Por Jillian D’Onfro

El cofundador de Google, Larry Page, renunció el martes 3 de diciembre como CEO de Alphabet, y entregó las riendas al actual CEO de Google, Sundar Pichai, quien ahora liderará ambas compañías.

En la superficie, es el final de una era: Page entrega el cargo que ocupó durante cuatro años y renuncia a un puesto ejecutivo por primera vez desde que fundó Google con Sergey Brin en 1998. Sin embargo, en muchos sentidos, el cambio mantiene el statu quo. Page ya había cedido una responsabilidad considerable a Pichai cuando Google se reestructuró como Alphabet en 2015, y en los últimos años ha retrocedido tanto públicamente como dentro de la empresa.

Pichai ahora supervisará las subsidiarias de Alphabet, como la firma de autos sin conductor Waymo y la compañía de tecnología de salud Calico, aunque todas sus llamadas “Otras Apuestas” todavía representan una pequeña cantidad de los ingresos y costos generales de la compañía y también mantienen sus propios CEOs individuales.

Con el anuncio del martes, tanto Page como Brin permanecerán en la mesa directiva de Alphabet y, lo más importante, aún conservarán la mayoría de las acciones con derecho a voto de la compañía. De acuerdo con su último informe, debido a la estructura bursátil de doble clase de la compañía, Page y Brin controlan respectivamente el 25.9% y el 25.1% del poder de voto total de Alphabet. La compañía le comentó a Forbes que su estructura de votación no cambia con las noticias de este martes.  

Eso significa que aunque su título oficial haya desaparecido, el papel de Page como uno de los principales tomadores de decisiones corporativas apenas cambia. El dúo fundador aún tendrá capacidades para aprobar o vetar cualquier decisión a nivel de la mesa directiva. Cuando Page no se presentó a la reunión anual de la compañía en junio, un accionista calificó su ausencia de “vergonzosa”, precisamente debido a su nivel de acciones en la compañía. Si bien la percepción de la ausencia de Page en ese evento, u otros similares, no será tan negativa ahora que ya no es CEO, el punto principal de la frustración del accionista continúa.

En última instancia, un cambio de percepción podría ser el cambio más significativo que se producirá a partir del anuncio.

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A medida que aumenta el escrutinio de los reguladores en Washington y todo el mundo sobre la “Big Tech”, directores ejecutivos como Mark Zuckerberg de Facebook, Jack Dorsey de Twitter, Tim Cook de Apple y Jeff Bezos de Amazon, se han presentado en D.C. También Pichai. Pero Page no. Ahora que ya no es CEO, ya no es quien los legisladores (incluyendo senadores enojados), llamarán al banquillo.

Page y Brin también dan un paso atrás en un momento en que los “superricos” se enfrentan a más críticas que nunca. Ambos son billonarios, con un patrimonio neto de casi 60,000 millones de dólares, según las estimaciones de Forbes, mientras que Pichai no lo es. Y ahora que los candidatos presidenciales demócratas Elizabeth Warren y Bernie Sanders llaman a implementar maneras de limitar la riqueza personal, Alphabet tiene más y mejores formas de alejarse de esa disputa política si Pichai lidera el barco.

Sacar a Page y Brin de la escena también podría neutralizar las asociaciones entre Alphabet y las empresas personales de ambos. Como ejemplo, Larry Page está financiando una compañía de “autos voladores”, Kitty Hawk, que enfrenta una serie de problemas, incluyendo incendios de baterías en sus instalaciones. Mientras tanto, todo indica que Brin está financiando un dirigible gigante. En el anuncio de los cofundadores el martes pasado, no dieron pista alguna sobre lo que harían con su nuevo tiempo libre aparte de “permanecer activamente involucrados como miembros de la mesa directiva, accionistas y cofundadores” y “continuar hablando con Sundar regularmente”. En ese tema, ambos cofundadores donan a fideicomisos filantrópicos a través de las fundaciones de sus familias, aunque ninguno ha defendido una causa específica, a diferencia de Bezos, Zuckerberg o el fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El anuncio también se produce cuando Google enfrenta su mayor nivel de conflictos internos, ya que los empleados encaran a la gerencia respecto a las decisiones y políticas comerciales de la compañía. Cuando los trabajadores protestaron el año pasado contra los planes de Google de lanzar un motor de búsqueda censurado, o la relación de la compañía con la Aduana y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, plantearon los antecedentes inmigrantes de Brin, cuya familia huyó de una dictadura, como argumento contra las acciones de la compañía.

Ahora que Brin y Page retroceden, podría pensarse que la percepción de que los cofundadores ayudarían a guiar esa toma filosófica de decisiones también se esfuma. (La otra cara de la moneda: su partida podría ayudar a reparar la noción de que la actitud de Alphabet hacia la conducta sexual inapropiada está sesgada por la conducta de sus propios ejecutivos, ya que el propio Brin tuvo una relación extramarital con una empleada de Google).

Si bien cortar sus títulos corporativos permite a Brin y Page permanecer fuera de los reflectores como nunca antes, su verdadero poder sigue vinculado a sus acciones de voto mayoritario.

Después de que Alphabet anunció la noticia el martes, las acciones de cierre de la compañía reflejaron la importancia concreta de sus partidas: apenas se movieron.

 

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