La atención mediática sobre las elecciones del 2 de junio estuvo centrada en Puebla, dado el intrincado contexto que rodeó esta elección. Sin embargo, la elección de Baja California, con sus 3.3 millones de habitantes, resulta más significativa: es una pérdida más importante para el PAN que Puebla y es una ganancia más relevante para Morena que Puebla. Tres décadas han pasado ya desde que México vivió por primera vez la victoria de un partido de oposición a la gubernatura de un estado. Era 1989 y el PAN ganaba por primera vez una elección estatal, en un México donde iniciaban las “concertacesiones”, en las que se negociaban triunfos electorales a cambio de legitimidad o apoyo político. Desde entonces, en Baja California el PAN había logrado ganar consecutivamente seis elecciones para renovar al titular del Poder Ejecutivo.

Morena ha roto ese bastión panista. Con una votación ubicada entre 50.7 y el 53.2 %, según el conteo rápido, Jaime Bonilla gobernará Baja California con un congreso pintado de Morena y con los cinco municipios del estado también en manos de Morena. Sobre el futuro gobernador, destaca, por cierto, haber sido uno de los delegados federales que el presidente López Obrador nombró en los estados.

En el caso de la elección de Puebla, la sombra de “morenovallismo” acompañó la campaña electoral en el estado, en la que los candidatos centraron sus propuestas en revisar las administraciones panistas pasadas, principalmente en lo que respecta a los contratos de las numerosas obras públicas realizadas durante Moreno Valle y, en su caso, fincar responsabilidades. Barbosa fue acusado por el PAN de querer lucrar con la muerte de Martha Erika Alonso, debido a la polémica imagen que usó en el arranque de la campaña, con el mensaje “Juntos busquemos la reconciliación”.  Según el conteo rápido, Barbosa habría ganado la gubernatura con una votación ubicada entre el 42.6% y 45.4% con una participación de los electores entre el 31.4% y 33.4%.

Como gobernador de Puebla, veremos hasta dónde le dará el encargo para cumplir con esa difícil reconciliación, en un estado con un largo caudal de corrupción y una deuda millonaria que algunas investigaciones calculan en más de 47 millones de pesos, comparables con las de otros exgobernadores como Javier Duarte en Veracruz, César Duarte en Chihuahua y Roberto Borge en Quintana Roo.

Los futuros gobernadores de Baja California y Puebla llegarán a sus encargos con la coalición Morena, PT y PVEM, además de un partido local en el primer caso, lo que abona en las señales hacia una alianza que se consolida más allá de los apoyos legislativos en el Congreso de la Unión, iniciada formalmente con el paso de cinco legisladores del Verde hacia Morena en el arranque de la Legislatura, en septiembre de 2018. La alianza ahora escala hacia lo electoral y avanza hacia la elección intermedia de 2021.

Además de Baja California y Puebla, también se compitieron Ayuntamientos en Aguascalientes y Durango, así como los integrantes de los Congresos en Quintana Roo y Tamaulipas. De acuerdo con el PREP, en Quintana Roo, 11 distritos de 15 fueron ganados por Morena, en Aguascalientes 5 municipios de 11 habrían sido ganados por el PAN, en Durango, de 39 municipios, PRI habría ganado 16 y la coalición PAN- PRD el mismo número, y en Tamaulipas 21 distritos de 22, habrían sido ganados por el PAN. Ante estos números preliminares, el balance para el PAN, PRI y PRD es variopinto y refleja la fuerza que conservan los partidos de oposición a nivel municipal y distrital, a la vez que reflejan los espacios donde podrían ser competitivos en las elecciones por venir.

 

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