Por Pedro Francisco Rangel Magdaleno*

En los años por venir, los mecanismos para comprender el pasado tendrán un cambio radical como resultado del uso presente de las redes sociales.

Las generaciones futuras tendrán la oportunidad de conocer a sus abuelas y abuelos de viva voz; de leer sus opiniones, de ver sus fotografías, sus gustos y sus viajes en el momento en que ocurrieron.

Lo anterior nos lleva a plantearnos las siguientes preguntas: ¿Quién será dueño de la información de nuestras redes sociales una vez que hallamos fallecido? ¿Qué pasará con la información que hayamos hecho pública? ¿Y qué pasará con nuestra información privada… con nuestros chats y correos electrónicos? ¿Quién podrá tener acceso a esta información? ¿Se venderá? ¿A quién?

Estas preguntas toman vital relevancia en nuestro siglo, ya que de acuerdo a un estudio realizado por los investigadores Carl J Öhman y David Watson, de la Universidad de Oxford, durante los próximos 50 años las cuentas de Facebook de las personas fallecidas podrían superar a las cuentas de los vivos.

Para la elaboración de este análisis, los investigadores usaron como base las proyecciones de mortalidad de la ONU, así como información estadística de Facebook, desarrollando dos escenarios:

Escenario A. A fin de delimitar un mínimo, los investigadores establecieron la hipótesis extrema que supone que a partir del 2019, Facebook no generaría ninguna cuenta nueva, y que los usuarios de la red social continuarían utilizándola hasta el momento de morir. Bajo este escenario, se estima que entre 2018 y 2100 morirán alrededor de 1,400 millones de usuarios de Facebook (el 98% de los usuarios actuales), y que el número de cuentas de los muertos superará a las cuentas de los vivos para el 2070.

Escenario B. A fin de establecer un máximo, este escenario parte del supuesto de que Facebook se mantendrá creciendo en su número de usuarios a una tasa del 13% anual hasta alcanzar una penetración del 100% en todos los mercados. Bajo esta hipótesis, los investigadores estiman que sería hasta las primeras décadas del Siglo XXII cuando las cuentas de los fallecidos igualarían a las de los vivos, y que para el 2100 habrán muerto alrededor de 4,900 millones de usuarios de la red social.

Es decir que bajo cualquiera de los escenarios está claro que durante los próximos años Facebook se transformará en un enorme cementerio digital. Los investigadores realizan finalmente una reflexión respecto a los retos éticos y políticos que plantea esta situación.

En este sentido, como sociedad, resulta necio o ingenuo evadir una gran verdad: en los próximos años, eventualmente, todos moriremos. De acuerdo a proyecciones de CONAPO, entre 2019 y 2050 morirán alrededor de 32.9 millones de mexicanos.

Por lo tanto, la relevancia del tema radica en abordar desde hoy una pregunta fundamental: ¿quién tendrá el poder sobre nuestra información una vez que hallamos muerto?

La respuesta natural es que serán las grandes compañías de tecnología. Estamos en sus plataformas, por lo tanto, nuestra información es suya. Sin embargo, en este punto surge el factor de la búsqueda de lucro. El modelo de negocio de estas empresas consiste en la venta de publicidad a partir de nuestro perfil, posibilidad que termina naturalmente en el momento de la muerte del usuario.

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Por lo tanto, una posible manera de monetizar la información de los fallecidos sería vendiendo el acceso a su información, lo cual recae en un serio problema ético. ¿A quién se vendería? ¿A todos? ¿O sólo a nuestros hijos y nietos? ¿Sería correcto que ellos pudieran acceder a nuestra información privada sólo por ser nuestros descendientes?

Otra opción sería que las compañías borraran nuestra información. Sin embargo, bajo esta posibilidad, se estaría borrando parte de la documentación histórica de nuestros tiempos.

¿Cómo entender las elecciones y los movimientos sociales de alrededor del mundo durante la última década sin tomar en cuenta el rol de las redes sociales? Eliminar la información agregada es atentar contra nuestra memoria histórica. En 2010, Twitter donó su archivo digital de tweets públicos a la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

El Estado Mexicano cuenta con el Archivo General de la Nación, la Hemeroteca Nacional, así como con una red nacional de bibliotecas. A través de estas instituciones tenemos acceso al estudio y comprensión de nuestro pasado.

¿Qué medidas tomaremos para el estudio de la última década? ¿Cómo preservar nuestra memoria histórica sin vulnerar la protección de los datos personales de los fallecidos? El momento de abordar estas preguntas es ahora.

 

*Maestro en Políticas Públicas por Harvard Kennedy School

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