Si crees que el camino del éxito para dar a conocer y vender tu producto o servicio se trata sólo de la inversión y cantidad de publicaciones en medios digitales, pronto estarás muy decepcionado.

Durante 500 años, desde la aparición de la imprenta, el solo gritarle al público objetivo no ha sido suficiente para lograr la conversión y fidelidad del cliente, ni siquiera para los libros que fueron el principal beneficiario de esa tecnología. Y ahora no es verdad para nada, ni siquiera para los productos digitales. Las buenas ideas y los conceptos perdurables se difunden de persona a persona. Horizontalmente. Porque a alguien que encontró una idea le importó lo suficiente como para correr la voz, para hablar sobre ella, para recomendar e insistir en que los amigos y colegas le presten atención, aunque sea por un momento. Si puedes descubrir cómo abrazar a tus verdaderos fanáticos, ellos seguirán adelante y difundirán una idea, no porque tú quieras que lo hagan, sino porque ellos quieren hacerlo.

Tu habilidad para llegar a un pequeño grupo de fanáticos comprometidos es esencial y en esto radica el secreto del éxito del marketing, tanto en lo digital y redes sociales como en los medios tradicionales. Crear tribus o grupos que compartan los mismos valores e ideales. Cualquier líder es sólo un lunático si no cuenta con seguidores. Por lo que el trabajo para el logro del éxito lleva tiempo y esfuerzo, no hay éxito ni en solitario, ni de la noche a la mañana que no conlleven esfuerzo disciplina y dedicación.

Tengo infinidad de alumnos que quieren ya sea ser famosos o crear comunidades y hacer llegar sus ideas o productos al mayor número de personas posibles a través de los medios digitales. Pero en cuanto suben un video o un post y solo reciben 3 likes lo abandonan de inmediato en lugar de perseverar y disciplinarse. Olvidan precisamente que los resultados se consiguen “domesticando” a los fanáticos, recordemos la historia de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry donde el zorro le dice al principito: “Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…

Aprendamos a “domesticar” a nuestras comunidades, lleva tiempo, dedicación y disciplina. Nunca perdamos de vista que el impacto y la trascendencia se extiende por los fanáticos de forma horizontal, no porque descubras cómo gastar dinero para interrumpir a más y más extraños gritándoles constantemente. Hagamos el verdadero marketing.

 

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