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Este texto se publicó originalmente el 21 de marzo de 2016. 

Por Enrique Hernández

Buenos Aires, Argentina. El futbol no es solamente un juguete para nuevos ricos mexicanos, jeques árabes, petroleros rusos o multimi­llonarios chinos. Ahora cualquier aficionado, argentino o no, puede adquirir acciones de jóvenes futbo­listas con posibilidades de ser los Messi o los Di María en unos años.

El nuevo instrumento de inver­sión se denomina Griffa 2016, y es una nueva manera de participar en el negocio deportivo de Argentina, una de las mayores fábricas de futbolistas del mundo.

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Tradicionalmente, los fondos de inversión se han apropiado de equipos de futbol y futbolistas en España, Inglaterra, Italia, Francia y Portugal, a la vez que en Brasil y Argentina se han dedicado a cazar a las jóvenes promesas para llevarlas al Viejo Continente.

Pero la FIFA prohibió estos fondos en mayo de 2015, y eso abrió la puerta para el surgimiento de Griffa 2016, ideado por empre­sarios y respaldado por el mercado de jugadores argentinos.

Por ahora, Griffa 2016 ofrece joyas en bruto y sin fama como Marcelo Meli y Walter Montoya, jugadores descubiertos por el director técnico Jorge Bernardo Griffa, quien puso su nom­bre y fama de formador de talento para el lanzamiento al mercado de este track o fideicomiso.

Con casi 80 años de edad, el extécnico Griffa aún es garantía de éxito. Por sus ojos pasaron figuras argentinas valuadas en conjunto en más de 400 millones de dólares (mdd). Entre ellos están Marcelo Bielsa, un nombre que ha sonado en ocasiones para dirigir a la selección mexicana; Carlos Tévez, jugador del Boca Juniors; Gerardo Martino, técnico de la selección argentina, y Jorge Valdano, comentarista de televisión y empresario, entre otros.

Ya los visores del equipo portu­gués Benfica, administrado por un fondo de inversión, siguen de cerca y buscan a Meli, un joven que jue­ga en Boca Juniors, con un jugoso contrato de 3.7 millones de euros (mde) por únicamente la mitad de su pase, para llevárselo a jugar a Europa. En tanto, Montoya sigue en Rosario Central.

Como ellos, hay otros 20 futbo­listas argentinos que representan inversiones desde 5,000 hasta 50,000 dólares. Los inversionistas reciben una participación en accio­nes, como si fuera una empresa que cotiza en Bolsa, así como un rendi­miento anual de entre 15 y 50%.

La promesa es: nadie pierde, el negocio es perfecto.

“No importa que uno o dos jugadores no crezcan, si estallan al éxito dos o tres, el inversor recibirá una alta rentabilidad”, asegura Luis Alberto Dubiski, economista y socio de First Corporate Finance Advisors. “Este track financiero se parece al colocado en la construc­ción de los inmuebles, que se hacen por porcentaje; por ejemplo, se construye un edificio de 20 pisos, a cada uno de los inversores se les da una veinteava parte”.

El riesgo es mínimo, pues son muchos los jugadores de la primera división argentina que se colocan en el extranjero y la inversión es en quienes apenas inician su carrera, agrega un optimista Dubiski. “La valorización de Meli se triplicó en el futbol argentino: valía 1.5 mdd en Colón de Santa Fe, pero el año pasado, cuando fue contratado para vestir la playera del Boca, lo tasaron entre 4 y 4.5 mdd”, indica.

Si Benfica quisiera en este mo­mento adquirir la totalidad de la carta del joven de 22 años desembolsaría 8.1 mdd. Ese dinero se repartiría entre Boca, Colón, los inver­sionistas y el jugador, y es la manera como entra a la eco­nomía argentina, el país que más exporta jugadores en el mundo, explica Dubiski.

Los fideicomisos como Griffa 2016 son un mecanis­mo financiero y de ahorro seguro en momentos de volatilidad de las divisas, y una opción contra las restricciones cambiarias impuestas por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que prohíben a los argentinos hacerse de dólares en el mercado formal, ante lo cual sólo les queda la opción de acudir a “cuevas” o centros cambiarios informales.

Los rendimientos de Griffa 2016 deben sobreponerse a una infla­ción interanual en septiembre de 30.7%, proyectada por el Centro de Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella.

“Es atractivo encontrar un mecanismo financiero donde el futbolista es un producto en dóla­res en una economía como la ar­gentina, que tiene una variable de tipo de cambio compleja y volátil”, presume Gabriel Sapio, socio de Sports Talent Management Group (STMG), agencia de management deportivo en América Latina y una de las empresas creadoras de Griffa 2016.

