Sustentabilidad Innovación Compromiso.

Premio Lafargeholcim a la Construcción Sustentable / Urbanismo Ciudad de México, 1951 y 1979.

El predio La Quebradora, en la Delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, estaba plagado de cascajo, basura, aguas negras y abundante vegetación, un lugar propicio para drogarse o esconderse después de haber cometido un asalto. Pero hoy la historia de las 3.84 hectáreas del lugar comienza a cambiar, debido a que, en su interior, se construye un parque, cuyo proyecto recientemente ganó los LafargeHolcim Awards región Latinoamérica.

Manuel Perló Cohen y Loreta Castro Reguera Mancera son los principales artífices del proyecto, que pretende disminuir las inundaciones provocadas por el escurrimiento de agua pluvial, mejorar la calidad del agua que se infiltra en el subsuelo, tratar aguas residuales y crear un espacio público.

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“Hubiéramos podido colocar membranas [para crear lagos] y detener la infiltración, pero eso hubiera ido en contra de la vocación que tiene este predio [primero, vaso regulador y, luego, pozo de absorción] e incluso puesto en peligro a la zona, porque correría el riesgo de que el agua se desbordara… Entonces, no podemos dejar de pensar ni un minuto en que este predio va a seguir infiltrando agua al subsuelo”, deja claro Perló.

Todo comenzó cuando el gobierno delegacional firmó un convenio con la UNAM, para desarrollar un concurso en el que los habitantes propusieran soluciones para resolver problemas relacionados con el agua. Mientras diseñaban las bases, Perló y Castro Reguera realizaron un estudio a fondo de la situación hídrica de la delegación, el cual detectó múltiples sitios con capacidad para llevar a cabo iniciativas relacionadas con el manejo sustentable de este líquido, entre ellos, La Quebradora.

Al verlo, en 2013 propusieron la construcción del parque a la delegación. Hubo interés, pero las obras nunca iniciaron, hasta que vino un cambio de administración.

“Durante un año estuvimos trabajando, desde los estudios preliminares, desde reconocer las características del sitio, entender si nuestra idea conceptual era realmente viable o no, y nos dimos cuenta de que sí”, recuerda Castro Reguera.

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En enero de 2017 comenzó la construcción. Cuando esté terminado, el lugar tendrá plazas, centro comunitario, museo del agua, canchas multiusos, skate park, biblioteca, cafetería, talleres, auditorio al aire libre, pista para trotar y juegos infantiles, entre otras áreas.

A esto hay que sumar los embal¬ses que captarán la lluvia para que luego se infiltre de forma natural en el subsuelo, y un sistema de humedales de pulimiento que limpiará parte del agua del drenaje que viene de la calle. La mayor parte del agua tratada dará servicio al recinto, incluidos 48 sanitarios públicos y, en menor grado, a los alrededores.

La construcción, que costará 250 millones de pesos (mdp), tiene un avance de 30% y hasta el momento se han invertido 50 mdp por parte de la delegación, con recursos de la Ciudad de México. La entrega de la obra está prevista para finales de 2018, pero falta más dinero, por lo que Perló y Castro Reguera trabajan en la formalización de un fideicomiso que reúna recursos privados, incluso internacionales, para terminar el proyecto, garantizar su mantenimiento y, por qué no, desarrollar más obras en su interior.

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