Por Irene Hernández* y Óscar Marín**

Para septiembre próximo se fijó la apertura de propuestas para las convocatorias de la ronda 3.2 (recursos convencionales en zonas terrestres) y 3.3 (recursos no convencionales o shale). En la licitación 3.2, hay algunas empresas mexicanas y españolas que han mostrado su interés. Con respecto a los nueve contratos que se subastarán en la ronda 3.3, la respuesta ha sido muy moderada, en contraste con rondas anteriores. En este sentido, las inversiones y capacidad operativa, representan un imperativo para potenciar su futuro y generar una verdadera reactivación energética.

Estas licitaciones presentan muchas oportunidades a largo plazo, pero también grandes desafíos en temas de inversiones en infraestructura, en la certeza de los contratos y el desempeño en entornos legal y regulatorio estables. Es posible que el avance se ralentice debido a diversos factores, como cambios en la ley, análisis en aspectos medioambientales y el reciente cambio de gobierno.

En el caso de la ronda 3.2, Petróleos Mexicanos (Pemex) podría terminar obteniendo varios contratos, no obstante, en los siguientes meses el panorama pudiera tomar mayor claridad sobre los resultados reales de las adjudicaciones, que por ahora se mantienen promisorios.

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Un tema central donde se requiere de una inversión considerable es en la infraestructura necesaria para la producción y distribución de petróleo, gas y gasolinas (carreteras, gasoductos, transporte), por lo que se requerirá de un equipamiento acorde con la capacidad prospectada. En este sentido, se espera que se rehabiliten las seis refinerías existentes y analizar la construcción de una grande o dos pequeñas, con el fin de disminuir la dependencia, ya que hoy importamos el 80% de las gasolinas.

Shale: un sector fértil vs. desafíos ambientales

La priorización de yacimientos o farmouts permitirá a Pemex una claridad sobre las perspectivas futuras en el sector. En México, la extracción de shale puede tener alcances significativos, principalmente porque a nivel mundial es el sexto país con mayor volumen en recursos no convencionales, lo que es diametralmente opuesto a la dependencia de gas natural en el país, el cual ronda en el 81%.

Ante esta realidad, el desarrollo de infraestructura y una legislación sólida para cuidado del medio ambiente parecen ser dos de los temas torales que se podría buscar apalancar. Adicionalmente, es probable que alguna regulación en materia energética quede en stand by, en espera de las decisiones del nuevo gobierno, en cuanto a revisión de contratos y a las prioridades que se tracen.

Crucial, alianzas y estrategias inteligentes

Pemex ha dado muestras de estar en proceso de modernización y la Reforma Energética le ha abierto el camino. Los primeros frutos de las rondas iniciales podrían ya verse en este próximo sexenio, por lo que una ruta que siga promoviendo el desarrollo y la estabilidad daría confianza a las inversiones requeridas en la exploración, producción e infraestructura.

Potenciar la eficiencia del sector en México es crucial para lograr los resultados futuros esperados. Para esto se precisa de una estrategia inteligente que tome en cuenta factores como un precio moderado por barril, inversiones en pozos prioritarios y una visión que impulse la rentabilidad a través de una extracción y producción estable y continua de hidrocarburos.

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Por el momento, el gobierno entrante tiene el objetivo de incrementar la producción y en siete meses poner a punto las refinerías que hoy operan a su 40% de capacidad, lo que aumentará su potencial de procesamiento, además de la construcción de una o dos nuevas para que en tres años su valor agregado sea evidente.

Hay que hacer énfasis en los beneficios a largo plazo, principalmente en lo que se refiere a shale, pues la industria es incipiente, tiene que madurar y, por ende, demandará una construcción de alianzas y tácticas de negocio eficaces, lo cual requiere de tiempo e inversiones muy puntuales.

Oportunidades y desafíos próximos

No hay cambios drásticos ni rápidos. México requiere reordenar e impulsar el sector energético para competir, reducir costos, elevar su capacidad de producción, promover las energías limpias y así generar beneficios económicos y sociales. Reducir la importación de gas y gasolinas es vital, y es necesario acciones puntuales para fomentar el desarrollo energético del país.

Sobre las rondas 3.2, y principalmente la 3.3, es necesario ser prudentes y esperar otras decisiones de gobierno en el sector, el cual, por una parte, necesita de una reactivación ante las nuevas exigencias energéticas internas de México, así como hacia el exterior, de manera que perseguir asociaciones estratégicas se vislumbra como el mejor camino hacia la reconstitución y fortalecimiento de la industria en general.

*Irene Hernández es socia líder de Energía de PwC México.

**Óscar Marín es socio de Corporate Finance de PwC México.

 

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