Hablar de sociedad civil es hablar de la esfera que interactúa con el gobierno y la iniciativa privada a través de iniciativas, organizaciones y asociaciones, en varios enfoques, también el concepto puede incluir sindicatos, partidos políticos, ONG’s, medios de comunicación, instituciones religiosas y cualquier agrupación activista.

Hoy en día, gran parte del debate en torno a la participación de la sociedad civil en los temas de la agenda nacional se centra en los actores, las voces y los temas que le dan sentido a la interacción de la sociedad civil. Incluso, en la forma y la causa bajo la cual esta interactúa transnacionalmente.

En el siglo XXI, la sociedad civil se ha ganado un lugar importante en la esfera pública debido a que, a través de la opinión pública, las perspectivas sobre asuntos nacionales toman forma y se traducen en acción política. La paradoja del momento consiste justo en que a mayor participación de la sociedad civil y a mayor fuerza de la opinión pública, los gobiernos en lugar de encontrar un contrapeso que fortalezca los procesos democráticos; ven en este importante actor, un factor de riesgo para la estabilidad y la seguridad.

La legitimidad de un gobierno se basa en la capacidad que tiene para cumplir adecuadamente con su tarea principal que es proveer y proteger a los ciudadanos y cuando falla en estas responsabilidades, es la sociedad civil quien además de hacer un contrapeso, sirve como brújula y carta de navegación para el gobierno.

En contextos vulnerables como lo que se presentan en países con súbitos cambios de régimen, crisis recurrentes, gobiernos carentes de estabilidad y tejidos sociales lastimados, la sociedad civil encuentra la oportunidad de organizarse, trabajar y desarrollar las tareas que suplen aquellas que debería ejercer el gobierno.

Pero por razones obvias, un gobierno frágil (por no decir, un Estado fallido) comienza a limitar y a bloquear la acción de la sociedad civil y de la opinión pública al sentirse rebasado por aquellos que exponen su fragilidad e incapacidad.

En estos tiempos, los gobiernos deben comprender que es inevitable la participación de la sociedad civil en espacios para la opinión pública (como las benditas redes sociales) y que esos espacios, son los que fortalecen la democracia y generan equilibrio.

El florecimiento de fenómenos neopopulistas alrededor del mundo demuestran que, ante una mayor participación social, los gobiernos necesitan regresar a la base de desarrollo clientelar y paternalista que coarta el desarrollo de conciencias más libres y participativas.

 

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