Por Adriano Silva*

En febrero de 2017, Susan Fowler publicó su artículo sobre el sexismo y el acoso durante su tiempo en Uber. Al final del año, las historias se acumularon y surgió el movimiento #MeToo, dejando claro que las mujeres, en todas las industrias, han tenido que lidiar no solo con el acoso sexual desenfrenado, sino también con las culturas y políticas corporativas que están diseñadas para restarles impulso y poder.

Si 2017 fue sobre decir la verdad, 2018 se centrará en el cambio concreto, tanto en términos de políticas internas de presentación de informes, así como abordar la desigualdad en el lugar de trabajo. Como parte de esto, es probable que veamos a las compañías analizar detenidamente la composición de género de sus equipos de liderazgo y juntas directivas e implementar pasos reales para aumentar el número de mujeres en ambos.

El año pasado fue uno de los más importantes para ellas en el ámbito laboral, pero es importante recordar que las iniciativas de diversidad deben abordar mucho más. La conversación sobre ello debe ser más amplia, dado que parece estar más centrada en el género. Tiene que ser algo más que representantes del género femenino, buscando la inclusión de cómo crear una fuerza laboral que abarque todas las culturas, el idioma, la edad, la orientación sexual, la discapacidad, los antecedentes y la experiencia y dar voz a esas diferencias. A medida que la población y la fuerza de trabajo continúan creciendo, las empresas necesitarán enfocarse en crear culturas, experiencias y productos de la firma que respondan a una amplia gama de identidades y perspectivas.

Dado los puntos anteriores, con las mayores expectativas sobre las corporaciones como agentes de cambio e influyentes en el ámbito social y ambiental, más sociedades están incorporando la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) en el C-Suite (expresión en inglés para referirse a los niveles directivos más altos en las organizaciones). Según una investigación de Boston College Center for Corporate Citizenship (BCCCC), el número de empresas que dirigen la responsabilidad social empresarial desde el C-Suite ha aumentado casi 75% en comparación con hace cinco años.

Ahora, desde la perspectiva de los inversionistas, fondos de inversiones y mismos compradores de empresas: ¿qué beneficios financieros tangibles esas acciones de RSE pueden traer para las organizaciones?

Sunil Chopra, un Profesor Distinguido de Kellogg School of Management y también Director de Operaciones de IBM, analizó cómo las ecoactividades afectan el desempeño operativo de las sociedades: una gama de medidas que incluyen costos, ingresos, márgenes y ganancias. Usaron una base de datos de comunicados de prensa para identificar compañías en la industria de computadoras y electrónica que anunció una actividad ecológica entre 2000 y 2011 y que tenía datos financieros públicamente disponibles. Cuando los investigadores analizaron el desempeño operativo de las empresas durante dos años antes del anuncio y dos años después, descubrieron que, en general, las actividades ecológicas dieron sus frutos: aquellas que tenían actividades de RSE obtuvieron mejores resultados que las que no lo hicieron.

Analizando más concretamente, si tomamos los datos de rendimiento del IPC (principal índice de las empresas cotizadas en la Bolsa Mexicana de Valores) de los últimos 12 meses (hasta finales de marzo 2018) y lo comparamos versus el rendimiento del índice global de Sustentabilidad de Dow Jones (en inglés, Dow Jones Sustainability World Index, considerado el principal índice de la bolsa de Dow Jones, incluyendo las empresas públicas listadas con mayores niveles de responsabilidad social), vamos a ver que el resultado de las acciones de las firmas que componen el IPC decreció un 3.6% aproximadamente, mientras que el resultado de las que componen el índice global de Dow Jones Sustainability creció un 17.47% para el mismo periodo. Sin embargo, si tomamos en cuenta el desempeño de las acciones de aquellas que han tenido los mejores índices de responsabilidad social empresarial en México, como el caso de Walmart y Ternium, esas han tenido un crecimiento en el valor de sus acciones de un 20% en promedio en los últimos 12 meses.

Finalmente, las corporaciones que invierten, miden e incluyen como parte de su ADN las prácticas de RSE descubren también que conduce a un mayor compromiso de los empleados. Como informó Forbes, en septiembre de 2017, que cuando los Millennials están considerando postularse para un trabajo, su principal prioridad es lo que la empresa vende y / o produce. Pero más allá de la compensación y los beneficios, lo que más les importa es la cultura de trabajo de la organización, involucrarse con las causas, clima laboral y atención a la diversidad. Los Millennials están cada vez más comprometidos con estos temas y tienden a creer que las compañías que comparten esta filosofía también se preocuparán por tratarlos bien, aumentando así su lealtad.

*Director de M&A para Mercer.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

¿De qué depende un buen clima organizacional?
Por

El clima organizacional puede tener subidas y bajadas diariamente. Sin embargo, existen razones externas e internas que...