Los call for action marcaron la década iniciando cambios imperativos, como los acontecidos en 2010 en la llamada Primavera Árabe, que abrió la década atrayendo las miradas del mundo al Medio Oriente, cuando se pensaba que la complejidad de la región no podían abrir nuevos frentes de conflicto y confrontación. 

Desde 2010 hasta 2012, el Maghreb Árabe se sacudió entre recurrentes caídas de gobierno, protestas, guerras civiles y cambios de régimen. 

Como parte del reacomodo de fuerzas geopolíticas, inició la guerra en Siria y aunque se originaron en el marco de la Primavera Árabe, las movilizaciones contra su presidente, Bashar al Asad, se convirtieron casi de inmediato en una guerra civil que todavía golpea al país y ha generado la peor crisis humanitaria en la historia de la región. 

En el marco de ese complejo contexto, el fortalecimiento de una de las facciones opuestas al gobierno sirio, Daesh (Estado Islámico), se perfiló rápidamente como autor de los peores ataques terroristas de la década, que acabaron con la vida de miles de personas en atentados que causaron gran conmoción global, cambiando la forma en la que se percibe, previene y combate el terrorismo transnacional. 

Desde 2014, el conflicto entre Ucrania y Rusia se incrementó en el marco de la anexión de la región de Crimea a la Federación Rusa, que ha sido una clara muestra de poder del presidente Vladimir Putin en la región y que ha amenazado la estabilidad geopolítica marcando un cambio en el status quo entre el gobierno ucraniano y los movimientos separatistas pro rusos.

Aún con la resaca de la crisis de 2008, la Unión Europea inició el 2010 entre inestabilidad, incertidumbre y desaceleración. Con un complejo escenario económico los países menos desarrollados de la Unión, se vieron obligados a adoptar medidas de austeridad que prometían rescatar a sus golpeadas economías. Estos paquetes de ayuda financiera acentuaron los sentimientos anti europeos, y la sombra del Brexit comenzó a mermar la estabilidad política, económica y social de la Unión. 

Aún con un panorama incierto, la Unión Europea camina hacia la nueva década con amplios retos que enfrentar.

En definitiva, el surgimiento de gobiernos neo populistas ha marcado radicalmente  la década que se va. El resurgimiento de la izquierda (de una nueva izquierda) responde a la deuda que tiene el neoliberalismo con los grupos marginados (desde Estados Unidos hasta el Cono Sur), que han visto pasar los privilegios de las clases sociales en función de la concentración de la riqueza.

Ante esta realidad, y dado que el neoliberalismo no logró erradicar los procesos inflacionarios ni las devaluaciones recurrentes, la desaparición de la clase media, ni la pérdida del poder adquisitivo, el neopopulismo y los movimientos de la nueva izquierda han logrado impactar en un terreno ideológico, cultural y filosófico que ha rebasado el terreno económico y político que ocupaba el neoliberalismo. 

 

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