Hoy en día, los cambios que vivimos en el mercado laboral nos empujan a ser más ágiles e innovadores, haciendo que invirtamos más de nosotros mismos para alcanzar metas y lograr objetivos. Y si a esto le agregamos el hecho de que la tecnología nos permite trabajar “en todo momento y en todo lugar”, no existen argumentos que nos impidan ser cada vez más productivos.

Desde niños nos enseñan que el trabajar “duro”, es una manera de ver los frutos de nuestro esfuerzo y dedicación. Y ya de adultos, las organizaciones generalmente recompensan el trabajo y el exceder los resultados del negocio, no importando a qué costo. Generar estrategias para que la personas trabajen “más” y “mejor” es un objetivo de muchas áreas que gestionan personal.

Sin embargo, hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que en muchas ocasiones ganarse el título del empleado del año o del mes tiene un impacto que es importante analizar.

La inversión en el trabajo puede verse desde dos grandes perspectivas, de acuerdo con la manera en cómo se vive y las consecuencias de esta inversión en la vida de las personas: el “compromiso” (o engagement) y el “trabajolismo” (o adicción al trabajo). Ambos se caracterizan por grandes inversiones por parte de los colaboradores con relación al tiempo y esfuerzo dedicado a su trabajo.

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“El compromiso es un acto, no una palabra”: Jean-Paul Sartre.

Ser comprometido en el trabajo tiene que ver con la voluntad de ejercer un esfuerzo en pro de los objetivos de la organización, influyendo en el comportamiento de un colaborador hacia un determinado curso de acción.

El compromiso se relaciona con un estado mental positivo, de realización personal, caracterizado por la persistencia, energía y resiliencia mental mientras se trabaja. El ser comprometido implica invertir de uno mismo en el trabajo, con pasión, entusiasmo, orgullo e inspiración.

Es cuando trabajamos y lo disfrutamos tanto, que se nos pasa el tiempo realizando nuestras tareas, y cuando las terminamos, sentimos orgullo y trascendencia por el resultado.

El compromiso, cuando es llevado en este sentido positivo, trasciende hasta generar un lazo emocional hacia la organización, manteniendo comportamientos positivos hacia ella y generando sentido de pertenencia.

A su vez, ello trae resultados positivos hacia la organización como baja rotación y mejor desempeño y hacia el colaborador como mayor satisfacción laboral, una alta satisfacción hacia la propia vida y un mejoramiento en la salud física y mental.

“Sin dolor, no hay recompensa”: Frase popular.

El lado obscuro de la alta inversión en el trabajo se explica a través del “trabajolismo” o adicción al trabajo.  Se refiere a la tendencia de trabajar excesiva y obsesivamente, manifestándose a través de conductas compulsivas.

Es cuando no podemos dejar de pensar en nuestro trabajo, pendientes 24/7 de nuestro correo electrónico, viviendo preocupados, estresados y ansiosos por satisfacer las demandas de nuestros cargos.

A diferencia del compromiso, el “trabajolismo” no se disfruta, sino se padece, trayendo a su vez, consecuencias negativas a nivel individual y organizacional (aunque no lo pareciera).

Para los colaboradores este concepto se relaciona con mayores problemas interpersonales en el trabajo, menor percepción de satisfacción en la vida, mayor conflicto en el balance de vida, mayor tensión en el trabajo y un decremento en la salud física o mental, derivado de los altos niveles de estrés y burnout.

¿Qué pueden hacer las organizaciones al respecto?

Para no caer en el lado obscuro del trabajo duro y promover que las personas inviertan en su trabajo desde el compromiso, las organizaciones pueden ser agentes fundamentales para redirigir los esfuerzos personales a partir de la creación de entornos positivos y constructivos:

  • Generar culturas de Alta Confianza y de alta valoración al bienestar de las personas.
  • Evaluar qué tipo de comportamientos o resultados son incentivados o recompensados en tu organización.
  • Mantener a los colaboradores retados a través de objetivos reales y alcanzables.
  • Asegurarse que los líderes de la organización sean empáticos con los colaboradores, manteniendo una comunicación constante en el equipo de trabajo.
  • Monitorear el tipo de beneficios que brindas a los colaboradores.
  • Mantener canales de apelación vigentes, beneficios orientados a la salud física y mental, así como esquemas de trabajo flexibles, son altamente valorados por las personas y les ayudan a mantener una calidad de vida óptima.
  • Cuidar que se recompense el trabajo y el alcance de objetivos, más que el presentismo.

Todos estamos conscientes del esfuerzo y tiempo implicados en alcanzar objetivos, tanto para un beneficio personal, como para beneficio de las organizaciones. Sin embargo, la intención es tratar de mantener un equilibrio al promover el compromiso o engagement y evitar el “trabajolismo” o las conductas que pueden provocar la adicción al trabajo.

Cada persona es un mundo y cada persona persigue sus propias motivaciones. No obstante, así como en otros temas relacionados al trabajo, es fundamental que las organizaciones puedan promover la salud en las personas que día a día dan lo mejor de sí mismos para sus equipos de trabajo y las organizaciones donde trabajan. Todo, para crear mejores negocios, mejores personas y un mejor país para trabajar.

 

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Página web: greatplacetowork.com.mx

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