A pesar de la polémica y oposición generada sobre su construcción, el presidente estadounidense Donald Trump dio la autorización final este viernes para seguir adelante con el proyecto del oleoducto Keystone XL.

“Me complace anunciar la aprobación oficial del permiso presidencial para el oleoducto Keystone XL. (…) Estamos trabajando en los detalles finales mientras conversamos”, dijo el mandatario estadounidense a periodistas presentes en el Salón Oval.

El mandatario dijo que éste “es un gran día” para los empleos estadounidenses, ya que se crearán miles de empleos, y un momento histórico para América del Norte y su independencia energética, ya que el anuncio “es parte de la nueva era de política energética de Estados Unidos”.

Asimismo, dijo que esta acción bajará los precios de los energéticos para las familias estadounidenses y reducirá de “manera significativa” la dependencia sobre petróleo extranjero.

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Junto con el Dakota Access, estos oleoductos fueron planeados hace años, pero ante la fuerte presión de grupos ambientalistas, que hicieron campaña contra el proyecto durante más de siete años, el expresidente Barack Obama los descartó en 2015, lo que incluso generó que TransCanada Corp demandara al gobierno estadounidense en una corte federal.

En ese entonces, el exmandatario dijo que el proyecto no lograría reducir los precios de los combustibles para los automovilistas estadounidenses.

Sin embargo, fueron los grupos ambientalistas los que mostraron la mayor oposición al oleoducto, que une los campos de arenas petrolíferas canadienses con refinerías estadounidenses, debido a los potenciales efectos adversos que tendría sobre el medioambiente.

Lee: Trump reactiva polémicos proyectos Keystone XL y Dakota Access

Otra fuente de preocupación para los ambientalistas es que tanto el oleoducto Keystone Xl como el Dakota Acces, cruzarán varios estados y eso podría afectar hábitats sensibles, como fuentes de agua, ante los riesgos de derrames, además del impacto que generaría sobre el calentamiento global.

Asimismo, sus detractores argumentan que estos proyectos no ayudarían a Estados Unidos a alejarse de la energía fósil y sus efectos contaminantes.

Hace dos meses, el presidente Trump firmó las órdenes ejecutivas que revivieron los polémicos proyectos, reavivando también las protestas contra los oleoductos.

Ante la polémica, incluso en abril del 2014 el Departamento de Estado postergó la decisión sobre el Keystone XL, luego de que agencias gubernamentales en Washington reconocieron no haber tenido el tiempo suficiente para determinar sus beneficios y sus riesgos.

Trump, sin embargo, hizo campaña con la promesa de aprobar la iniciativa, explicando que crearía miles de empleos y ayudaría a la industria petrolera. Poco después de asumir el cargo en enero firmó un decreto para avanzar en el proyecto.

También en abril de ese año, diez ganadores del Premio Nobel de la Paz –entre ellos el expresidente estadounidense Jimmy Carter y la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú– se sumaron a los opositores del proyecto y solicitaron a Obama en una carta abierta no aprobar su construcción.

El oleoducto Keystone XL, cuyo permiso inicial se solicitó en 2008, tiene un costo de alrededor de 53,000 millones de dólares –según las primeras estimaciones de TransCanada– y traería más de 800,000 barriles por día de crudo pesado desde las arenas bituminosas de Alberta en Canadá a Nebraska, conectándose a una red de ductos que alimenta las refinerías de Estados Unidos y los puertos del Golfo de México.

Además, preveía la creación de 9,000 fuentes de empleo en Estados Unidos y un total de 42,000 empleos en la cadena de valor estadounidense, aunque Trump ha dicho que la cifra de trabajos generados sería de 28,000.

Todavía se necesitan las aprobaciones de los reguladores estatales para que avance el oleoducto, que además podría enfrentar oposición en las cortes.

Grupos ambientalistas que se han opuesto al oleoducto dicen que continuarán luchando con demandas, presión políticas y protestas masivas.

 

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