¿Las redes sociales representan un espacio de interacción y discusión de temas o son espacios donde se homogeniza la opinión?

 

 

Durante las décadas de los setenta y ochenta, una de las teorías de la comunicación más difundidas fue la espiral del silencio desarrollada por la socióloga de origen alemán Elisabeth Noelle-Neumann. Este modelo explicaba la forma como los medios de comunicación podían influir en la opinión pública y en el comportamiento de los individuos.

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De acuerdo con Noelle-Neumann, cuando una persona detectaba que su opinión podía ser malinterpretada o era contraria a la de la mayoría, prefería guardar silencio para evitar que la comunidad la aislara. De esta manera, la opinión de la comunidad se imponía sobre las posibles divergencias y se creaba un orden de lo políticamente correcto o aceptable.

Siguiendo la teoría, los medios de comunicación son los principales generadores de opinión pública; por tanto, si un conjunto de individuos opinaba diferente de lo que decían los medios, entonces eran socialmente apartados o no tomados en cuenta. Así, los criterios se unificaban y la opinión pública se volvía homogénea. Las personas difícilmente externaban sus opiniones por temor a ser rechazados o aislados de la comunidad.

El mes pasado, el Pew Internet Research publicó un estudio sobre cómo las redes sociales afectan a la opinión pública, creando un efecto muy parecido a la espiral del silencio: si un usuario encontraba que su opinión sobre un tema era contraria a la de su comunidad virtual, entonces no la publicaría.

En el estudio citado se les preguntaba a los encuestados sobre el tema de Edward Snowden y la NSA, y encontraron que las personas discutían poco sobre el tema, no cuestionaban a las autoridades y tampoco se mostraban dispuestas o interesadas a discutir el asunto en persona. Un dato importante es que las redes sociales no ofrecían un espacio alternativo de discusión de los tópicos.

Esta especie de autosilencio evidenciaba que las personas no deseaban mostrar una opinión opuesta a lo que la mayoría publicaba, pues suponía una especie de juicio sumario al que no estaban dispuestas a someterse.

En otras palabras, es muy común que los usuarios de las redes sociales compartan contenidos en los que sepan que sus seguidores estén de acuerdo o que no vayan en contra de la opinión de la mayoría. Podemos suponer, entonces, que las redes sociales empiezan a crear una opinión pública que de alguna manera es homogénea y defendida por la mayoría.

Esta defensa de lo políticamente correcto ha creado fenómenos como el slacktivismo, que suelen afectar a las marcas de una manera muy profunda.

Las redes sociales, en este sentido, han construido una opinión pública digital muy al margen de lo que se dice en los medios de comunicación tradicionales, que en algunas ocasiones no sólo es diferente, sino incluso opuesta. Esto ha impulsado que el crecimiento de los medios digitales de información se haya disparado en los últimos años y que el consumo de medios como televisión abierta, impresos o radio vaya a la baja.

Por ello, no resulta raro que, de acuerdo con datos de ComScore, el contenido más compartido en medios sociales sea el de carácter informativo. Esto muestra que la demanda por información es alta, pero además se crean espacios donde se defienden ciertas causas por encima de otras.

Los usuarios que han manifestado una opinión diferente o políticamente incorrecta han sido objeto de sanciones sociales, en que la comunidad se torna en contra de ellos y se ha ejercido una especie de linchamiento digital. Como ejemplo tenemos el caso de #LadyChiles, quien publicó un video en que increpaba a su trabajadora doméstica por tomar comida sin su permiso, sin sospechar que sería objeto del escarnio público. O bien, el caso de Pedro Torreblanca, funcionario de la delegación Benito Juárez, quien en un grupo de Facebook hizo públicos comentarios de carácter clasista, e incluso racista, que le costaron el trabajo.

Al revisar el caso de la opinión pública en Internet y las redes sociales, cabría preguntarnos si éstas representan un espacio de interacción y discusión de temas o son espacios donde se homogeniza la opinión. La respuesta no deja de ser difícil, pues en todo caso nos costará aceptar que somos nosotros mismos quienes limitamos nuestra opinión.

 

 

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