Por Parmy Olson

Samsung tiene un criterio para elegir el momento de hacer sus anuncios importantes que, a falta de una palabra mejor, podemos definir como extraño.

Mañana, Samsung lanzará su esperado Galaxy S8, que analistas anticipan será vendido por unos 870 dólares. Se trata de un teléfono con pantalla curva con un nuevo asistente inteligente llamado Bixby que podría ayudarnos a todos a olvidar el desastre del Note 7 que ocurrió hace menos de un año.

Ayer, el fabricante de teléfonos inteligentes decidió recordarnos ese desastre.

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Samsung anunció que dará marcha atrás a sus planes originales de enterrar sus 3 millones de sus phablets Note 7, las que fueron retiradas por la tendencia de sus equipos a sobrecalentarse e incendiarse.

En lugar de destruirlos, los venderá a los consumidores como dispositivos reacondicionados (“refurbished”).

En momentos en que Samsung quiere demostrar que ha dejado atrás los malos tragos con un nuevo Galaxy, la compañía parece tener miedo de señalar cuánto se equivocó con la serie.

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El anuncio incluso plantea preguntas acerca de cuán seguro es realmente volver a vender teléfonos que una vez fueron defectuosos. Las aerolíneas que prohibieron previamente al Note 7 ahora se enfrentan a cierta confusión sobre si los modelos reacondicionados presentarán el mismo riesgo de seguridad.

Es un momento raro, pero también audaz. Samsung puede mostrar su confianza en su propia línea de productos. Después de todo, su director de tecnología móvil, D.J. Koh, dijo en enero que Samsung no descontinuó la línea Note, sino que trabajaba para lanzar un Galaxy Note 8 nuevo y “más seguro” más adelante este año. La serie Note no debía ser relegada al olvido, sino reenvasada y reinventada.

Samsung también puede mostrar que está escuchando a los críticos.

Los activistas de Greenpeace interrumpieron en el discurso de apertura de Samsung en el Mobile World Congress el pasado mes de febrero, criticando a la compañía por su decisión de deshacerse de millones de Note 7s que serían notoriamente difíciles de reciclar.

En su declaración del lunes, Samsung dijo desde el principio que quería reutilizar los teléfonos viejos de una manera respetuosa con el medio ambiente.

Samsung explora un par de maneras de hacerlo: reestablecerlos como teléfonos restaurados o de alquiler, rescatando los componentes que puedan y extrayendo los metales de su interior. Greenpeace ha elogiado a Samsung por el traslado.

Un portavoz de Samsung dijo a The Verge que no venderá ninguno de los teléfonos reacondicionados en Estados Unidos, y varios informes indican que en su lugar irán a la India, y con baterías más pequeñas.

Samsung dio marcha atrás a sus planes y con ello demuestra su interés en el medio ambiente. Si no distrae demasiado del gran anuncio del S8 de mañana, ello significará que la compañía también puede dar otro paso adelante en el salvamento de su reputación.

 

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