El 12 de diciem­bre de 2015, los 195 países asistentes a la COP21 de parís celebraban haber llegado a un acuerdo en el que se comprometie­ron a disminuir sus emisiones de CO2. El hecho fue anunciado como un momento histórico, ya que nunca antes se había logrado tener un pacto de esa magnitud en materia medioambiental.

El objetivo del convenio estaba encaminado a evitar un incremento de la temperatura del planeta superior a los dos grados Celsius para el año 2030. El acuerdo era lograr que ésta se incrementara únicamente 1.5 grados C. Sin embargo, la naturaleza, pero principalmente la actividad humana y atmosférica, dispusieron otra cosa.

El compromiso de los 195 países firmantes del pacto era reducir en conjunto las emisiones de CO2 en 55%; pero durante los primeros ocho meses de este año se superaron las 400 partes por millón de concentra­ción de dióxido de carbono, lo que derivó en un incremento de la tem­peratura del planeta en los primeros ocho meses del año, en 1.1 grados Celsius con respecto del cierre de 2015, esto de acuerdo con cifras de la Administración Oceánica y Atmos­férica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés).

Mucho antes de lo esperado, se alcanzó el nivel de calentamiento planetario previsto para 2030. En este marco, Forbes México elaboró, por tercer año, el informe de “Fir­mas con Responsabilidad Ambien­tal”, en el que las 40 empresas que aparecen en el listado reportaron haber emitido 14.4 millones de toneladas de CO2 de manera conjunta, lo cual significa 15% más que en 2014.

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Este listado es encabezado por la empresa Bio Pappel, empresa que en 2013 autorizó una inversión de 1,000 millones de dólares en nuevas plantas industriales para fabricar empaques sustentables con tecnología verde; seguida de las empresas de alimentos Nestlé y Grupo Herdez, la automotriz Nissan Mexicana, y en la quinta posición la mexicana Grupo Bimbo.

El top 10 lo complementan Coca-Cola Femsa en la sexta posición y Grupo Lala en el séptimo lugar, mientras que Avon Cosmetics Manufacturing y Continental Automotive se ubican en los puestos ocho y nueve, respectivamente. La embotelladora Arca Continental ocupa el décimo escalón en esta lista de las 40 empresas con responsabilidad ambiental.

Para conocer el listado completo da clic en la siguiente imagen:

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El desafío en México

Uno de los grandes objetivos de la COP21, y que reclamaban las organiza­ciones no gubernamen­tales internacionales, era hacer vinculantes todos los acuerdos que se firmaran, es decir, que tuvieran carácter jurídico y que se estable­cieran sanciones contra quienes incumplieran los compromisos adquiridos.

Eso no sucedió y, en todo caso, lo que más se consiguió fue hacer vinculante la ayuda financiera de los países ricos a los países menos desa­rrollados, para que los segundos co­miencen a implementar tecnologías amigables con el medio ambiente para la generación de electricidad.

En México la situación no es di­ferente. Al día de hoy, poco se sabe de los volúmenes de emisiones que generan las empresas de manera individual. Por ejemplo, el Institu­to Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), en su reporte más reciente que data de 2013, separa la me­dición de generación de CO2 de la industria del cemento y de minería, del resto de las actividades industriales y comerciales del país, a las que agrupa bajo el mismo concepto de “industria”.

El asunto no es menor, pues en la reunión de París, uno de los compromisos, aparte de la reducción de CO2, fue que, al comprome­terse a disminuir sus emisiones, los países debían comenzar a generar también reportes para tener pará­metros claros de sus esfuerzos de mitigación.

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Desde 2014, en nuestro país entró en vigor el reglamento de la Ley General de Cambio Climático en materia del Registro Nacional de Emisiones (Rene), en el que se hace obligatorio el reporte de emisiones contaminantes de todos los actores económicos del país, señala Soffia Alarcón, directora de la consultoría Carbon Trust México.

La iniciativa es buena; sin embar­go, el Rene presenta algunos matices que vale la pena resaltar. En primera instancia, la obligatoriedad está dirigida sólo a aquellas empresas que superen las 25,000 toneladas de emisiones anuales de CO2 y que consideren que están preparadas para realizar el diagnóstico.

