El CEO de la gigante petrolera Shell, Ben van Beurden, dijo que su próximo automóvil será eléctrico, lo que refuerza la incertidumbre que existe sobre el futuro de los combustibles fósiles, ya que se trata del jefe de una de las mayores petroleras del mundo.

Van Beurden cambiará su Mercedes-Benz S500e, que consume diésel, en septiembre, y probablemente será por un eléctrico BMW i3, como el que ya conduce su directora financiera Jessica Uhl, según dijo durante una entrevista para Bloomberg.

Después de una etapa crítica para el petróleo, en la que registró su peor caída al pasar de precios por arriba de los 120 dólares a los apenas 26 dólares por barril, Royal Dutch Shell Plc respondió a esto con la compra de BG Group Ltd. por 54.000 millones de dólares, apostando que la demanda de gas natural aumentará a medida que el mundo cambia a combustibles más limpios.

Y en ese sentido, explicó que lo siguiente es comprar automóviles que no dependan ni de petróleo ni de gas para funcionar, ya que se trata de un movimiento que se está produciendo en todo el mundo para “electrizar” la economía y la movilidad tanto en Europa, Estados unidos y China.

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“Debemos tener un grado mayor de penetración de coches eléctricos si queremos estar dentro de las reglas del juego”, dijo el CEO de Shell.

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Y sus comentarios se dan unos días después de que el Reino Unido anunció que prohibirá las ventas de coches de gasolina y diésel para 2040; a dos semanas de que Francia inició un plan para reducir la contaminación y poner a raya el cambio climático; y luego de que Volvo dijo que a partir de 2019 solamente fabricará autos eléctricos.

El mundo está cambiando y la hoja de ruta de la mayor parte de los países occidentales marca que las apuestas están en la combustión limpia.

Los precios del petróleo se han depreciado desde los 120 dólares hasta los 26 dólares, como en enero pasado, y no ha sido sencillo para las grandes petroleras y sus estados de cuentas, lo que las ha obligado a adaptarse lo más rápido posible a los cambios y diversificar.

En ese sentido, Van Beurden dijo que Shell se adaptó “a una mentalidad de que el precio va a estar siempre a la baja”. Este jueves la empresa indicó que sus resultados trimestrales muestran que se superaron las expectativas, después de ajustarse a  precios de 50 dólares por barril.

La ganancia de la petrolera anglo-holandesa superó los pronósticos al triplicar sus beneficios, que fueron de 5,041 millones de dólares (mdd), contra los 1,645 mdd del primer semestre de 2016, debido principalmente a sólidas operaciones de refino y productos químicos, así como a un aumento en los precios del crudo.

También reportó una recuperación en su flujo de caja a 12,200 mdd y una caída en la deuda, luego de que sus esfuerzos de reducción de costos de los últimos años rindieron frutos.

Y su ganancia neta atribuible a los accionistas repuntó un 245% en el segundo trimestre a 3,600 mdd, superando un pronóstico de los analistas de 3,150 mdd.

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