Una ventaja del fondo es que recibe inversión en dólar oficial y el retiro, en un plazo de dos años, es en esa misma moneda, explica Sapio. Además, Griffa 2016 es un fideicomiso abierto, que permite a los inversionistas salirse cuando lo deseen, añade, a diferencia de otros tracks como los inmobiliarios, donde te obligan a permanecer hasta que se concluya la venta del edificio financiado.

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Fondos desde los 90

En la década de 1990, Boca Juniors creó el Fondo Boca, de donde salían jugadores consagrados. A través de este fondo llegaba el dinero para la formación de los futbolistas y a cambio se quedaba con los derechos sobre los ingresos generados con la venta de esos jugadores en el extranjero.

Hoy ese negocio ya está en manos de empresarios o pequeñas firmas, recuerda Guido Sandleris, director del Centro de Investi­gación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella. El decano de la Escuela de Negocios explica la mecánica: el represen­tante o agente arma un portafolio de varios jugadores jóvenes y apuesta a que alguno de ellos llegue a ser figura y, de esa manera, recu­perar lo invertido en financiarlo.

Argentina se mantiene por quin­to año consecutivo como el primer país exportador de talento del mundo en materia de futbol, indica el estudio King of export Argentina players 2014.

En 2014, se fueron al extranjero 5,152 futbolistas, el doble que en 2013, según la empresa de marke­ting y management Euromericas Sport Marketing.

La exportación de futbolistas argentinos da ingresos para sanear las finanzas de los dirigentes de los clubes, dueños de academias de futbol, intermediarios, represen­tantes y jugadores, dice Gerardo Molina, profesor emérito en mar­keting deportivo.

“Un jugador se convierte en un activo importante porque trae más ingresos que la televisión, la venta de entradas y licencias”, señala Molina. “En otras palabras, son la principal fuente de ingresos para los clubes en América, eso expli­ca la premura con que se venden los jugadores para encontrar una manera de pagar las deudas de la mayoría de los clubes, especial­mente en Argentina y Brasil”.

Mecanismos como el Griffa 2016 pueden ser la única opción disponible para los clubes de futbol en la región, que suelen estar en números rojos.

“Hoy en Argentina ningún equipo de futbol es sujeto de cré­dito por ser una asociación civil, ni siquiera el más grande, que es Boca Juniors”, asegura Dubiski. “El problema principal es el financia­miento, y también es lógico, porque las asociaciones civiles no deberían perder dinero”.

Algunos clubes copian el mode­lo inglés, sacan a las barras bravas de los estadios e instalan centros de consumo como tiendas, restauran­tes, cafetería, escuelas y museos, con el fin de hacerse de liquidez, agrega el financiero.

“Los clubes argentinos deben 2,000 millones de pesos argentinos (unos 210 mdd)”, calculó a finales de 2014 Armando Pérez, presiden­te de Club Atlético Belgrano de Córdoba.

La Asociación de Futbol Argen­tino (AFA) no es un organismo rico, sino lleno de caos.

“Vamos a estar apretados y nos está faltando dinero, es un proble­ma que generamos los dirigentes”, acepta el empresario.

Los clubes sobreviven gracias al subsidio gubernamental, el cual en­trega anualmente 1,742 millones de pesos argentinos (unos 190 mdd). A cambio, los argentinos pueden ver en la televisión los clásicos y las finales de los torneos de futbol.

El principal problema de los equipos es el apalancamiento financiero y cómo conseguir fondos de forma genuina para generar un volumen de negocio (o sea, futbolistas), dice Sapio. “La venta de los jugadores (a través del Griffa 2016) nos permitió incrementar la captación de jugadores: pasamos de ver 3,500 jugadores de futbol en el año a un universo de 7,000 niños en Argentina”.

También proveyó dinero para pagar pasajes a los infantes que entrenan en más de 30 escuelas de futbol y para la compra de más de 25,000 balones, cuenta.

Sapio abunda en los planes de su empresa, que ya incursiona en la instalación de academias de futbo­listas en Estados Unidos, México (en Guadalajara y Querétaro) y adelanta que está a punto de cerrar un negocio con uno de los clubes mexicanos de mayor popularidad. Su aspiración es también llevar este modelo de negocio a Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos (donde ya trabaja a marchas forza­das con los jeques árabes), Nigeria, Japón, Malasia e Indonesia.

Y a China, aunque acepta que esa será una jugada difícil. “China es fascinante, pero es una cultura diferente en temas de seguridad jurídica”, indica. Pero Sapio no se desanima y afirma que todo depende del éxito del fideicomiso Griffa 2016. Si todo sale bien, habrá un Griffa 2018, año del Mundial de Futbol que se celebrará en Rusia.

Pero también hay riesgos. Los problemas de corrupción de la FIFA pueden perjudicar a este tipo de ne­gocios financieros, advierte Dubiski. Se refiere a una norma de FIFA que indica que la titularidad de los jugadores debe estar en los clubes y no en fondos de inversión.

