Por Laura Shin

El 24 de abril, Martin Köppelmann, de 31 años, Stefan George, de 29, y Matt Liston, de 25, colocaron sus laptops sobre la mesa de un largo comedor de madera en su Airbnb en Gibraltar. Los tres estaban por lanzar una plataforma de fondeo colectivo al estilo Kickstarter, basada en un concepto que habían estado desarrollando durante dos años: un mercado de predicción impulsado por el usuario y basado en una “explosión cámbrica de la inteligencia de las máquinas” llamada “Gnosis”.

Su meta: recaudar 12.5 millones de dólares (mdd), pero, en lugar de dólares, sólo aceptarían dinero en la forma de una nueva criptomoneda, que nombraron “Ether”, que no existía hace dos años. Era una nueva forma de recaudación de capital llamada “Oferta Inicial de Monedas” o ICO, por sus siglas en inglés. Los partidarios no recibirían ningún producto ya terminado y/o trabajado, como usualmente ocurre en Kickstarter. En lugar de eso, por cada Ether (o fracción del mismo) enviado a la billetera electrónica de Gnosis, el “contrato inteligente” automáticamente mandaría de vuelta un tipo de cambio distinto, una moneda GNO, que daría a las personas acceso a la plataforma y, además, actuaría como moneda en la red.

Teóricamente, a medida que Gnosis se volviera más popular, la demanda por las monedas GNO (mejor conocidas como tokens) se elevaría también, incrementando el valor de las acciones de los dueños de tokens GNO. Los fundadores habían diseñado su proyecto de financiamiento colaborativo o crowdfunding como subasta holandesa, la cual comienza con un techo de precio en lugar de un piso. En tan sólo 11 minutos, Gnosis había recaudado 12.5 mdd, guiados, en su mayoría, por agrupación programática de “anillos de licitación”, y vendiendo sólo el 4.2% de un total de 10 millones de tokens. El precio final de 29.85 dólares le dio a el proyecto, el cual tenía poco más que un documento de 49 páginas de papel en blanco y miles de líneas de código abierto, una valuación de 300 mdd. En dos meses, las monedas GNO eran vendidas a 335 dólares cada una, y Gnosis, de pronto, ya valía 3,000 mdd, más que el valor de mercado de Revlon, Box o Time Inc. Sólo las acciones de Köppelmann, en teoría, valen actualmente 1,000 mdd. “Es problemático”, admitió Köppelmann, quien balbucea y suspira constantemente. Su mejor defensa sobre tal valuación es ésta: “Hay cosas mucho peores allá afuera”.

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Eso es prácticamente todo lo que necesitas saber sobre la gran burbuja de las criptomonedas en 2017. La capitalización de mercado de estas monedas virtuales se ha disparado 870% en los últimos 12 meses. De 12,000 mdd a más de 100,000 mdd. (No obstante, esta cifra es poco estable, ya que 30% de aumento o caída diaria no es algo poco frecuente.) Eso es más de seis veces el aumento de la capitalización bursátil durante el boom de las puntocom de 1995 al año 2000. Muchas de estas ganancias totales provienen del Bitcoin, el activo digital original, creado a partir de una ingeniosa combinación de criptografía, cómputo en la nube y teoría de juegos, que ha ganado 260% de valor sólo en 2017.

El valor total del Bitcoin actual excede los 40,000 mdd, a pesar de los años grises de cifras sombrías, fraudes, robo e incompetencia (incluyendo la caída de Mt. Gox, la cual se llevó con ella casi 500 mdd) y del hecho de que no tiene un valor intrínseco, ni siquiera una promesa de un gobierno central o algún metal precioso extraído del suelo que respalde su valor.

Pero la siguiente generación está creciendo mucho más rápido y haciendo algo mucho más interesante: en lugar de una simple divisa (la cual se usa generalmente para especulación), los llamados “cripto-activos” entrelazan negocios y tokens. El combustible aquí es algo llamado “Ethereum” (cuya moneda es el Ether). Al igual que el Bitcoin, está basado en tecnología blockchain, que, esencialmente, es un sistema de contabilidad seguro, descentralizado y actualizado constantemente. Pero, mientras el Bitcoin permite realizar transacciones sólo en Bitcoin, la red de Ethereum permite programas de software. En otras palabras, las criptomonedas basadas en el sistema Ethereum pueden hacer cosas.

¿Por qué arrodillarse ante los capitalistas de riesgo de Silicon Valley o negociar con reguladores federales en los mercados públicos, cuando puedes respaldar tu idea con una moneda y tener a especuladores financiándola para luego subastarla?

