Paquete-Economico-2020-supuestos Boton septiembre Forbes

POR ALEJANDRO J. SALDAÑA BRITO / ECONOMISTA EN JEFE DE GFB×+

El 8 de septiembre fue la fecha límite para que el gobierno federal presentara el Paquete Económico 2020 ante el Congreso de la Unión que deberá ser aprobado antes del 15 de noviembre.

Es preciso que el Ejecutivo considere todos los riesgos que enfrentará la economía mexicana y base sus proyecciones en supuestos racionales, pues, de lo contrario, podría tener consecuencias desfavorables.

Es posible que la Secretaría de Hacienda revise el marco macroeconómico presentado en abril en los Pre Criterios 2020, en los que se establecían supuestos clave, como un crecimiento del PIB del próximo año de entre 1.4% y 2.4% anual real y una producción de 1.9 millones de barriles de petróleo diarios (mdbd).

El crecimiento económico se ha desacelerado en la primera mitad de 2019 y es posible que la atonía en el crecimiento se extienda hacia delante. El balance de riesgos para la actividad está sesgado a la baja y podría acentuarse si la inversión sigue cayendo o si observamos una mayor desaceleración de la economía global, en especial en Estados Unidos.

Respecto de la producción de crudo, en junio pasado se ubicó en 1.7 mdbd, y algunas agencias calificadoras han señalado que el Plan de Negocios de Pemex es optimista, pues necesitaría invertir más que lo anunciado en exploración y producción para lograr sus metas.

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El paquete se compone de Criterios Generales de Política Económica; Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación; y Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación. Contar con un marco macroeconómico correctamente definido y apegado a la realidad es el primer paso para contar con un Paquete Económico responsable.

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Si la economía termina por crecer menos que lo estimado en 2020 y la plataforma de crudo no revierte su caída en la magnitud que se proyecta, el gobierno federal percibirá menos ingresos y es probable que tenga que transferir más recursos a Pemex, dado el rol central en la política económica que la actual administración le ha dado a la empresa.

Ante una sobreestimación de los ingresos, el soberano podría:

1) Recortar el gasto, lo que generaría un todavía menor crecimiento económico, derivando en una espiral negativa crecimiento-recaudación;

2) Aumentar los impuestos, lo cual es poco probable en el corto plazo;

3) Incurrir en un mayor endeudamiento.

Al final, ello aumentaría la fragilidad de las finanzas públicas, así como el riesgo de una reducción en la calificación crediticia.

Esto último podría encarecer el costo financiero del soberano, lo cual dejaría todavía menos ingresos disponibles para el gasto. Para evitar lo anterior, el gobierno federal podría recurrir al uso de los Fondos de Estabilización, pero ésta no es una solución sostenible, pues podrían agotarse rápidamente.

 

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