Como cada año, el 6 de julio al mediodía el famoso chupinazo proclama el inicio de las Fiestas de San Fermín en la ciudad de Pamplona, España. Nueve días consecutivos de diversión ininterrumpida para todos los gustos.

 

 

La multitud calla. Nerviosa, alza sus pañuelos tiñendo de rojo todos los rincones de la ciudad. Se empieza a escuchar el nombre del santo coreado por todos al unísono. ¡San Fermín! ¡San Fermín! ¡San Fermín! No se oye otra cosa. Y de repente… ¡Shhhhhhhhhh… Pum! El estallido de la fiesta. Llegó por fin el tan esperado momento de anudarse el pañuelo al cuello para disfrutar de 204 horas continuas repletas de festejos. Comienzan, como todos los años el 6 de julio a mediodía, las Fiestas de San Fermín.

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A partir entonces y hasta el 14 de julio, los días se suceden sin saber bien cuándo empiezan y cuándo acaban. Los astros no marcan la jornada para todos por igual. El encierro, el acto multitudinario por excelencia de los San Fermines, para algunos es el remate de una noche loca y para otros es el comienzo de una nueva jornada. Todos los días, a las ocho en punto de la mañana, media docena de toros recorren los 875 metros que los separan de la plaza. Allí esperarán hasta ser lidiados, esa misma tarde, en otro de los actos más representativos de las fiestas: las corridas de toros. Pero no sólo de astados se nutre la fiesta.

El día grande, el 7 de julio, tiene lugar la procesión del santo. En ésta, los pamploneses, junto con la comitiva que lo acompaña, lo arropan en su recorrido por las calles del casco antiguo. Un silencio sepulcral llega cuando se le canta una jota, momento que se vive con especial emoción. Contrario de lo que piensa todo el mundo, San Fermín no es el patrono de Pamplona. Es copatrono de Navarra, provincia de la que es capital, junto con el misionero San Francisco Javier. Nacido en esta localidad, vivió muchos años en Francia y fue torturado y degollado a los 31 años en la localidad francesa de Amiens.

En San Fermín, la fiesta está en la calle. Desde primera hora con las dianas amenizadas por la banda de música La Pamplonesa, pasando por la “Comparsa de gigantes y cabezudos” que desfila todas las mañanas. Peñas y txarangas animan a todo el personal recorriendo las calles de Pamplona. Las mismas que a lo largo del año han ido celebrando la proximidad de la fiestas durante la llamada escalera de San Fermín: “1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo, 4 de abril, 5 de mayo, 6 de junio, 7 de julio: ¡San Fermín!” Todas las noches el cielo se viste de luz. Los fuegos artificiales engalanan la ciudad, tras lo cual verbenas y conciertos anuncian el comienzo de la noche.

Pero tarde o temprano, el final siempre llega; ese amargo 14 de julio a medianoche, en el que toca despedirse de ese pañuelo rojo que se nos hace ya inseparable. En la misma plaza del ayuntamiento en la que comenzó todo, toca despedirse hasta el próximo año. Mientras se entona el “pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las Fiestas de San Fermín”, comienza otra vez la cuenta atrás. ¡Viva San Fermín!

 

Fiestas de San Fermín

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