Slacktivismo y reputación online

Una de las campañas más activas de 2012.

Puede que pronunciarse por una determinada causa desde la comodidad de un sillón parezca poco efectivo, pero en más de una ocasión ha desencadenado acciones concretas.

 

“Dale me gusta si estás en contra del maltrato animal.” “Comparte este video si te gustó y crees que es injusta la situación de los niños en Uganda.” “Pon un listón negro en tu avatar si crees que la democracia en México está de luto.” Y así podemos enumerar un largo etcétera de casos que vemos constantemente en las redes sociales y que de alguna manera nos invitan a luchar en contra de una situación que es políticamente incorrecta o injusta.

No hay que hacer mucho, simplemente dar click en el botón compartir o cambiar nuestra foto. El resultado es que mostramos de manera abierta y pública nuestros afectos o rechazos y nos sumamos a ciertas causas que, de no ser por las redes sociales, ni siquiera nos enteraríamos de su existencia. El activismo que realizamos se reduce entonces a compartir enlaces y fotografías o dar me gusta en algunas ideas o propuestas que parecen justas y sensibles. Y una vez que lo hacemos, difícilmente realizamos alguna otra acción que demuestre nuestro compromiso con la causa.

Esta acción es conocida como slacktivismo y es quizá una de las actividades más frecuentes en las redes sociales. Movimientos políticos o sociales sobran en el mundo, y también personas con un punto de vista dispuestas a opinar sobre lo que sea, armadas con un teclado y una conexión a Internet. Se juzga, se comparte, se exige, se condena. Todo a través de una pantalla.

unicefEl término slacktivismo se cree que fue acuñado por Fred Clark, un bloguero cristiano, y se refería a pequeños movimientos que pueden afectar de manera positiva al entorno, en el sentido de que comparten información sobre un fenómeno y advierten al resto de la comunidad sobre su existencia. Así, quienes esten dispuestos a hacer algo, lo harán; quienes sólo deseen opinar o diseminar la información, funcionarán como una especie de pivote informativo.

Partiendo de este punto de vista, quizá una de las ventajas reales del slacktivismo es que ayuda a las personas a conocer una problemática, les advierte e incluso puede balancear la información que se tenga de medios oficiales o bien de los medios masivos de comunicación. No obstante, es difícil que una persona que compartió un estado se interese en investigar o profundizar más allá de lo que se presenta en las redes sociales.

El slacktivismo es una forma de protestar y mostrar un cierto compromiso con causas que a todas luces nos parecen nobles. Además, ayuda a construir nuestra reputación online y nos muestra como comprometidos, inteligentes, sensibles y con ideales. No obstante, pocas veces hacemos algo real que no sea activismo de sillón.

Sin embargo, el slacktivismo puede presionar a ciertas marcas o instituciones para que realicen realicen acciones o dejen de hacerlas. De manera casi inmediata, los slacktivistas harán del dominio público esta información y, de acuerdo a su punto de vista, exigirán que se realice una acción.

Si la situación va in crescendo, entonces la situación requerirá una toma de postura rápidamente, tal y como sucede en cualquier caso de crisis. La reputación online es algo que se va construyendo de manera lenta y constante. Destruirla puede tomar apenas un tuit.

 

Trolls vs slacktivistas

 

No toda la gente que manifiesta su desacuerdo en las redes sociales es un Troll, entendiendo al concepto como las personas o cuentas que sistemáticamente atacan a otros sólo con el fin de fastidiar. Tampoco todas las formas de reclamo son iguales. Y es que de un tiempo a la fecha, la aparición de las redes sociales facilitó que las personas pudieran expresarse de una manera mucho más efectiva que con los medios tradicionales.

Un slacktivista no es un troll. Posiblemente es una persona que simplemente está expresando su desacuerdo o su opinión de manera inocente y espera que nosotros como entidad respondamos de manera positiva a sus reclamos. Ignorarlo es dejar que la opinión negativa crezca; sobrerreaccionar puede empeorar, más que solucionar el problema. La respuesta está en una lectura adecuada del problema y en tener la sangre fría antes de actuar.

