reducción en la tasa de política monetaria es sobre la confianza de consumidores e inversionistas, pues los ajustes de Banxico generan expectativas favorables que se pueden reflejar en mayor voluntad de las empresas para invertir y contratar personal, y una mayor intención del consumidor para gastar.

Sin embargo, las medidas de política monetaria tampoco son una herramienta que tenga un impacto instantáneo, aclara Lozano, quien afirma que la transmisión de la política monetaria a la economía tarda entre seis y 12 meses.

Ante este escenario en que hay un menor crecimiento económico y las medidas o herramientas para apoyar el Producto Interno Bruto (PIB) en el corto plazo parecen ser insuficientes, lo que queda es apostar por el crecimiento en el mediano y largo plazos, el cual será dado por las reformas aprobadas. Por lo menos así lo esperan los especialistas.

 

Crecimiento fuerte, ¿ahora sí?

Pese a que en el corto plazo queda casi nada que hacer para crecer, el sentimiento entre los expertos es de optimismo. Las reformas aprobadas este año sientan las bases para tener un crecimiento de entre 4 y 4.5% en el largo plazo, asegura Luis Vallarino, director de Análisis y Estrategia de Banco Interacciones.

La reforma energética, según Vallarino, es la que más impactará económicamente, aunque las reformas financiera y de telecomunicaciones dan una base más amplia para que haya más competitividad.

Las reformas deberán ser implementadas de forma gradual, por lo que hay bastante espacio para que se logre un crecimiento potencial cercano a 4.5% en el mediano y largo plazos, opina  Gabriel Lozano, director de Investigación Económica de JPMorgan. “Considerando que la implementación de las reformas va a ser gradual, esto va a permitir una derrama paulatina para el resto de la economía.”

Será interesante, dice Lozano, comparar el crecimiento promedio de los últimos 20 o 30 años, que ha sido cercano a 2.5%, con el crecimiento de finales del sexenio, que, según estima JPMorgan, será del doble.

Pero este optimismo en el efecto positivo de las reformas en la economía tiene un obstáculo en el camino, advierte el economista de Interacciones: “Muchas de estas reformas requieren un reordenamiento fiscal para poder ser sustentables en el largo plazo.”

 

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