En diciembre de 2014, el Comité Ejecutivo del organismo acordó que desde el 1 de mayo de 2015 se prohíba la propiedad de futbolistas por parte de empresas y fondos de inversión.

Los contratos ya existentes podrán seguir en vigor hasta que expiren, con tiempo límite de un año. “Los que ya están, como es el caso de este fideicomiso, no tienen problemas, ésta es una ley que rige a partir de mayo pasado y este producto se constituyó en enero de 2015”, aclara Dubiski.

Los fondos de inversión incursionaron en el negocio el 31 de agosto de 2006, cuando Carlos Tévez y Javier Maschera­no firmaron contrato con el West Ham de Inglaterra, procedentes del brasileño Corinthians. Fue una proeza para el cuadro inglés, pero nadie imaginó que detrás estaba el fondo de inversión Media Sport In­vestment, vinculado al empresario iraní Kiavash Joorabchian.

Otros fondos de inversión ope­ran en Portugal y son administra­dos por Espírito Santo Fundos de Investimento Mobiliário (ESAF), un banco que quebró. Uno de los fondos es Benfica Stars Fund, el cual fue creado en septiembre de 2009 para obtener financiamiento a través de la venta de un porcen­taje de sus futbolistas.

Por las arcas de Benfica Stars pasaron los argentinos Ángel Di María, Ezequiel Garay, Nicolás Gaitán y Franco Jara, así como el brasileño David Luiz, entre una veintena más de futbolistas de diversos países.

Otro protagonista es Sporting Portugal Fund, administrado por el mismo banco portugués ESAF. Nació con la finalidad de sanear las arcas del equipo en 2007 y, desde entonces, ha hecho una veintena de transacciones de compra-venta de futbolistas.

Uno de los precursores es el afa­mado Jorge Mendes.

El agente más influyente del mundo del futbol participó en la compra del astro portugués Cris­tiano Ronaldo, del brasileño-espa­ñol Diego Costa y de los colom­bianos Radamel Falcao y James Rodríguez. Esos cuatro jugadores valen más de 285 mdd, dinero suficiente como para comprar a los clubes argentinos Boca Juniors, River Plate, Independiente, San Lorenzo, Newell’s y Racing.

Jorge Mendes es el represen­tante más reconocido por hacer operaciones a través de un fondo de inversión, pero Griffa 2016 no se parece en nada, justifica Sapio, salvo quizá en el espíritu. “Jorge Mendes no tiene producción de jugadores, nosotros tenemos viso­rias, una cantera bilateral y segmen­tada, así como somos intermedia­rios, representantes”, defiende.

 

― ¿La fifa ataca a los fondos de inversión que están detrás de Cristiano Ronaldo?, se le cuestiona a Dubiski.

― Justamente la FIFA lo hace contra Jorge Mendes, porque factura más dinero que varios clubes del futbol. Griffa 2016 no es para cambiar la titularidad de jugadores de un club, sino para apoyarlos con un finan­ciamiento.

“Ninguno de estos fondos tiene el poder de decisión del jugador, porque es una parte pequeña de su carta en la venta, ni de su futuro.

Los clubes siempre son dueños del 50% y hasta del 60% de las cartas de los jugadores”, dice el econo­mista. El fideicomiso es dueño de sólo 25% del valor de la carta de los jugadores.

“Me parece bien que la FIFA haya determinado que la compra o venta de los jugadores sea por una institución y no por un intermedia­rio como un fondo de inversión”, añade el asesor financiero de First Corporate Finance Advisors.

La idea de replicar este fideico­miso en otros clubes argentinos ya despertó el interés del Instituto de Córdoba y Quilmes.

Pero los escándalos de corrup­ción en la FIFA detuvieron este proceso y obligó a dar más transpa­rencia a Griffa 2016.

Detrás de la vigilancia y aproba­ción del producto financiero está el despacho de abogados Marval O’Farrel Mairal y los fiduciarios Estudio Beccar Varela y Fymsa Servicios Fiduciarios.

La observación de esas enti­dades también da respaldo para listarlo en el mercado de valores, aunque por ahora no está prevista una colocación.

Una oferta pública inicial (OPI) será decidida en función de la situación del mercado, en este mo­mento es un producto family office a prueba en Argentina, dice Sapio.

“Si esto explota como tenemos en mente, seguramente habrá la segunda o tercera versión”, pro­nostica. “Nuestra compañía no se resistirá a hacer una OPI y también hacer público el producto”.

Hacer una OPI de este tipo en México sería más sencillo.

“El contexto económico y jurí­dico es más estable en México, sin duda lo pensaremos y analizaremos con mayor profundidad, pues al ser los clubes sociedades anónimas te dan otra versatilidad de colaborar”, concluye Sapio.

 

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