El 1 de diciembre el presidente, Andrés Manuel López Obrador, anunció la suspensión de la fractura hidráulica (fracking) para extraer gas natural del subsuelo mexicano. Esa promesa no se ha concretado porque falta un cambio legal y porque seguramente ya se está dando cuenta de que México es un importador de ese combustible y que de nada sirve tener enterradas las reservas.

Lo que sí hizo fue cancelar la subasta petrolera, 3.3 que consideraba la explotación de hidrocarburos no convencionales, es decir las que contemplan el fracking.

El fracking es una técnica de explotación de gas natural conocido como shale gas que causa enormes dilemas. Se perforan los pozos de forma horizontal para fracturar la roca donde está alojado el gas y se utilizan químicos y agua para generar presión y alentar la salida del hidrocarburo.

Ecologistas señalan que durante la perforación de los pozos se pueden contaminar los mantos acuíferos, pero esa posibilidad se reduce considerando que la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente es la encargada de vigilar la integridad de los pozos.

El fracking permitió que Estados Unidos pasara de ser una nación importadora a una exportadora de gas natural. Los precios del hidrocarburo disminuyeron a partir de la sobreoferta de shale gas en el país del norte.

En ese país, todas las empresas que se dedican a la explotación del combustible informan de manera pública sobre los químicos que utilizan para evitar daños ambientales.

Por otra parte, los microsismos que se asocian al fracking deben ser monitoreados y analizados por el Servicio Sismológico Nacional mediante la instalación de estaciones sismológicas que midan la actividad sísmica en las zonas cercanas a la extracción del gas, considerando que México es un sitio de actividad sísmica.

El profesor de Ingeniería Petrolera en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, Gaspar Franco, considera que decir sí o no al fracking en México depende de factores como la cantidad y calidad de hidrocarburos y la demanda que tiene México; la tecnología que utiliza, la regulación; las instituciones que se encargan de verificar las actividades en materia de exploración y extracción; la preparación y profesionalismo de la gente que trabaja en las operadoras petroleras, además del espíritu para construir una nación más fuerte en temas de seguridad energética y por balancear la matriz energética de manera sustentable.

Como se puede ver, los mecanismos para regular y garantizar una extracción segura y eficiente del shale gas existen, sólo es cuestión de que los organismos reguladores hagan su trabajo y que tanto Petróleos Mexicanos, como el resto de las empresas con contratos para la extracción del hidrocarburo hagan los trabajos con la tecnología, insumos y personal adecuados, y bajo principios éticos.

México, decidió apostarle al gas natural para la producción de electricidad y para el desarrollo de la industria porque tiene reservas suficientes de ese hidrocarburo en el subsuelo. Así que tendrá que decidir si continúa invirtiendo para capturar el gas asociado al petróleo y que se quema o se libera a la atmósfera, y si regula y cuida la extracción eficiente y segura del shale gas, o si deja el recurso enterrado para seguir comprando el combustible en el extranjero, especialmente a Estados Unidos.

 

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