Un reclamo puede ser sincero e incluso, puede aprovecharse de una manera efectiva para la construcción de nuestra reputación. El asunto es tener la sensibilidad y la capacidad de reacción frente a una crisis slacktivista. ¿Nuestra marca, empresa o institución se equivocó o es un malentendido? ¿Cómo debe reaccionar? ¿Podemos convertir esos comentarios negativos y reclamos en comentarios positivos?

 

Contacto:

@sincreatividad

Rubén Vázquez

Es profesor en la FES Aragón y en la Universidad Iberoamericana; adicto a las redes sociales. Maestro en Comunicación y estudioso de Internet. Presume de tener siempre la respuesta correcta.

  • ¿Puede una crisis ser inducida?, al igual que x número de I like’s generados por motores?, si es así el ausnto tiene al menos 2 vías y seguramente varias aristas.

  • Brando Báez

    Alguna ocasión, en clase, escuché: “Las redes sociales cambiarán la forma de hacer política, la forma —incluso— de vivir. Y no he menos de estar de acuerdo. Cada persona que conozco (ha de saberse que en un pequeño pueblo provinciano la globalización es aún más tácita que en la ciudad: seguramente debido a la falta de atenuantes culturales) es un usuario activo de redes sociales. Recuerdo también: “Esta ha sido la primera elección federal con redes sociales, cosa que puede perdonarse”. Pues bien, en los estados en los que se disputa algún cargo público, debo creer, habrá no poca participación ciudadana —habría que considerar el cambio de este término por uno más conciso, quizá “participación mediática”—, y esto es algo, afortunadamente, que he podido comprobar. El perfil más inactivo, digamos vacío y pueril, recibe necesariamente una queja de tipo político. Ya una imagen caricaturesca, ya verdaderas denuncias ciudadanas. Sin embargo, Rubén, —y es aquí donde difiero— ¿qué es más fuerte en todo caso: la percepción o el dato en bruto (quizá este puede disfrazarse de queja, pero, en esencia, no deja de ser simplemente un dato)? ¿No podrían las redes sociales revertir el poder ciudadano? En su inicio, la televisión carecía de ambigüedad, así como la literatura: no existía espacio para crear opinión, sino para darla. ¿No son las redes sociales un claro instrumento para la fabricación de realidades? Es decir, regresando a tu artículo, “la construcción de una reputación”, ¿podría entenderse esto como una clara construcción de realidades? Por ejemplo, resulta sencillo compartir cierta imagen sobre literatura, pintura, música o cuál sea el tema. Ante nuestros espectadores, seremos inteligentes, doctos. Carezco de perfil por las razones que conozco, pero me remito a un caso, podría decirse, reciente: El arresto de Gordillo. Poco difiere de la Quina. ¿No hubo acaso un mayor índice de aceptación del Federal que de contubernio y sospecha? Pues bien, podría decir que no hay algo que no se centre en crítica pasiva. “¿Qué consigues con un me gusta?” ¿Qué consigues, pues, diciendo eso? Creo que el camino no es precisamente la apertura democrática ni la pluralidad, sino todo lo contrario. Usuarios dados a quejarse para construir reputación, en la gran mayoría. ¿Qué podría hacerse de un mundo que viva en constante queja? Y he de decirlo, agradezco cierto párrafo: De no ser por las redes sociales, habría acontecimientos que existirían pero nunca lo harían.

  • Rubén Vázquez

    Estimado Carlos, coincido contigo al sospechar de ciertas crisis que más que eso, parecen un montaje bien armado y con ganas de poner los reflectores sobre ciertos asuntos. Habrá que tomarlas con precacución.

    Estimado Brando, aplaudo tu comentario, una profunda reflexión, sin duda. El problema al final de todo esto es cómo capitalizar ese activismo de botones hacia acciones concretas. Un reto para nosotros, como sociedad. Saludos.