En segundo término, las em­presas que realicen su reporte sólo están obligadas a presentarlo cada tres años; es decir, que las varia­ciones en los años intermedios se estimarán con base en el consumo energético de las empresas y no en las emisiones directas que generan con su actividad económica.

El umbral de emisiones de CO2 que deben reportar las empresas, especificado en el Rene, es dema­siado alto cuando se compara con la norma de verificación vehicular vigente para la zona metropolitana de la Ciudad de México, que redujo el nivel de emisiones y concen­tración de GEI para decretar las contingencias ambientales, indica Arturo Álvarez, presidente de la Comisión de Medio Ambiente y Re­cursos Naturales del Partido Verde Ecologista de México en la Cámara de Diputados.

Una disyuntiva más es que las empresas que tengan más de una planta pero que cada una de ellas no genere las 25,000 toneladas de CO2 especificadas en el Rene, no realizarán su reporte, aunque como grupo rebasen la meta. Ese es un hueco que tiene el reglamento, menciona Leticia Espinosa, direc­tora del Programa Neutralízate, de Pronatura México.

La obligación de reducir las emisiones de CO2 por parte de las empresas no existe en México, pero debería, pues hacia allá va el mundo, vía un impuesto al carbono o precio al carbono y comercio de emisiones, enfatiza Alarcón.

En ese sentido, Leticia Espino­sa señala que en nuestro país no existen incentivos para la compra y venta de bonos de carbono, pues no hay estímulos fiscales para aprove­char estos instrumentos que ayudan a minimizar el impacto de las com­pañías sobre el medio ambiente.

De hecho, agrega Espinosa, en el caso del impuesto a las gasolinas, la normatividad ya está superada y la manera en que operará el comercio de carbono en México, bajo los com­promisos adquiridos en París, no se ha definido.

Otro compromiso adoptado por los países en la COP21 fue generar esos mercados de emisiones de carbono con el objetivo de dirigirlos específicamente a las industrias más contaminantes y, bajo esos esque­mas, a que las empresas compren permisos de emisiones.

En esencia, lo anterior está enca­minado a incentivar a las compañías a innovar e invertir en tecnologías limpias para modificar sus actuales procesos de producción.

No obstante, Arturo Álvarez señala que México debe trabajar a marchas forzadas para llegar a la meta de reducción de 22% de emisiones a que se comprometió en París, pues el país no cuenta con la capacidad para monitorear las emisiones de todos los actores de la sociedad y para establecer los parámetros de obligatoriedad para generar el reporte de emisiones.

Y aunque un grupo de empresas ya reportó al Rene, los resultados no son del dominio público. Pero, ¿por qué es importante conocer el reporte de emisiones? Simple: México está dentro del Top 10 de los países con mayores emisiones de CO2 en el mundo.

Si bien sus emisiones son diez ve­ces menores comparadas con las de los tres principales actores (que son China, Estados Unidos y la Unión Europea), el país está identificado ya como uno de los principales emiso­res de CO2 del planeta.

Por si fuera poco, para 2017, el presupuesto federal destinado al me­dio ambiente se habrá reducido 39% con respecto al ejercido este año.

 

Resultados medibles

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales otorga el certifi­cado de “industria limpia” que, entre otras cosas, mide el volumen de emisiones de CO2 de las empresas. Sin embargo, dicha testificación no es obligatoria y se realiza cada dos o tres años, en caso de que la firma lo considere necesario. Aunado a ello, la dependencia no hace públi­cos los resultados de emisiones por empresa; sólo publica un listado de quienes realizan el ejercicio.

La práctica para medición de emisiones de gases de efecto inver­nadero se realiza únicamente en función del consumo eléctrico de las empresas, señala Alarcón. Por su­puesto, la medida es limitada, dado que no se reportan ni se miden los consumos de otro tipo de energéti­cos, como el carbón bituminoso, el coque de petróleo, el diésel y el gas LP o natural, entre otros.

En el caso de las certificación ISO14000, las empresas deben cum­plir una serie de requisitos jurídicos y medioambientales para poder obtener el sello, señala Carlos Pérez, certificador de la consultoría BSI, la cual, por cierto es una de las pocas empresas que dan asesoría en Méxi­co para obtener este certificado.