Así que, de repente, cualquier persona con una idea digital puede lanzar una moneda para acompañarla. Ya existen más de 900 tipos diferentes de criptomonedas y criptoactivos en el mercado, con un lanzamiento nuevo casi a diario. El 12 de junio, Bancor, que planea crear una nueva reserva de criptodivisas, ofreció el 50% del total de sus tokens y recaudó 153 mdd en menos de tres horas, estableciendo un récord para un financiamiento inicial. Al día siguiente, una entidad llamada IOTA lanzó un token diseñado para micropagos del Internet de las Cosas e inmediatamente obtuvo una valuación de 1,800 mdd. Una semana después, una plataforma de mensajería llamada Status anunció el lanzamiento de su oferta de monedas, recaudando 102 mdd.

Durante una fiebre de oro, es bueno vender minas o palas. El valor de Ethereum se ha disparado más de 2,700% en los últimos 12 meses, a 28,000 mdd o 300 dólares por token. Por supuesto, en su camino cayó hasta los 10 centavos y llegó también a un máximo de 415 dólares. El Bitcoin tradicional ha sido históricamente igual de volátil, comercializándose desde los 31 dólares hasta los 2, después a 1,200, luego a 177 y así hasta sus recientes 4,000 dólares, mientras ejércitos de vendedores tratan de calcular algo que tiene la misma facilidad de predicción que una ruleta.

Por supuesto, eso no ha impedido que cientos de sitios y grupos de Facebook aparezcan alardeando sus cripto-conquistas, incluyendo compras de tokens y monedas financiadas con deudas de tarjetas de crédito. O fanfarrones tratando de convencer a las personas que inviertan el dinero de su retiro en estas cosas vía Ether y Bitcoin IRA. Cada oferta de una nueva moneda representa la oportunidad de traducir un negocio pírrico en una valuación absurda. Estos pioneros ciertamente han descubierto una mejor manera de recaudar dinero y crear un efecto de red.

Olaf Carlson-Wee, de 27 años, es hijo de pastores luteranos. Apenas sabe escribir código, no tiene ningún entrenamiento formal en análisis financiero y nunca antes había administrado dinero. Esto, por supuesto, le da todas las credenciales para ser el rostro de la burbuja de las critpodivisas en 2017. Polychain Capital, la firma de Carlson-Wee (basada en San Francisco), ha visto incrementar el valor de todos sus activos de 4 mdd a 200 mdd en menos de 10 meses, en su mayor parte por una serie de maniobras de deuda basadas en su entendimiento nato de los cripto-activos.

Para Carlson-Wee, todo empezó en un lago de Minnesota, durante sus vacaciones de verano de la Universidad de Vassar, en 2011, mientras enfrentaba una deuda de 20,000 dólares por préstamos estudiantiles, con sólo 700 dólares en ahorros en el banco. Mientras sus dos hermanos mayores se habían convertido en poetas, Carlson-Wee estaba obsesionado con las matemáticas, los juegos y los mundos imaginarios desde una edad muy temprana. Después de haber leído sobre un mercado clandestino de drogas en Silk Road y cómo operaba con Bitcoins, creó un mundo que corría a través de la critpografía y, finalmente, invirtió casi por completo los 700 dólares en Bitcoin, a precios tan altos como 16 dólares sólo para verlo caer hasta los 2 dólares.

Ether puede ser una idea genial o, al contrario, llevar en el nombre lo que ocurrirá con el “valor” de esta criptomoneda.

Sin temor alguno, Carlson-Wee persuadió a sus profesores de Sociología de aceptar su tesis universitaria acerca del Bitcoin y, posteriormente, se graduó de Vassar como sociólogo. Después de un breve periodo trabajando como leñador en una comuna del estado de Washington, mandó por e-mail su tesis a Coinbase, una cartera y casa de cambio de criptomonedas en 2012, y se convirtió en su primer empleado encargado de manejar el servicio a clientes. Carlson-Wee pidió que su salario de 50,000 dólares fuera pagado en Bitcoins, convirtiéndose en la primera persona del mundo en ganar y gastar exclusivamente en criptomonedas.

El servicio a clientes le dio a Carlson-Wee un asiento de primera fila para ver cómo crecían rápidamente las competencias de la compañía. Eventualmente, ayudó automatizar muchas respuestas rutinarias al servicio de clientes e incluso creó una especie de Bitcoin SAT, la cual utilizaba para evaluar a los solicitantes para los puestos, ocasionalmente contratando a ocho, todos remunerados en Bitcoin. Después fue ascendido a jefe de riesgo, disminuyendo la tasa de fraude de Coinbase en 75% a través de algoritmos de inteligencia artificial.

Para septiembre pasado, ya había renunciado y había lanzado su propio fondo exclusivamente de criptomonedas, Polychain Capital, con 4 millones de dólares recaudados entre inversionistas como Jack Herrick, fundador de Wikihow, y Garry Tan, un ex socio de Y Combinator.

Ya que la mayoría del capital y fondos de riesgo están excluidos de invertir directamente en activos altamente especulativos como las criptodivisas, Carlson-Wee trabajó mejor con fondos como Andreessen Horowitz, Union Square Ventures, Sequoia Capital, Founders Fund y Pantera Capital, ya que sus tres años o poco más en Coinbase le dieron la sabiduría necesaria en este aspecto.

