El tiempo es una membrana. Una membrana fina, un filtro que expande y contrae las virtudes de las cosas; las potencia, las hace madurar y ser lo que son. El tiempo pone a prueba nuestro espíritu y determinación, pero también la resistencia de los materiales sobre los cuales nos expresamos para dar vida y forma a un universo completo, el cual dice en todo momento quiénes somos, de dónde venimos y, en algunos casos, traza el horizonte sobre el que estaremos el día de mañana.  

También una verdad ineludible, que pesa sobre las cosas: sólo aquello que tiene pasión, esmero, cuidado y paciencia puede trascender el inclemente paso del tiempo. En este sentido, aquello que encarna con maestría los máximos estándares de calidad, los procesos más exigentes y los resultados más supremos es un bien escaso, es aquello que no abunda de forma copiosa, es atípico; destaca por ser genuino y diferente.

Y es aquí donde los sabores más exquisitos y coherentes con la identidad mexicana procuran un legado ancestral inmutable. Es aquí también, donde la tierra, el tiempo y la grandeza de México alberga con cariño y respeto uno de los legados de mayor tamaño: Tequila Reserva de la Familia.

Estamos hablando de un Tequila que no sólo ha pasado la prueba del tiempo, en tanto es una herencia de la familia agavera más grande del mundo (José Cuervo) de 250 años, sino que además mantiene intactos tres ingredientes intangibles, todos ellos clave para entender su longevidad, pero sobre todo sabor y calidad: cuidado, esmero y honestidad. 

Fue ese primer cuidado, ese “vigilar la joya de la corona” de la familia, lo que guardó por siglos este Tequila (accesible sólo a familiares y amigos cercanos), pero también fueron el esmero y la honestidad de su naturaleza misma lo que le dio vida y acceso al público de forma exclusiva. Así, Reserva de la Familia nació para celebrar el aniversario bicentenario de la destilería de Tequila más antigua, lanzado en 1995 desde las entrañas más procuradas y esenciales de la destilería La Rojeña, en Tequila, Jalisco.

Esa generosidad y vigilancia férrea sobre los ingredientes, materiales, tiempos, procesos e incluso los detalles aparentemente más complementarios como el envasado y etiquetado, son la insignia de la calidad y la exclusividad más grande de la casa. Tequila Reserva de la Familia es un destilado que ha pasado la prueba del tiempo junto a los sabores más profundos de México, ahí donde las tradiciones y las herencias ancestrales perviven y resisten. 

De esta manera es que Tequila Reserva de la Familia se puede disfrutar en tres diferentes y únicas vertientes de expresión, formas que empatan de forma sorprendente con los sabores y los momentos más genuinos: Platino, recomendable ampliamente por expertos para esos días cálidos y soleados, ideal para ser complementado con platos frescos como ceviche, aguachile o ensaladas. Por su parte, Reposado es el grado máximo que puede tener el mejor Tequila suave del mundo, de una riqueza incalculable y un sabor sinigual, que se disfruta mejor después de la cena, o para acompañar postres. En tanto, Extra Añejo encarna la condensación más pura y consistente del Tequila, una tesis férrea que demuestra siempre con carácter lo mejor del tiempo y su pureza; la grandeza convertida en una bebida superior que se disfruta y reconoce en todo momento.

Grandeza, el mayor legado

Como el estandarte más sólido del Tequila que existe a nivel mundial, José Cuervo ha logrado con Reserva de la Familia el reconocimiento consciente y exclusivo no sólo de su propia calidad y grandeza, sino también la de un país fuerte, preocupada por defender y mantener vivos nuestros valores pese al paso del tiempo. 

Es así como la identidad, la herencia y la pureza cobran vida desde los agaves, la tierra y sus procesos, pero también fuera de ellos. Al interior de la cocina y sobre la mesa en donde el amor, el cuidado y la pasión son también identidad mexicana, ahí habitan iniciativas como festival COA, una celebración de los sabores y conocimientos que nos dan vida, presentado por el Tequila Reserva de la Familia. 

Celebrado durante el pasado mes de mayo, este año COA (comida, origen y agave, por sus siglas en español) se enfocó especialmente en las propuestas de las cocineras tradicionales, sus técnicas ancestrales y por supuesto, el protagonista de la tierra mexicana: el agave. 

En el evento, COA reveló cómo cocineras tradicionales como Benedicta Alejo y Nelly Córdova son fieles representantes de la grandeza más asombrosa y cristalina de México: una cocina generosa, un conocimiento que no ha mutado y se ha transmitido de forma fiel de generación en generación, sin alterar sabores y potenciando eso que no es muy común encontrar: platillos únicos, deliciosos, elocuentes con la pasión de las manos que los elaboran y con la entrega con la que nos son presentados. 

Al igual que la cocina mexicana, Tequila Reserva de la Familia mantiene blindado el legado mexicano del sabor. Esa calidad no compite porque, al igual que la gente del país, el contenido de la botella de Reserva de la Familia es una grandeza de una sola pieza. Incomparable e insuperable.

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