El freno que el gobierno de la Ciudad de México puso desde octubre del año pasado a los permisos para construcción, incluidos los que ya estaban en ejecución, debido a múltiples casos de supuesta corrupción y violación al reglamento en la materia, podría tener ya saldos negativos en el sector inmobiliario corporativo, principalmente en cuanto a oficinas en renta.

El primero sería la pérdida de credibilidad de los capitales en vehículos como los fideicomisos de inversión y bienes raíces (Fibras) y el segundo la baja en el nivel de inventario, asegura Richard Schmidt, vicepresidente senior de CBRE México.

El especialista opina que el problema podría llegar a un punto en el que no haya la suficiente oferta de oficinas para atender el mercado, sobre todo para albergar a grandes inquilinos de los sectores tecnológicos y financieros, los cuales podrían verse en la necesidad de voltear a ver otras opciones en el país.

En sus cálculos, en la actualidad hay aproximadamente 900,000 m2 de oficinas disponibles en la Ciudad de México, y cada año se absorben alrededor de 400,000, por lo que, de continuar a este ritmo, en alrededor de dos años se terminaría el inventario.

“Podría ser antes, podría ser después, no sabemos si lo de las licencias se liberará en un par de meses, [si] es cosa de seis meses, un año o dos. Hoy, es incierto, y habrá que estar preparados”, plantea.

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Las compañías ya resintieron el impacto, dice el Schmidt: “Al sector de los desarrolladores le ha pegado muy fuerte, porque tienen estas inversiones millonarias detenidas y no tienen una certeza de cuándo podrán liberarse o si podrán liberarse los permisos”.

Por otro lado, afirma que en términos reales esto ha ayudado a que las oficinas en los edificios que están construidos empiecen a rentarse más rápido, porque ya no tienen tanta competencia de los inmuebles que debieron de haber sido entregado en estos meses.

Pero también ha generado beneficios. “La vacante ha bajado, hace que los precios se mantengan, pero esto no puede ser sostenible, en algún momento tendría que liberarse, porque, si no, ya no hay espacio dónde crecer, y si la vacante empieza a ser muy baja, van a subir los precios”.

En consecuencia, después va a ser “imposible” para una empresa con instalaciones de una extensión relevante que quiera mudarse a un nuevo inmueble no va a encontrar opciones, porque no habrá bloques con espacio acorde con sus necesidades, indica Schmidt.

Además del impasse en los permisos, al directivo de CBRE le preocupa la calidad de la infraestructura de la ciudad, pues a su juicio está por debajo de la calidad de los edificios corporativos. Enfatiza que este factor hace que un proyecto sea exitoso o no.

“Se empiezan a ver y a complicar temas básicos como el transporte público o el servicio de aguas o algún otro, seguramente estará en la boca de los usuarios y en la mesa para la toma de sus decisiones”, cita.

Para ejemplificar el peso de la infraestructura urbana, explica que desde el temblor del 19 de septiembre de 2017 el factor sísmico ha estado en las conversaciones de las compañías, las cuales se han planteado la posibilidad de contar con oficinas satélite fuera de la ciudad de México.

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