Mientras el gobierno federal propone la construcción de la nueva terminal aérea en los terrenos del Lago de Texcoco, ex funcionarios y expertos ponen sobre la mesa dos opciones que podrían resultar más viables.

 

 

 

La actual administración federal y las autoridades del gobierno capitalino se preparan para aterrizar la ubicación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México o, en su defecto,  la ampliación del ya existente, como ha asegurado Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT.

La utilización de los terrenos federales en el Lago de Texcoco es una de las opciones que el gobierno ha planteado como opción para la construcción de la nueva terminal aérea, que requerirá una inversión cercana a los 120,000 millones de pesos (mdp). Sin embargo, el monto proyectado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) corre el riesgo de convertirse en dinero tirado a la basura.

Actualmente, la zona federal de Texcoco se considera un vaso regulador de las lluvias en el Valle de México, por lo que es una zona susceptible a inundaciones.

“El plan Lago de Texcoco se mantiene vigente y la zona que protege es la zona federal de dicho lago, que es por definición una zona inundable por ser el área más baja del Valle”, asegura en entrevista José Luis Luege Tamargo, presidente de la organización Ciudad Posible y ex director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

En 1971, se publicó un decreto presidencial que estableció el Plan Lago de Texcoco, programa integral de recuperación ambiental de la zona, que contiene lagunas de inundación para prevención de inundaciones.

Hay que “evitar que el nuevo aeropuerto propicie la conurbación y la carencia de bienes y servicios en el Valle de México. Su cercanía con la zona metropolitana no debe influir otra vez en la decisión final, ya que las aparentes facilidades y la viabilidad que esto ofrece  a corto plazo se revertirían por más falta de agua, contaminación ambiental, inundaciones, invasión de instalaciones aeroportuarias para demandar servicios, (lo que implica) desafíos a la autoridad”, explica Manuel Frías, autor del proyecto ‘México Tercer Milenio’ y ex asesor gubernamental.

 

¿Por qué sí y por qué no?

Lo único cierto es la necesidad de un nuevo aeropuerto. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), con un volumen de más de 29 millones de pasajeros al año y cerca de 400,000 vuelos, es uno de los más transitados de América Latina y requiere de una nueva infraestructura que permita evitar el colapso.

Los análisis por parte de las autoridades continúan, mientras las propuestas para construir el nuevo aeropuerto que complemente al capitalino están sobre la mesa. Conoce los proyectos alternos que plantean expertos y ex funcionarios. Te presentamos sus pros y sus contras.

 

Aeropuerto Texcoco

La apuesta del gobierno se basa en aprovechar los terrenos federales que integran el Plan Lago de Texcoco.

“Los proyectos que conocí sobre la zona federal de Texcoco en las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón responden a la creación de un aeropuerto nuevo de 4 pistas con una enorme dimensión”, dice Luege.

 

 A favor: Es una zona que no requiere la compra de los terrenos, ya que pertenecen al gobierno federal, y que no tendrían la oposición de pobladores de la zona.

Se pidió la opinión de la SCT respecto al tema, pero hasta la publicación de este trabajo no se obtuvo respuesta por parte de la dependencia.

En contra: Es una zona susceptible por su origen lacustre a inundaciones, grietas y fisuras en diferentes dimensiones, así como desecación y agrietamiento del subsuelo, de acuerdo con Manuel Frías.

Asimismo, encontrará la oposición de organizaciones como Ciudad Posible de Luege Tamargo, que busca promover proyectos sustentables para la región del Valle de México y las mejoras en los servicios públicos de la capital del país.

 

Aeropuerto de Tizayuca-Hidalgo

La construcción de un aeropuerto de Tizayuca, en Hidalgo, es un de las opciones que se han barajado en los últimos años para construir la terminal aérea por su cercanía con la capital del país.

La región de Tizayuca se ubica a 60 kilómetros del actual aeropuerto, con la posibilidad de desarrollar proyectos de interconexión con trenes rápidos.

“Una serie de geólogos, hidrólogos y urbanistas que participan en Ciudad Posible ven con toda claridad que este proyecto es viable, así como mucho más recomendable como un nuevo polo de desarrollo humano que esté interconectado con sistemas rápidos de transporte, como son los trenes rápidos dedicados al aeropuerto”, asegura José Luis Luege.

A favor: Permitiría desarrollar a la región de Hidalgo y descendería la presión sobre la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

Además, este proyecto permitiría la continuidad de las operaciones del AICM y de la base aérea militar de Santa Lucía que, de acuerdo con los especialistas de Ciudad Posible, no podrían seguir funcionando si el nuevo aeropuerto se construye en los terrenos de Texcoco.

En contra: La inversión tendría que ser mayor a la que se destinaría al proyecto de Texcoco. Esta opción implica también la compra de terrenos, así como la construcción de un tren del DF a Hidalgo.

 

Toluca, ¿propuesta olvidada?

“Toluca es una opción absolutamente viable reconocida por la SCT para construir una nueva terminal aérea”, asegura Luege Tamargo.

Sin embargo, el ex funcionario federal asegura que la opción de Toluca requiere de la construcción de nueva infraestructura aeroportuaria, más allá del aeropuerto ya existente en la capital del Estado de México.

A favor: Esta opción podría ir de la mano de la futura puesta en marcha de un tren interurbano de pasajeros de Toluca al Valle de México, proyecto que es impulsado por la SCT y el gobierno del Estado de México, que encabeza el priista Eruviel Ávila.

En contra: El proyecto requiere de una mayor inversión en la construcción por la compra de los terrenos destinados a la obra.

Además, de acuerdo con el estudio ‘Lineamientos para una movilidad urbana sustentable’, del IDT, la Embajada Británica y el Centro EURE, Toluca enfrenta un riesgo de movilidad, pues la conexión entre desarrollos de vivienda y centros de trabajo implica una alta densidad de tráfico vehicular, lo que dificultaría el acceso en el mediano y largo plazo para quienes viajen desde la zona centro de la Ciudad de México.

Luege Tamargo asegura que  es importante que la nueva obra sea funcional y no agregue nubarrones a un proyecto que se ha pospuesto durante los últimos dos sexenios: “La necesidad de un nuevo aeropuerto es evidente, pero no hay que olvidar los costos y beneficios que en el largo plazo traerá consigo esta obra”.

 

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