Cuatro días después de las elecciones europeas y con el escrutinio casi finalizado, la “tarta” del hemiciclo no se ha terminado de repartir: en torno a 90 eurodiputados aterrizan en Bruselas sin familia política europarlamentaria y podrían trastocar los equilibrios que parecía dejar asegurados la noche electoral.

Algo menos de la mitad de esos eurodiputados electos son de partidos que ya existían en la Eurocámara entre 2019 y 2024 y simplemente no se alinean con ninguna familia política, sea por no encontrar una que encaje con su ideología o por desavenencias previas. 

En esta clasificación están, por ejemplo, los húngaros de Fidesz (10 escaños), los eslovacos de SMER (5) y la ultraderecha alemana de Alternativa por Alemania (15), expulsados respectivamente de los populares, los socialdemócratas y la ultraderecha parlamentaria durante la pasada legislatura.

También está el Movimiento Cinco Estrellas italiano (8), que no ha logrado acceder a ninguno de los grupos de corte progresista, o Junts (1), que fracasó en su intento de entrar en los Verdes/ALE.

Es delicado que estos diputados pueden volver a sus grupos anteriores, pero podrían intentar formar otros nuevos para ganar en influencia, ya que no estar adscrito a ninguno supone no acceder a más dinero, poder y recursos humanos.

De los no inscritos, aproximadamente 25 -Fidesz y AfD- se alinean con tesis de extrema derecha, mientras que SMER pertenecería a la izquierda euroescéptica y populista. El M5S, en principio progresista, gobernó en Italia con la Liga ultraderechista de Matteo Salvini. 

Más heterogéneos e impredecibles son la otra mitad, la colección de eurodiputados cuyos partidos no existían en el Parlamento Europeo en la pasada legislatura y aún tienen que adscribirse formalmente a alguno de ellos. En España, es el caso de la agrupación “Se Acabó la Fiesta”, de Alvise Pérez, pero también de la número uno de la lista de Sumar, Estrella Galán.

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Un análisis de su composición efectuada por periodistas de EFE en toda Europa apunta a que al menos la mitad de estos diputados defienden políticas ultraconservadoras o de extrema derecha, por lo que podrían tratar de entrar en uno de los grupos de esta ideología ya existentes o unirse a uno nuevo, si se crea.

De hecho, en las últimas horas el grupo de los Conservadores y Reformistas (ECR, ultraconservadores) anunció que de esos diputados sin familia ya se les unió un diputado griego, un croata, un finlandés y un letón, y que su expectativa es que le lleguen más en las próximas semanas antes de la reunión constitutiva del grupo el próximo 26 de junio.

¿Qué significa esto para los equilibrios parlamentarios?

Igual que los ultraconservadores, otros grupos echarán la caña en las aguas no alineadas para tratar de pescar nuevos miembros. 

Fuentes del grupo liberal, Renovar Europa, calculan por ejemplo que podrían ganar hasta cinco nuevos miembros, mientras que el PPE ya cuenta con dos diputados polacos asociados al partido de Donald Tusk y con una de las revelaciones de estos comicios, el TISZA húngaro que ha hecho frente a Viktor Orbán y se ha llevado un tercio de los votos en su país.

También en el arco progresista esperan algunos diputados más, como es el caso de Galán o de la Alianza Verde y de Izquierdas por la que se presentó la italiana Ilaria Salis, detenida en Hungría desde inicios de 2023 acusada de haber agredido a varios neonazis en unas manifestaciones.

Sin embargo, los sectores ultraconservador y de extrema derecha del hemiciclo son los que más margen tienen para crecer. ECR, que fue la cuarta fuerza en la noche electoral, sube hasta los 76 escaños y ya le pisa los talones a Renovar Europa, con 79.

El grupo, en el que se enmarcan Vox, el PiS polaco o los Hermanos de Italia, podría colocarse tercero en los próximos días: los diez eurodiputados de Fidesz tocan a su puerta, pero las facciones más moderadas del grupo amenazan con irse si entran los eurodiputados de Orbán.

Ahora mismo, ECR y la ultraderecha de Identidad y Democracia (ID) suman 134 escaños, con el PPE en 189. Juntos, los tres sumarían 323, aún lejos de los 361 necesarios para la mayoría, pero con casi 90 escaños aún pendientes de teñirse de un color político no es descartable que lleguen a ese umbral aritmético y se cree la posibilidad de una mayoría ocasional y alternativa a la mayoría habitual proeuropea (PPE, socialdemócratas y liberales).

Aunque los grupos pueden sumar o expulsar miembros durante toda la legislatura, hay un incentivo a hacerlo pronto: para el reparto de puestos internos en la Eurocámara se sigue la ley d’Hondt y las delegaciones más numerosas partirán con ventaja para hacerse con jugosas presidencias de comisión o vicepresidencias del Parlamento, entre otros cargos. 

Con información de EFE.

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