La economía global se enfrenta a una dura situación. Una situación en la que la economía, en su conjunto, muestra una generalizada e intensa desaceleración económica. Desaceleración que ha llevado a economías con gran potencial y líderes en la economía mundial a una tortuosa situación en la que el pesimismo de los indicadores pone de manifiesto la gran vulnerabilidad que poseen. La de los registros ha causado una sensación amarga en los analistas.

Grandes economías que, a priori, mostraban una fuerte consolidación en sus crecimientos, así como una mayor robustez ante posibles shocks en el escenario económico experimentan nuevos reajustes, a la baja, que lastran sus datos de crecimiento. La economía se desacelera y los tambores de recesión resuenan cada vez más fuerte en la economía global. El pesimismo es generalizado y el entramado de riesgos e incertidumbres, que provoca el deterioro que está experimentando el balance de riesgos a nivel global, sigue acechando una economía cada vez más debilitada.

Economías, a priori, robustas como la europea ya muestra grandes signos de desaceleración económica. Signos que auguran recesión en grandes economías líderes como es el caso de Alemania. La locomotora económica europea, que ya experimentaba una fuerte moderación en los crecimientos tras los registros que dejaba la actividad económica y la producción industrial, intensifica sus caídas tras la lectura del último registro acerca del crecimiento cosechado en materia PIB durante el segundo trimestre.

Un registro que, aunque se preveía más negativo de lo pronosticado, ha dejado a Alemania al borde de la recesión técnica, tras contraerse en un -0,1%, en contraste con la lectura del primer trimestre. La caída que ha experimentado la demanda global, dada la guerra comercial que mantienen los dos principales bloques económicos del mundo, China y Estados Unidos, ha abierto una fuerte brecha en una economía en la que el peso del comercio exterior supedita, con gran peso en el Producto Interior Bruto (PIB), el crecimiento económico y el desarrollo en el país.

Alemania, junto con China y Estados Unidos, es uno de los principales agentes de comercio en los mercados internacionales. Su fuerte apuesta por el comercio global ha llevado a que gran parte de la economía sea completamente dependiente del sector exterior. La caída en las exportaciones que propiciaba un dificultado escenario de tensiones y paralización de la actividad comercial en el escenario global ha provocado que el gran peso de las exportaciones en la economía germana merme el progreso económico del país, hasta el punto de llevarlo al borde de la recesión.

De igual forma que Alemania, otras economías de la zona euro también se encuentran en serios riesgos y con enormes vulnerabilidades ante posibles cambios en el ciclo económico. España o Italia, dos grandes economías de la Unión Europea, también experimentan los efectos de una desaceleración económica y, pese a que España no se ha visto sometida a una recesión técnica como sí lo ha hecho Italia, el bloqueo político que presenta el país y la ausencia de nuevas reformas para paliar los efectos de la desaceleración la pone en el punto de mira de los analistas.

Por otro lado, Reino Unido también sigue perdiendo impulso debido a los impulsos secesionistas que llevan al nuevo líder conservador británico a afirmar que Reino Unido dejará la Unión Europea al precio que haga falta. Un precio que, efectivamente, está mermando el crecimiento de la economía británica, que, junto con la fuerte caída que experimenta la libra de forma continua, ponen de manifiesto la importancia de acuerdos que garanticen la institucionalidad en el país ante los discursos populistas de los líderes que desean acabar con la economía por propios intereses.

Cambiando de continente, otra de las grandes economías amenazadas, y quizá la más preocupante por su implicación en el asunto, es China. Con preocupante me refiero a que China, un país que está registrando una de las mayores moderaciones en los crecimientos tras una dura desaceleración que experimenta la economía china desde 2010, se encuentra en el epicentro del conflicto más importante que vive la economía en el escenario económico actual. Como hemos dicho, el importante peso del comercio en su PIB supedita la economía del país a la evolución de los acuerdos comerciales con el que, hasta ahora, había sido su principal socio comercial.

La economía china experimenta una fuerte reducción en las exportaciones, dado el escenario que vive el comercio global. Una situación que ha llevado a la economía china a cosechar su peor nivel de crecimiento de los últimos 30 años, distanciando al país de su objetivo de duplicar el PIB del país para el 2020. Los acuerdos bilaterales entre China y Estados Unidos se encuentran paralizados, a esperas de que el conflicto comercial, y de divisas, se solucione y devuelva al escenario comercial y los mercados a su estado normalizado.

Otras economías que atraviesan una dura situación, esta vez más por el lado de las emergentes, son las economías de México y Argentina. Dos de las principales economías latinoamericanas y que no atraviesan un buen momento para su economía. Pese al optimismo del presidente, en el caso de México, la economía sigue ralentizándose, provocando, al igual que Alemania, un bordeo de la recesión tras cosechar un debilitado crecimiento del 0,1%. Unos ritmos de crecimiento peores de los previstos por la presidencia en el país.

Argentina, en su caso, atraviesa una situación aún peor, tras cosechar una probabilidad de default, según Bloomberg, del 75% en su capacidad de pago. Tras la victoria del líder peronista en el país, ante una esperada victoria de Mauricio Macri en las urnas, la economía argentina se ha visto abocada al colapso económico, registrando una devaluación de la divisa de hasta el 32% frente al dólar estadounidense. Una devaluación que impulsó al banco central a adoptar la mayor subida de tipos del mundo, situándolos en un 74%, frente al 53% donde se encontraban anteriormente.

Tras la derrota prevista de Macri en las urnas, el posible cambio de presidencia alarmó a los inversores, que huyeron despavoridos de los mercados, provocando abruptas pérdidas de hasta el 38% en la bolsa de Buenos Aires. Los valores caían a niveles de hasta el 60%, mientras que la economía experimentaba un lunes negro teñido de rojo en los mercados. A la misma vez, la prima de riesgo se disparaba a niveles desorbitados en el país, reflejando esa débil capacidad de pago y el posible colapso financiero en el país. Una situación que elevó la rentabilidad de los bonos argentinos a tasas de rentabilidad con elevados costes de financiación.

La economía está atravesando una dura situación en el escenario global. Los países muestran una desaceleración más pronunciada de lo esperado y los crecimientos muestran una clara tendencia subyacente de desaceleración económica. Las incertidumbres y los riesgos que sacuden a la economía mundial moderan los crecimientos, a esperas de una resolución y la aplicación de políticas acertadas que traten de revertir una situación catastrófica para la sociedad, en su conjunto.

 

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