Por Yvette Mucharraz y Cano

La Cenicienta y Blancanieves por mencionar un par tal vez no tuvieron que preocuparse por un techo de cristal, fueron personajes creados por los hermanos Grimm en la época de la Revolución Francesa -en el siglo XVIII- y sus historias fueron ampliamente difundidas por el cine en el siglo XX. Aún hoy en día se siguen viendo en las calles de México los disfraces, piñatas, pasteles y artículos con su imagen, que ha estado presente en la vida de muchas niñas de diferentes generaciones.

Estas historias presentaron una narrativa en la que las mujeres podían aspirar a una vida de ensueño, debido a su belleza física, sus cualidades como la nobleza y la bondad, y un golpe de suerte que las llevó a conseguir su sueño de vivir en un castillo con un príncipe que las rescató de la desgracia y donde lograron ser felices para siempre.

Evidentemente, son cuentos, ellas nunca existieron más que en la mente de sus creadores, y de quienes les dieron vida a través de los dibujos animados. Los hermanos Grimm no pudieron haber imaginado lo que pasaría con sus cuentos después de más de dos siglos. Me pregunto hasta qué punto estas historias han influido en más de cuatro generaciones de mujeres y niñas que han soñado con ser una de estas princesas.

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Un argumento para entender el origen, podría ser el momento histórico en el que se crearon Blancanieves y la Cenicienta. No sería válido dado que, en la misma época en la que surgieron estos cuentos, pocos años antes de la Revolución Francesa, hubo quien vio una realidad diferente.

En México, por ejemplo, vivió una mujer extraordinaria, Sor Juana Inés de la Cruz, quien promovió los derechos de la mujer para participar en la ciencia, en la cultura y en las artes. Tuvo que vencer muchos obstáculos para que sus escritos trascendieran las fronteras, aún cuando no había los medios de comunicación necesarios para su difusión. Su historia, aunque conocida a lo largo de los años, no ha tenido el mismo impacto.

Pienso que la influencia en la identidad de las mujeres en México debería estar más arraigada a las mujeres de la vida real que han pasado a la historia por su contribución a las letras, a la cultura, a la ciencia y a los negocios, aquellas que han dejado de lado la figura implícita del techo de cristal en sus campos de acción.

Si vemos las cifras, la inequidad para las mujeres a nivel global está lejos de haberse resuelto. El Gender Gap (Brecha de Género) para 2017, de acuerdo con el World Economic Forum, es de 68%. Esto quiere decir que la inequidad por género sigue siendo una realidad en la mayoría de los países.

El Gender Gap se ha medido desde el año 2006, y se compone de cuatro variables:

  • Participación económica y política
  • Salud y supervivencia
  • Educación
  • Empoderamiento político

El país que en el ranking obtuvo el primer lugar por contar con mayor equidad fue Islandia, y el lugar 144, último en la tabla, fue para Yemen. En Latinoamérica, el país con la mejor puntuación fue Nicaragua, en el sexto lugar del mundo, y con el mayor nivel de atraso se ubicó Guatemala en el lugar 110. México quedó dentro del ranking en el número 81, y en el apartado de la participación económica, tiene un atraso significativo y está ubicado en el lugar 124 de 144 países.

Cuando revisamos la participación de las mujeres en los consejos de administración en México, solo 6% de ellos tienen mujeres, y aun cuando en las empresas cada vez hay más mujeres, en las posiciones de liderazgo siguen siendo minoría. Hace años que se habla del techo de cristal que implica una barrera para que más mujeres estén ubicadas en puestos que impliquen toma de decisiones. Si pudiéramos descifrar lo que conforma el techo de cristal, veríamos que una parte importante tiene que ver con la cultura, los roles de género y los paradigmas que mantienen el estado actual de las cosas.

Regresando a la metáfora de los cuentos, considero que si se diera mayor difusión a las historias de mujeres mexicanas que han logrado transformar y vencer los obstáculos para el éxito, podríamos empoderar a las niñas y jóvenes para que a través de su inspiración vieran de forma tangible la posibilidad de lograr un cambio.

Sor Juana Inés de la Cruz, fue una de ellas, así como Josefa Ortiz de Domínguez, pero en la época actual también hay muchos ejemplos. En el foro Forbes del mes de junio de este año se presentaron mujeres de carne y hueso con poder económico, político, social y cultural. Esas son las historias que hay que contar a nuestras niñas por las noches antes de ir a dormir.

*La autora es Profesora de Dirección de Personal y Consejera del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección de Ipade Business School

 

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