A principios de año, el gobierno de Argentina puso en marcha un nuevo plan económico con el objetivo de colocar la deuda pública en una tendencia a la baja, reducir la inflación y reforzar la independencia del Banco Central.

Como parte de esta estrategia económica, Argentina se acercó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para darle a conocer las medidas que ejecutaría para restaurar la confianza de los mercados financieros y disminuir progresivamente la presión sobre la capacidad del país para pagar sus cuentas. Y de esta forma acceder a acuerdo precautorio por 50,000 millones de dólares (mdd) con la institución.

Sin embargo, vulnerabilidades económicas, como su alto déficit y un impuesto a los bonos argentinos en manos de extranjeros, condujo a un cambio en la actitud del mercado que dio como resultado fuertes presiones sobre el peso, una prima de riesgo soberano más elevada y riesgos de liquidez a corto plazo, explica Roberto Cardarelli, jefe de la misión del FMI en Argentina en el blog de internet del organismo con sede en Washington, Estados Unidos.

Lo anterior dio como resultado que los inversionistas empezaran a vender sus activos en pesos y el Gobierno se vio en dificultades para pagar las cuentas del resto del año, añade.

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No solo Argentina: la crisis alcanza a las potencias emergentes

Esto desencadenó en que el gobierno de Macri solicitará al FMI el adelantó del préstamo, previsto para 2019, y por consecuencia el peso argentino tuviera una depreciación y el banco central subiera las tasas de interés. Además, del malestar social que se vive en las calles de Buenos Aires.

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Tras el anuncio de adelantar el préstamo, el peso argentino se desplomó 13.12% y cerró la jornada en 39.25 por dólar, tras anotar un piso récord intradiario de 42 unidades; con esto, concretó su mayor derrumbe en un día desde diciembre de 2015.

Para frenar la caída, el banco central del país sudamericano sacó a subasta 500 millones de dólares, de los cuales vendió 330 millones con un precio promedio de 38.7102 pesos y un mínimo adjudicado de 37.03 pesos.

“Las consecuencias que hoy está viviendo Argentina son por la economía que recibió el gobierno actual. Por otro lado, el no ser contundente en la política económica provocó una falta de desconfianza en los mercados lo que hizo agudizar la crisis”, considera Leticia Armenta, doctora en Economía por el Tecnológico de Monterrey.

Recorte en expectativas y alta inflación

En abril de 2018, el FMI recortó las expectativas de crecimiento de Argentina. La institución estimaba un Producto Interno Bruto (PIB), sin embargo, recortó su pronóstico a 2%. Además, el organismo previó que la inflación se ubicaría en 15%, no obstante, en su último reporte la colocó en 19.2%.

El recorte a la previsión de crecimiento está ligada a la grave sequía que azotó al país, por lo que tendrá un impacto negativo en la producción agrícola y las exportaciones.

Sobre la inflación, el FMI expuso que ésta continuará descendiendo, pero a un ritmo más pausado que el fijado como meta por el Banco Central, no sólo por las nuevas alzas de las tarifas de los servicios públicos sino también por el repunte de las expectativas inflacionarias tras la elevación de las metas de inflación y la adopción de una política monetaria más laxa a finales de 2017 y comienzos de 2018.

Alto déficit fiscal y moneda devaluada

A principios de mayo, Argentina bajó su meta de déficit fiscal para 2018 al 2.7% del PIB desde el 3.2% previsto anteriormente, en busca de calmar la agitación que sacudió a los mercados financieros en la última semana. El Ministerio de Hacienda señaló que el gobierno ya preveía tener un déficit inferior al 3.2%, pero que oficializó la menor cifra para generar certidumbre.

Una de las recomendaciones que hizo el FMI al gobierno fue una continua reducción del déficit fiscal primario para “lograr anclar las expectativas inflacionarias en el marco de tasas de interés más bajas, a reducir la vulnerabilidad relacionada con las fuertes necesidades brutas de financiamiento fiscal y a encauzar el coeficiente de deuda pública en una trayectoria más sostenible”.

La economista por parte del Tecnológico de Monterrey indica que el déficit fiscal argentino no tiene un financiero suficiente, por lo que el mercado reacciona, ya que Argentina tiene un tipo de cambio semifijo y al no ser una economía con fuertes fundamentales económicos sufre una devaluación de su moneda.

En lo que va de año, el peso se ha depreciado más del 68 % frente al dólar y la tendencia se ha agudizado desde mayo pasado, de acuerdo con datos del Banco Central de Argentina.

Descontento social

Sindicatos y organizaciones sociales se han manifestado en un contexto de creciente descontento social por la crisis económica y el recorte del gasto al que el gobierno argentino propuso para acceder al préstamo de 50,000 mdd del FMI.

Lo que preocupa a las organizaciones es que la pobreza en Argentina aumente debido a que 30% de su población se encuentra en esa situación y con las medidas de Macri esto puede deteriorarse, considera Diego Poggise, profesor adjunto de la Universidad del Sur.

Poggise comenta que la ciudadanía argentina está molesta porque la mayoría de los ministros de Argentina provienen del sector privado. “Un caso que se presentó es el del ministro de Energía, Juan José Aranguren, quien fungió como CEO de Shell.

“Ellos toman decisiones en medida de su experiencia en el sector empresarial, sin embargo, no están dando los resultados necesarios”, añade.

 

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