No está siendo fácil el camino para la transición energética, el pasar de lo convencional (carbón, petróleo y gas) a energías limpias y renovables, pues las primeras aún tiene mucho futuro en el mundo, principalmente en América Latina; ante este escenario se prevé que en la región el proceso de descarbonización sea más lento.

Si a nivel mundial se cumplieran con los compromisos del Acuerdo de París de limitar los aumentos de la temperatura global a 1.5 ºC, alrededor de 80% de las reservas de petróleo y gas se quedarían varadas, con un valor de 900,000 millones de dólares.

En América Latina, el futuro de las actividades petroleras aún es importante como es el caso de México, donde hay todavía muchas reservas que no han sido explotadas por Petróleos Mexicanos (Pemex) o privados, indica Daniel Ocampo, líder de Energía de América Latina de AON.

Sin embargo, la transición energética en el mundo es una realidad y ya está en proceso ante las necesidades de reducir la huella de carbono y la situación crítica que se está viviendo con el calentamiento global.

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En la presentación del estudio de los riesgos asociados a la transición a la energía de fuentes limpias y renovables realizado por AON, el especialista mencionó que un gran influyente a la transición puede ser Estados Unidos con su ambicioso programa de infraestructura.

En la inversión anunciada por el gobierno estadunidense se considera que 80% de los recursos para energía serán para fuentes renovables, indicó Ocampo, quien prevé que este plan puede jalar a otros países a emprender la transición, sobre todo a México por el T-MEC.

América Latina está muy rezagada en cuanto al compromiso de las grandes empresas de petróleo y gas para invertir en energías renovables, sólo Petrobras en Brasil ha realizado algunas; de ahí las que más han destinado capital para estos proyectos, principalmente solares y eólicos, son las europeas Shell, Total, British Petroleum, ENI y Equinor (antes Statoil).

Las petroleras están obligadas a invertir en estas energías, pero no han tenido tiempo de preparar su negocio para adquisiciones tan importantes, toda vez que muchas ingresan a un mercado totalmente nuevo y están acostumbradas a administrar proyectos de alta rentabilidad como la refinación, la exploración, producción, transporte y distribución de hidrocarburos.

Ahora se enfrentan a activos que podrían tardar muchos años en generar un retorno.

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Pero algo que se observa es que los inversionistas están reduciendo su apuesta por el petróleo y gas; “no quiere decir que esto vaya a desaparecer”, indicó Carolina Hincapié, líder regional de Generación de Energía de AON en América Latina.

En el estudio se menciona que ahora hay una clara obligación de “ecologizar” el sistema financiero y este impulso es cada vez más evidente en las preguntas que hacen los inversionistas y los fideicomisarios de planes de pensión en particular, cuando se trata de la composición de su cartera de inversiones.

Asimismo, algunas organizaciones se han comprometido públicamente a realizar una desinversión total del sector de la energía fósil, mientras que otras lo han hecho parcialmente para apoyar una transición energética.

Destaca que, según los datos de 350.org, una organización ambiental, las instituciones se comprometieron en 2020 a desinvertir 11 billones de dólares en combustibles fósiles, muy por encima a lo de 2014, cuando fueron 52,000 millones de dólares.

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