En consecuencia, mientras el movimiento de los criptoactivos adopta una democratización de casi todos y cada uno de los aspectos de los negocios, la vida y la acumulación de riqueza, al igual que las asignaciones de “familia y amigos” de la burbuja del dotcom, la mayor parte de las 13 inversiones de Carlson-Wee a la fecha fueron hechas antes de la OCI, con un descuento significativo.

Sus inversiones incluyen al estándar de la industria emergente Ethereum y el esquema descentralizado de supercomputadoras Golem, al igual que Augur, una moneda de predicción del mercado que Carlson-Wee prefiere sobre Gnosis; 0x, un protocolo de intercambio criptográfico que permite la comercialización descentralizada de critpomonedas; y Tezos, el competidor de Ethereum. “Con Tezos, puedes verificar formalmente contratos y esencialmente demostrar que el contrato cumple lo que debe de cumplir”, dice Carlson- Wee, mirando desde la ventana de un piso 40, usando una camiseta negra con una calavera estampada, pants deportivos y una gorra de beisbol adornada con piedras brillantes.

Carlson está tomando un enfoque de riesgo a largo plazo en lugar de negociar monedas desenfrenadamente, pero en un frenesí de mercado, los conocimientos avanzados y el trato preferencial se traducen en ganancias extraordinarias. Entonces, ¿hacia dónde vamos? Carlson-Wee es uno de los pocos que pueden articular una visión. Él cree que los protocolos de capa base y la infraestructura como el almacenamiento de datos y los servicios de computación y energía serán los primeros en ser construidos. “Podría imaginarme un futuro en el que las computadoras, en lugar de tener su propia memoria interna, su propio ancho de banda, su propia conexión a internet( y tu propia computadora en casa, y los ciclos del CPU y el GPU en tu dispositivo) todo eso podría ser subcontratado en un sistema de pago usando tokens”, dice. “Podrías pagar cada paquete de internet que quieras, cada ciclo que quieras y cada espacio de almacenamiento que requieras en tiempo real, en lugar de pagar todas las cosas que tienen todas las computadoras y que la mayoría no usa.” En otras palabras, el cómputo en la nube se mezcla con la economía compartida y con la Fed.

Tal vez. Pero antes de que eso pase, muchos jugadores saldrán afectados. Técnicamente hablando, por lo menos en Estados Unidos, estas monedas como “acciones” no son valores, siempre y cuando sean parcialmente utilitarias y no dependan de ninguna parte en particular para tener éxito. Es como una especie de vales de transporte o membresías de clubes de golf. Algunos desarrolladores han intentado apartarse del tema sobre si sus tokens son realmente valores a través de basar sus operaciones en lugares con bajos impuestos y regulaciones, como Singapur y Gibraltar, y Zug (en Suiza).

No es de sorprenderse que las operaciones con información privilegiada y los negocios sucios sean evidentes. El creador de una moneda ofertada dijo a Naval Ravikant, ceo y cofundador Metastable Capital: “Si accedes a comprar un token en la OCI y apoyas el precio, entonces, 30 días más tarde, en secreto, te venderemos todos los sobrantes a un precio menor preacordado”, recuerda Ravikant. Eso es considerado delito en Wall Street, pero, ¿en el salvaje oeste de las criptodivisas? “Ése es el pan de cada día”.

La SEC ha declarado que espera que la industria proteja a sus inversionistas, pero es difícil verla regular eficientemente un mundo de divisas funcionales.

“Las estafas son muy sutiles y muy sofisticadas… a menos que estés dispuesto a leer el código fuente”, agrega Naval Ravikant.

Y aun si los reguladores leyeran el código: “Si mi cuenta bancaria [en Estados Unidos] es bloqueada, no puedo simplemente abrir una cuenta bancaria rusa y usar mi tarjeta de crédito para comprar mi café de Starbucks de todas las mañanas”, dice Carlson-Wee.

“Pero, si el proveedor de mi cartera Bitcoin es bloqueado, puedo disparar ese mismo Bitcoin al otro lado del mundo literalmente en un minuto; es como: ‘Está bien; ahora que ese Bitcoin está en Rusia, voy a participar en la venta colectiva del tipo de cambio ruso y guardar esos tokens en una cartera rusa… Así que, en la escala global, tratar de regular estas cosas es imposible”. Lo mismo ocurrirá con cualquier intento que se haga por recaudar impuestos.

Así que, abrochen sus cinturones, porque habrá más turbulencia, más fiascos estilo Mt. Gox y miles de millones en pérdidas para las personas que andan apostando en un área que cuenta con tan poca protección para sus usuarios. Al dinero inteligente, mientras tanto, le irá bien, vulnerable a su propio orgullo. “En estos momentos, todos piensan que las ventas de tokens son una completa locura”, dice Carlson-Wee. “Yo no creo que hayamos visto nada parecido a lo grande que este tema puede llegar a ser”.

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