Desarrollo-sin-crecimiento

La población de menores ingresos está en el centro de la política pública de la actual administración. La apuesta consiste en reforzar sus ingresos a través de programas de apoyo y medidas como el incremento al salario mínimo, pero, para este segmento de la población, también es importante que la economía crezca.

La meta de un crecimiento de 2% para el cierre de 2019 luce lejana. Tras revelarse que la economía avanzó 0% en el segundo trimestre del año, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que el dato no le preocupaba. 

“Sí nos importa el crecimiento, pero nos importa más el desarrollo. Lo que estamos haciendo es una mejor distribución […] Crecer puede ser que beneficie a un pequeño grupo, pero ahora se está creciendo y hay más y mejor distribución del ingreso abajo. La gente tiene más capacidad de compra; más poder adquisitivo la mayoría de los mexicanos. Por eso no me preocupa mucho el anuncio”.

En el corto plazo, enfocar las estrategias del gobierno en el combate a la desigualdad puede compensar un bajo crecimiento económico, coincide Rodolfo de la Torre, director del Programa de Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Pero, en el largo plazo, añade, una economía que no crece termina por impactar fuertemente a la población de menores ingresos.

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“En economía, existe una regla que dice que un aumento de 1% en el ingreso per cápita ayuda a reducir en 1% el índice de pobreza; sin embargo, cuando la población crece y el crecimiento [económico] es cero, se da una reducción del PIB per cápita y, por tanto, un aumento en la pobreza”, indica.

El problema

El crecimiento en el primer semestre del año fue el menor después de la crisis de 2008-2009, debido a caídas en la actividad secundaria (minería, construcción) y la debilidad en la rama terciaria (comercio, transporte). En junio, lo que destacó fue un menor dinamismo en los servicios, mientras que la industria exhibió una menor caída, según detalla un análisis de Grupo Financiero Bx+.

El crecimiento cero, pese a no ser alentador, libró a la economía de una recesión técnica. Sin embargo, en el largo plazo, una economía que no crece no cuenta con más recursos para sacar adelante una estrategia de redistribución.

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Foto: Alejandro Guzmán / Notimex

En México, se ha observado que el crecimiento económico reduce la pobreza, aunque sólo para algunas entidades federativas, apunta Raymundo Campos, académico con licencia de El Colegio de México. Esto lleva a que, a escala nacional, haya una elasticidad unitaria de la pobreza respecto del crecimiento.

“El crecimiento en México no siempre beneficia a los más pobres, o a los más ricos. En Estados Unidos, se probó que etapas con un magro crecimiento beneficiaban a los segmentos de mayores ingresos. Pero, en México, no tenemos un estudio o datos que nos puedan apoyar en esa teoría. Lo cierto es que el crecimiento cero es inaceptable, porque no da herramientas para disminuir la pobreza”, afirma.

Contra la desigualdad

En una investigación conjunta con Luis Monroy-Gómez-Franco, Campos explica que los gobiernos típicamente diseñan políticas públicas focalizadas contra la pobreza. Pero esas políticas son complementarias, no sustitutas, del desempeño económico regional.

Dicho de otra forma: si la demanda de trabajo no crece, no puede haber mayor número de empleos o mejores salarios y, por tanto, no hay forma en que las personas en pobreza puedan salir de esa condición permanentemente. 

Por otro lado, el crecimiento económico puede estar relacionado con un beneficio mayor para el capital que para el trabajo.

Esto implica que, dependiendo de qué sectores de la economía sean los que más crezcan, el tipo de empleos que se generen y las condiciones iniciales de la economía, será la capacidad del crecimiento para reducir la pobreza.

“No podemos afirmar que exista un ‘efecto derrame’ del crecimiento; puede haber episodios de crecimiento que no beneficien a los más pobres”, señala Campos.

Para De la Torre, un ejemplo de política para combatir la desigualdad es el aumento en el salario mínimo, que representó una mejora en el ingreso de las personas con sueldos más bajos. 

Pobreza

De no haber crecimiento, los más pobres, lo resentirían. Foto: Cortesía Revista Yucatán.

“Esta medida es efectiva en materia de redistribución; sin embargo, en un ambiente de bajo crecimiento quedan fuera de este efecto los más pobres, cuyos trabajos están en la informalidad y ven precarizada su actividad ante un menor consumo”.

El investigador explica que el segmento que se encuentra fuera de la economía formal en ocasiones se ve beneficiado por apoyos públicos, incluso transferencias monetarias; sin embargo, el crecimiento económico cobra mayor relevancia cuando se habla de apoyos que requieren presupuesto.

“El crecimiento es importante para los programas sociales, pues, si la economía continúa desacelerándose, se impactará la recaudación y, con ello, los recursos disponibles para los programas y proyectos de inversión [y] como efecto de corto plazo puede verse una expansión más lenta del número de beneficiarios de los programas sociales. Hoy no hay evidencia todavía de una mejor distribución del ingreso”, advierte.

Crecimiento incluyente

Tanto De la Torre como Campos coinciden en que una estrategia de combate a la desigualdad es necesaria, pero, para que la estrategia sea profunda y de largo plazo, también es necesario que la economía reporte mejores tasas de crecimiento.

Para la segunda mitad del año, los riesgos para el crecimiento económico están encabezados por Estados Unidos y China, quienes enfrentan una guerra comercial que ya ha impactado la tendencia de crecimiento de otras naciones desarrolladas, como Alemania. 

En lo interno, para que exista un mayor crecimiento será necesario ver mayor certidumbre e inversión, así como un ejercicio más ágil del gasto público.

“Es importante ver más certidumbre que detone la inversión privada; no puede sostenerse el bienestar de largo plazo de una sociedad sin expansión económica. Por otro lado, la única forma de profundizar una redistribución de los ingresos es cambiar la asignación del gasto y contar con más recursos. No puede hablarse de que ya las cosas estén mejor, porque es muy difícil lograr avances contra la desigualdad en el corto plazo”, advierte De la Torre.

En países desarrollados, las estrategias de combate a la desigualdad pueden compensar el mantenimiento de tasas bajas de crecimiento por periodos largos, añade Campos. No obstante, para el caso mexicano, el combate a la pobreza sí requiere un mayor dinamismo.

“En los países con mayor desigualdad es más difícil combatir la pobreza. El crecimiento económico sostenido es necesario para crear empleo. Hoy, todavía no sabemos qué impacto tendrá este periodo de crecimiento cero entre los más pobres”.

 

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