La etiqueta ISO14000 muestra, con datos, que las empresas cum­plen con los reglamentos legales vigentes en México en materia ambiental; sin embargo, las metas de mitigación las fijan las empresas, apegándose a los requerimientos de la operación de la compañía y de acuerdo con sus capacidades financieras y materiales.

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En otras palabras, menciona Carlos Pérez, son las empresas las que señalan qué aspecto del impacto ambiental quieren dismi­nuir. Así, las firmas que deman­dan grandes cantidades de agua y desean mejorar sus procesos de consumo del líquido, se apegan a los requerimientos legales en la materia. Lo mismo ocurre con quie­nes desean mejorar procesos en desechos sólidos, que se concentran específicamente en ese rubro para la obtención de la certificación.

Sin embargo, a decir de Arturo Álvarez, las empresas certificado­ras en México no están reguladas y es relevante hacerlo, para que los estándares sobre los que se certifica sean acordes con los aspectos legales y normativos del país, así como con los costos que implican para las empresas. Al respecto, Carlos Pérez menciona que ninguna empresa que incumpla algo de la normatividad aplicable recibirá la certificación.

El problema es que sólo las gran­des empresas están en condiciones de obtener la certificación ISO14000, ya que el costo para obtenerlo no es accesible para las medianas y pequeñas empresas, pues no sólo deben cumplir con los requisitos legales, sino que también deben implementar tecnologías limpias y reconfigurar procesos para mitigar sus emisiones e impacto ambiental.

 

¿Quién certifica?

Todo mundo presume de neutralizar millones de toneladas y provocar menores emisiones de CO2, pero, ¿qué instancia mide eso y cómo se verifica que ello esté sucediendo realmente? ¿Cómo evitar que un programa de neutralización en un rubro específico no quede obsoleto con otro proceso de la compañía y se compense así lo que se había ganado con el programa de neutralización?

A nivel mundial, no existe un organismo que verifique los volú­menes de emisiones de CO2, ni de los países, ni de las empresas; para ello, refiere Arturo Álvarez, debe existir un organismo supranacional que establezca los parámetros de medición de emisiones y verifique que se cumplan los estándares establecidos.

Los acuerdos de París deben servir como base para desarrollar metodologías de medición acordes con las actividades de los países y las empresas, que den paso a la creación de un órgano que dictamine los parámetros a medir.

Sin embargo, al no ser vinculan­tes los compromisos adquiridos por los países, generar un método de control de reporte de mediciones no es tarea fácil. Los acuerdos de la COP21, menciona Soffia Alarcón, se llevarán a cabo de acuerdo con las capacidades y los recursos de cada uno de los firmantes; eso es parte del convenio, enfatiza.

Para Carlos Pérez es impor­tante mantener una actualización constante de los lineamientos y parámetros que se verifican para otorgar los certificados ISO14000, ya que las actividades de las empre­sas están cambiando y adaptándose constantemente a los requerimien­tos de programas de sustentabilidad de dichas compañías.

El listado de Forbes México in­cluye empresas que están alineadas con el compromiso de preservación del medio ambiente y con objetivos muy claros para mitigar sus emisio­nes de CO2. De hecho, algunas de ellas están más allá de sólo imple­mentar programas de generación de electricidad con tecnologías limpias y ya han comenzado a hacer cambios significativos en sus pro­cesos de producción para limitar su impacto ambiental.

En el marco del evento organiza­do por Citibanamex sobre la Alianza Mexicana de Biodiversidad y Nego­cios, el doctor José Sarukhán señaló que, si continuamos sosteniendo el pensamiento económico de que debemos seguir creciendo a costa de lo que sea, será muy difícil revertir el daño ecológico que sufre el planeta.

El consumo desmedido e irres­ponsable, abundó el ex rector de la UNAM, es uno de los principales factores que están dañando los eco­sistemas. “Como seres vivos, somos parte de la biodiversidad, formamos parte de la naturaleza, estamos hechos de naturaleza, pero hemos iniciado tarde nuestro proceso de concientización para preservar el medio ambiente”, sentenció.

 

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